Messi: radiografía de un crack

Ahora mismo hay pocos jugadores tan desequilibrantes en el mundo como Leo Messi. A estas alturas del campeonato los pesos pesados del continente aún están engrasando su maquinaria física y puliendo sus virtudes técnicas y, salvo algunas excepciones como Cesc en el Arsenal o Zlatan Ibrahimovic en el Inter, la mayoría han ofrecido muestras de su clase en cuentagotas.

Hace unos días prometí un post específico sobre Leo Messi y aquí está la respuesta, tratando de analizar cómo un chico de 1,69 metros, 65 kilos y 20 años puede hacer lo que está haciando actualmente el ’19’ azulgrana. Para mi, la clave de su buen juego son cuatro factores que desmenuzaré a continuación: carácter, inmunidad absoluta a la presión. técnica y velocidad.

El carácter de Leo Messi

No debe ser fácil para un niño de 11 años que te detecten una anomalía en el crecimiento y uno de los mejores clubes de tu país, River Plate, te rechace en una prueba por ser demasiado pequeño y porque tu tratamiento costaba 900 dólares mensuales durante tres años. Me puedo imaginar la infancia de Messi y la fuerza también de sus padres, que fueron capaces de cambiar su país natal por Catalunya para darle al pequeño Leo el tratamiento y para que pudiera desarrollar ese caudal de fútbol que llevaba dentro.

En un deporte en que cada vez prima más el músculo, la fuerza y la altura, es casi un milagro que aparezca alguien como Messi, que se mide de tú a tú con estos gigantes e incluso a veces los ridiculiza. Porque Messi no se arruga, es valiente, va una y otra vez, disputa balones de cabeza que tiene perdidos de antemano y cuando le pegan, se vuelve a levantar. Le pegan, le pegan y le vuelven a pegar y él se levanta una y otra vez sin inmutarse. Para el defensa ni siquiera queda la opción de sacarle de quicio, porque nunca lo he visto protestar, quejarse o encararse con nadie. Curiosamente, muchas veces acaba siendo su marcador quién pierde los nervios, como le pasó a Asier del Horno en el famoso partido del ‘teatro’ de Mourinho ante el Chelsea en la Champions 2005-06.  

Inmunidad absoluta a la presión

Esta característica va ligada lógicamente al carácter, pero he querido destacarla porque en el caso de Messi es superlativa. Siempre he pensado que muchas veces lo que diferencia a un jugador profesional del resto es que soporta mejor la presión y que afronta como normales situaciones en la que a la mayoría de los mortales nos temblarían las piernas o nos quedaríamos bloqueados.

Leo Messi ha ido quemando etapas de su carrera profesional con una velocidad y naturalidad impactantes. Desde pequeño ya jugó siempre con jugadores mayores que él y ya se  vio que era tan bueno que su paso por los equipos intermedios como el desparecido Barcelona C o el B fue efímera. Hay una anécdota poco conocida de Messi en los escasos partidos que jugó en el Barça C en Tercera División que recuerdo a la perfección. Los azulgrana perdían por 2-0 ante la Gramenet B y en los últimos minutos el técnico sacó a Leo Messi. El Barcelona ganó por 2-3 con un ‘hat trick’ de un niño de 17 años. Por aquél entonces, Leo ya había debutado en el primer equipo en un amistoso contra el Porto (16 años) y sus hitos se fueron acumulando velozmente: debutó en partido oficial con el primer equipo el 16 de octubre del 2004, con 17 años; marcó su primer gol en partido oficial ante el Albacete con 17 años 10 meses y 7 días, fue Balón y Bota de Oro en el Mundial Sub-20 que ganó Argentina en el verano del Gamper ante la Juventus. Su partidazo fue tal, que acabó sacando de quicio a todo un Patrick Vieira y arrancando los elogios de un técnico defensivo como Fabio Capello. Con Argentina, debutó en un Mundial con apenas 18 años recién cumplidos y en su primer partido(6-0 a Serbia) ya marcó, convirtiéndose en el sexto jugador más jóven en marcar en un Mundial.

En los dos años restantes Messi ha ido cobrando un protagonismo cada vez mayor en el primer equipo azulgrana y sólo las lesiones, de las que hablaremos más adelante, han frenado esta brutal progresión. La situación actual es que, con Eto’o lesionado, Ronaldinho fuera de forma y Henry empezando desde cero, el ’19’ ha cargado con el equipo a las espaldas y se ha convertido en su líder. Aunque puede que sea algo momentáneo, la situación es nuevamente sorprendente si tenemos en cuenta que tiene sólo 20 años y que está jugando junto a algunos de los mejores y más influyentes del mundo.

Hubo un detalle en el partido ante el Sevilla que define a la perfección el carácter de Leo Messi. El argentino ya había abierto el marcador y se produjo un penalti que se disponía a lanzar Deco. Lo fácil para Messi era dejar que lo tirara el luso, por la importancia del partido, por veteranía y porque él ya se había ganado al Camp Nou, pero pidió el balón y lo transformó con una facilidad pasmosa.

La técnica de Leo

Leo Messi es un jugador extremadamente técnico. No tiene la variedad de regates de extremos como Cristiano Ronaldo o Ronaldinho, pero por contra es el jugador del mundo que mejor conduce la pelota, con permiso de Kaká (más técnico, pero menos rápido). La peculiares características físicas del de Rosario hacen que tenga un centro de gravedad corporal más bajo y una musculatura más corta que, por lo tanto, le permite ejecutar los movimientos con mayor velocidad. Si os fijáis cuando juega, el extremo incluso muchas veces agacha la cabeza, se encorva, con lo que baja aún más ese centro de gravedad.

He dicho que Messi no tiene tanta variedad de regates, pero es extremadamente hábil en el uno contra uno y tiene tres virtudes especiales: puede salir por los dos lados, es tremendamente vertical y cuando regatea lo hace en velocidad, no en parado, con lo que es casi imposible que el defensa le recupere luego en carrera.

Intentar parar a Leo Messi cuando encara es como tratar atrapar un pez con las manos: lo ves venir, pero luego se te escurre. Ante defensas altos y fuertes, como los del Zaragoza, el argentino es simplemente letal. Yo he llegado a la conclusión que la mejor manera de frenarlo es con laterales bajos y muy rápidos tipo Ashley Cole (Chelsea), uno de los pocos a los que he visto ganarle claramente la partida… y en el Nou Camp.

A todo esto se le añade que Leo tiene gol. Su disparo no es espectacular, pero sabe perfilarse perfectamente y es muy listo para colocar el balón, como el primer gol que le marcó al Zaragoza desde la frontal. Haciendo gala de esa frialdad de la que hablábamos antes, Messi sabe definir perfectamente ante el portero y de hecho ha marcado goles de todo tipo: con vaselinas, regateando al portero, de pillo, con disparos desde la frontal…

  

La explosividad de Leo

Nuestros músculos tienen dos tipos de fibras: las denominadas lentas (o tipo I) y las rápidas (o tipo IIa, IIb y IIc). Cada músculo y cada persona es diferente, como lo demuestra que un velocista puede llegar a tener hasta un 80% de estas fibras rápidas, mientras que en un maratoniano están entre el 1% y el 7%. Leo posee de manera natural esta gran cantidad de fibras rápidas, algo que, unido a su baja estatura y a su peculiar formación corporal debido a la hormona de crecimiento que tomó, hace que sea terriblemente rápido y explosivo. Para explicarlo de manera simplificada, los músculos de Messi están casi siempre tensionados y están formados por una gran cantidad de fibras rápidas.

 

Estas fibras se caracterizan por aportar un alto grado de explosividad, pero a su vez provocan un gran gasto de energía y exigen una mayor recuperación. Hago este apunte porque hay un dato muy curioso del juego de Leo Messi en el que me he fijado y en el que poca gente ha reparado: el argentino tiene un inicio de partido espctacular y luego, hacia el minuto 60 pierde chispa y frescura fruto de este cansancio. En sus primeros meses en el primer equipo, cuando jugaba de titular Fran Rijkaard solía cambiarlo entre el minuto 60 y 70 por Giuly cuando parecía que ya estaba exhausto, pero hay otro dato curioso demostrado con datos: Messi vuelve a ‘activarse’ en los últimos 10 minutos. El año pasado, el extremo marcó 11 goles en la Liga, ocho de los cuales entre el minuto 1 y el 60 (y la mayoría al final del primer tiempo), ninguno entre el 60 y el 80 y tres más a partir del 80, incluído el 3-3 al Madrid en el Nou Camp.  Resumiendo y simplificando: el juego de Messi es demoledor al inicio, cuando los rivales están fríos y él sale como un tiro (dos goles al Zaragoza en 15 minutos) y al final del primer tiempo, cuando sus oponentes ya están cansados. En la segunda mitad ‘recupera’ durante unos 30 minutos, en los que no encara ni conduce y suelta el balón rápido, y vuelve a despertar en los últimos 10 minutos. Mirad los datos de esta temporada y, salvo el 1-0 ante el Sevilla, veréis que los patrones se repiten.  

Ojo con las lesiones

Cuando el año pasado Leo Messi se rompió un metarsiano del pie tras una entrada no especialmente dura de Alberto Zapater dijo con naturalidad que se trataba de una fractura por estrés y que ya sabía que podía pasar. Las fracturas por estrés se producen en un hueso de resistencia elástica normal como resultado de una excesiva actividad muscular realizada de manera repetitiva (fracturas por fatiga), frecuente en deportistas, con localizaciones en metatarsianos y son relativamente normales sobre un hueso debilitado (fracturas por insuficiencia). 

Recordemos que Leo Messi ‘alteró’ por así decirlo de manera artificial su composición ósea al tomar la hormona del crecimiento y, por lo tanto, está más expuesto que el resto de jugadores a este tipo de contratiempos. Si a esto se le suma su estilo de juego incisivo y que muchas veces la única manera de pararlo es a golpes, el riesgo de multiplica. Yo el único pero que le pongo a su juego es que Leo, cuando está cansado, a veces tiende a bajar al centro del campo y a arrancar desde allí, siendo un blanco fácil para entradas desde atrás. Creo que debería protegerse más y no abusar de este tipo de acciones.

Por otro lado, la peculiar formación de su musculatura, con gran cantidad de fibras rápidas, exige que su recuperación sea perfecta y, en algunas fases, un descanso, puesto que su ‘cansancio’ es mucho mayor que el del resto de los jugadores. Si no se hace así, es muy probable que el jugador tenga problemas musculares (roturas fibrilares, contracturas…).

El futuro es suyo

He escuchado muchas veces que Leo Messi merece el Balón de Oro del 2007. Yo creo sinceramente que no y no tengo dudas que este año va a ser para Kaká, máximo goleador de una Champions que su Milan ganó junto a la Supercopa. La segunda posición está entre Leo y Cristiano Ronaldo, que también hizo una gran campaña el año pasado. Sin embargo, me apostaría mucho dinero a que Messi ganará dentro de poco un Balón de Oro. En su caso me pasa como con Cesc: que no sabes dónde está su techo. Lo importante, sin embargo, es que siga manteniendo todas estas características que hemos enumerado y, sobretodo, siga siendo él y trabajando con humildad. El juego de Messi es diferente porque parece como si estuviera siempre en el patio del colegio, cogiendo el balón y encarando una y otra vez, pasando de sistemas y órdenes tácticas y colándose una y otra vez entre las piernas de sus compañeros mayores.    

Va de retro (III): Camisetas míticas de Italia

En el Va de retro de hoy no hablaré de un jugador, sino de las camisetas antiguas de la Liga italiana que marcaron mi infancia. Son las más significativas y seguro que hay muchas a destacar, pero estas son las que más recuerdo. Preparaos para entrar en el túnel del tiempo:

Equipo: AC Milan

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Época: De 1988 a 1992

Jugadores emblemáticos: Marco Van Basten, Ruud Gullit, Frank Rijkaard, Franco Baresi, Roberto Donadoni o Paolo Maldini

La curiosidad: Mediolanum también era el nombre del primer equipo contra el que jugó el AC Milan en su historia, el 11 de marzo del 1900.

 

Esta camiseta me recuerda al Milan imparable de Arrigo Sacchi, uno de los mejores equipos de club de la historia, o por lo menos que he visto en mi vida. Es el equipo que dominó por completo el continente europeo entre 1989 y 1990, en los que ganó la Copa de Europa, la Supercopa Europea y la Intercontinental. Es el Milan también de los 5-0 al Real Madrid y de la espectacular final de la Copa de Europa en el Nou Camp, en el que goleó al otro gran fantasma ‘culé’ de los años 80: el Steaua de Bucarest.

Equipo: Juventus de Turín

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Época: De 1981 a 1989

Jugadores emblemáticos: Zbigniew Boniek, Antonio Cabrini, Michael Laudrup, Michel Platini, Paolo Rossi, Gaetano Scirea y Stéfano Tacconi.

La curiosidad: Aristón de Chios fue el padre del filósofo Platón. La patrocinadora de la Juve era una marca de electrodomésticos italianos.

 

Otra zamarra mítica del Calcio italiano, por lo longevo de su patrocinio (ocho años) y por coincidir con la Juventus de Giovanni Trapattoni, que ganó tres Ligas italianas. Su momento álgido en Europa llegó a mediados de los 80, con la victoria en la Recopa y la Supercopa de 1984 y la conquista de la fatídica Copa de Europa de Heysel en 1985, año en que también ganó la Intercontinental. En mi retina siempre quedará grabado el gol de Julio Alberto en el Nou Camp en 1986 ante esa todopoderosa Juve o el de Archibald con la oreja ante el gigante Taccon. Pero, por encima de todas ellas, está la elegante estampa del mejor Michel Platini con el 10 a la espalda.

Equipo:Società Sportiva Calcio Napoli

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Época: De 1984 a 1988 (hasta 1991 con Mars)

Jugadores emblemáticos: Alemao, Careca, Diego Armando Maradona, Ferrara, Di Napoli, Carnevale o Giordano.

La curiosidad: Buitoni es marca de pasta. Aún hoy hay un gran mercado de venta de camisetas del Nápoles con el 10 a la espalda por internet, especialmente entre hinchas argentinos.

 

Casi todos conocéis la historia del Napoli, un club de segunda fila en Italia que en 1984 fichó a Maradona del Barça y logró enloquecer a toda una ciudad. Esta es la camiseta de aquel equipo que tuvo a la mejor versión de Maradona, la del año 1986, y que fue capaz de ganar las dos primeras Ligas de su historia con Ottavio Bianchi en el banquillo, una Coppa, una UEFA y una Supercopa. Lo hizo, cierto, con la sombra omnipresente de la ‘mafia’ italiana, pero también con el empuje y la ilusión de toda un región, como lo demuestra el hecho que en 1990 el Nápoles cosechó 16 victorias y un empate en su estadio. Los azules, además, tuvieron el gran mérito de arrebatarle una Liga al mejor AC Milan de la historia.

Equipo: Unione Calcio Sampdoria

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Época: De 1990 a 1994

Jugadores emblemáticos: Gianluca Pagliuca, Toninho Cerezo, Gianluca Vialli, Roberto Mancini, Marco Lanna, Pietro Vierchowood.

La curiosidad: La Sampdoria es el fruto de la unión en 1946 de la Ginnastica Sampierdarenese y la Andrea Doria (Samp-Doria), con el objetivo de plantar cara al Genoa, un club considerado ‘poco italiano’.

La Sampdoria no es un ‘grande’ de Italia a la altura de los otros tres que hemos visto, pero esta camiseta no podía faltar aquí porque me retrotrae a aquél mágico 1992, cuando el Barcelona ganó la primera Copa de Europa. Entonces yo tenía 16 años y aún ahora puedo recitar la alineación de la ‘Samp’ en Wembley, en la que destacaban sus dos puntas (Vialli y Mancini), el peculiar extremo Attilio Lombardo, un porterazo de la más alta escuela italiana (Pagliuca) y los defensas Vierchowood y Lanna. La ‘Samp’ ganó su primer y único scudetto en 1991 y estuvo a punto de alzarse con la Copa de Europa en 1992. Su época dorada duró hasta el 1994, cuando ganó la Coppa, su último gran título.

 

Hasta aquí este artículo en el que no trato de reflejar las mejores ni las más bonitas camisetas de Italia de las últimas décadas, sino las que, por un motivo u otro, son significativas para mi. Y vosotros? Seguro que tenéis alguna camiseta guardada con especial cariño en el fondo de vuestro armario…

 


 

 

Los triángulos se comieron al rombo

Hace unos días decía en un post anterior que no veía un partido total del Barça, uno de aquellos en los que salías del campo diciendo ‘vaya recital’ y sin saber a quién destacar, desde el 26 de noviembre del 2006, cuando los azulgrana golearon al Villarreal por 4-0. Pues bien, ayer, exactamente 10 meses después, volví a vivir uno de esos partidos.

Tenía ganas de ver al Zaragoza porque es un equipo que juega bien al fútbol, con un entrenador atrevido y una delantera idónea para poner a prueba la renovada seguridad defensiva del FC Barcelona. Me gusta mucho Víctor Fernández y es bueno para el fútbol que haya entrenadores de su estilo, pero ayer se equivocó de todas todas. No se puede venir al Nou Camp con un 4-4-2 con rombo en el centro del campo a menos que tengas un equipo muy rodado, sólido en defensa y jugadores con mucho recorrido y capacidad de desborde por las bandas, y ayer el Zaragoza demostró carecer de toda ellas. El resultado fue un arranque de partido espectacular, en el que el Barcelona encontró muchos espacios en la media y lo aprovechó para colarse por el medio, por la derecha, por la izquierda… por donde quiso. En esta salida fulminante el solista volvió a ser Leo Messi, del que no me voy a extender mucho porque ya le va tocando un post para él solito, pero la lectura clara es que el argentino es un jugador excelente, en fase de constante crecimiento y en un estado actual de gracia.

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El argentino abrió el marcador muy pronto y encarriló un partido que parecía cómodo, pero el Barcelona volvió a caer en vicios del pasado y por unos momentos pensó que ya estaba todo hecho. Ese es el único pero que le pongo al equipo de Frank Rijkaard, que ayer hizo un partido de 9,5. Los azulgrana se durmieron durante cinco minutos, los suficientes para que Diego Milito mandara un balón al palo en su primera (y última) llegada al área y Zapater empatara con un soberbio y bello gol en el que su equipo aprovechó perfectamente una pérdida de balón de Xavi.

Pero el Barcelona captó el mensaje al instante y apenas dejó espacio para las dudas. Messi volvió a poner al equipo por delante en uno de los mejores cuartos de hora que se han visto en el Nou Camp en los últimos años y ahí empezó el recital. Los de Frank Rijkaard empezaron a mover el balón como en ellos es habitual, pero, al contrario de lo que criticaba en el tiki-nada, lo hicieron con un sentido casi siempre vertical y buscando constantemente el área. Lo de ayer fue un ejemplo de como sí se debe jugar, cambiando el balón rápido de lado y luego buscando rápidamente el uno contra uno, en el que Messi e Iniesta estuvieron excelsos y demoledores.

Dos triángulos: uno defensivo y uno ofensivo

El recital de juego azulgrana se cimentó en dos triángulos: uno defensivo y otro ofensivo. El defensivo tuvo como vértice a Yaya Touré, que se comió literalmente a Aimar en la media punta y aún tuvo fuerzas para dejar en evidencia a quienes querían fichar a Luccin para el Barça. Anulados los surtidores de balones, de poco te sirve tener arriba a dos delanteros de tanta calidad como Oliveira o Diego Milito. Los otros dos puntos de este triángulo defensivo volvieron a ser Milito y Abidal, que hicieron un partido impecable, sin fallos, sin complicaciones, sin cosas raras, sin embarcadas, haciendo parecer simple lo difícil.

En ataque el vértice fue Deco, que ayer realizó un PARTIDAZO (en mayúsculas) y se asoció a la perfección con Iniesta y Messi. El portugués demostró que es un jugador imprescindible en este Barça y dejó en evidencia a los muchos que lo han criticado y que han llegado a pronosticar que este año sería suplente. Para ellos va una reflexión: el año de la Champions brillaron Ronaldinho, Eto’o y un incipiente Messi, pero el que marcaba los tiempos del partido, el que hacía que el Barça estuviera bien o mal, era Deco. Si el luso carburaba, el Barça ganaba. Si no, se estancaba. Así de simple.

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Muchos han apuntado infinidad de causas para explicar el bajón de los azulgrana la temporada pasada, pero para mi el principal fue que el exjugador del Porto bajó de nivel. Cuando un equipo se te encierra, tienes pocas maneras de abrir la lata: una es a balón parado y la otra es robándole el balón cuando está saliendo de la cueva y está desorganizado. Ahí es clave Deco, en el robo y el lanzamiento del contraataque. Luego Ronnie, Messi y companía hacen el gol y se llevan el aplauso, pero el 60% del mérito es del que roba. Deco, que además de esto tiene una técnica exquisita y un sentido del juego espectacular, se encontró ayer con espacios y con la mejor versión de su juego. Y el Barça fue imparable.

En la segunda mitad el equipo se amparó en esa ley no escrita del fútbol que dice que cuando un rival está tocado, tampoco hace falta humillarlo. Más que nada porque no sabes nunca lo que te puedes encontrar más adelante. Víctor Fernández, además, cambió su dibujo, desterró el abollado rombo e introdujo un centro del campo más compensado, buscando no encajar un castigo mayor y probar cosas para futuros partidos. Su bronca en el descanso debió ser de las que marcan época, porque en la segunda mitad, con 4-1, su equipo mordió mucho más que con 0-0 en el marcador. El Barça, claro está, también levantó el pie del acelerador, pero aún así siguió tensionado y sin caer en los errores garrafales de otras temporadas cuando el partido ya estaba sentenciado.

Ahora toca dar la cara fuera

Todo esto dónde nos deja? Pues con un Barça que ha aprovechado los tres partidos consecutivos en casa para ganar confianza en su juego, encontrar la mejor versión de Messi, Iniesta y Deco, continuar creciendo en defensa y reconciliarse con la afición. El ambiente de ayer en el Nou Camp hacía tiempo que no se vivía, aunque claro, con 4-1 a la media parte y un recital en el campo, es muy fácil. Me quedo, sin embargo, con los gritos de los aficionados coreando el nombre de ‘Ronaldinho’, un aviso para quién los quiera captar que el buen culé tiene memoria y criterio y lo que quiere es fútbol, y no campañas interesadas y aderezadas con una ‘salsa rosa’ que no hace más que despresitigiar el buen periodismo deportivo que también hay en este país. Como dije en ganar sufriendo ahora falta por ver si el Barça es capaz de mantener este buen nivel fuera de casa, ya que toddo lo que no sea ganar en Levante es un paso atrás.

También nos queda por ver esta noche si el Real Madrid acusa su gris juego de Valladolid o bien logra una previsible victoria ante un Betis en horas bajas. De momento, lo que también me queda claro es que el Valencia está en fase de crecimiento, el Sevilla ha bajado de la nube y se empieza a dar cuenta de que no es invencible, que el Atlético tarde o temprano tenía que jugar bien con los peloteros que ha fichado y el entrenador que tiene y que el Villarreal puede ser uno de los equipos que se metan en la pugna por la Champions.

Y Abramovich cogió su fusil

Cuando escribí el post hace una semana titulado Chelsea, el inicio del fin? intuía que los ‘blues’ tendrían problemas esta temporada, pero lo que no me esperaba que empezaran tan pronto. Ahora ya no tengo ninguna duda sobre la pregunta que me hacía en ese post, por mucho que Roman Abramovich quiera a partir de ahora maquillar su patinazo con sus millones y con nuevos posibles fichajes.

Siempre he estado en contra de los presidentes intervencionistas y con ínfulas de entrenador, porque acostumbran a significar para el club pan para hoy, pero hambre para mañana. Jesús Gil, por ejemplo, ya sabemos lo que hizo con el Atlético de Madrid, o Dimitry Piterman, el desaguisado que ha montado en el Alavés. Lo que pocos recuerdan es que el ahora mandatario del club de Álava pasó en su momento por el Palamós, al que bajó de Segunda B a Tercera Division y lo dejó hundido, sin dinero y cerca de la Primera Catalana antes de irse al Rácing de Santander. La diferencia entre Piterman y Abramovich, a parte del dinero, es que el propietario del Chelsea supo mantenerse hasta hace unos meses al margen de la dirección deportiva del equipo y contrató a uno de los pocos técnicos del mundo con la arrogancia suficiente para hacer oídos sordos a sus recomendaciones: José Mourinho.

Por mucho que el magnate ruso conviertiera al Chelsea en un bólido de los que tanto se estilan en el ‘glamouroso’ barrio inglés en el que se erige Stamford Bridge y su dinero fuera la gasolina, el equipo no habría llegado hasta la élite europea sin un buen conductor. Y el portugués, para una bomba de relojería como el Chelsea, lo era. Su carácter, fuerza y maestría táctica permitieron a los ‘blues’ ejercer un dominio casi tiránico, pocas veces visto en la Premier League… pero cayó sistemáticamente en la Champions. La impaciencia y la rabia por verse eliminado por un rival que practicaba un fútbol más bonito (Barça) y otro menos estético pero más eficaz (Liverpool) llevaron a Abramovich a perder la paciencia y a meter ‘mano’ en el equipo con los fichajes de Andrei Schevchenko y Michael Ballack. ‘Mou’ no quería a ninguno de los dos, porque tener al ucraniano en el once significaba perder una banda y dejar a Robben en el banquillo, y porque la llegada de Ballack se antojaba superflua y peligrosa en un equipo con mediocentros de la calidad y polivalencia de Essien, Lampard o Makélélé.

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Al principio de la temporada vi un par de partidos del Chelsea y no pude entender cómo había llegado a fichar jugadores tan limitados como Sidwell o, especialmente, el israelí Tal Ben Haim. Ahora, con todo este follón me ha quedado claro que Ben Haim es israelí como Avram Grant, el hombre de paja que ha puesto Abramovich en el banquillo, y por lo tanto fue una imposición más para un Mourinho que ya estaba harto. Tévez y Rooney ridiculizaron el domingo a Ben Haim, que acabó cometiendo el inocente penalti que supuso el 2-0 del Manchester United sobre el Chelsea, en un partido que seguí con interés para ver cómo reaccionaban los blues. La sensación que me quedó es que los jugadores están muy nerviosos y que ahora todo el mundo se atreve con el Chelsea. Me gustaría haber visto si le hubieran mostrado la rigurosa roja directa a Jon Obi Mikel que decantó el partido (entonces 0-0), con Mourinho en el banquillo. Incluso con el 1-0, ése habría sido uno de los clásicos partidos en los que el técnico habría espoleado, picado y arengado a sus jugadores en la media parte para sacar su orgullo y plantear batalla en la segunda mitad. Pero lo cierto es que el Chelsea ofreció en la segunda mitad una imagen tan triste como la encorvada figura de Grant.

Un equipo nervioso y sin norte

El Chelsea es ahora mismo un equipo sin norte, que ha empezado mal en la Liga y en la Champions, y fracturado en un vestuario en el que hay jugadores como Joe Cole, Ballack o Schevchenko, que se alegran de la marcha de Mourinho, y otros como Lampard o Drogba, que incluso confesó haber llorado tras la marcha del luso. Hay jugadores que, según la prensa inglesa, le han recriminado a John Terry, otrora voz incontestable del Chelsea en el campo y fuera de él, que no presionara más en favor de ‘Mou’. Y para acabarlo de arreglar, a Abramovich no se le ocurre otra cosa que decir públicamente lo que todo el mundo ya sabe, que a partir de ahora va a interferir en las alineaciones.

A la prensa inglesa hay que hacerle poco caso, generalmente, pero ojo con las informaciones que dicen que el magnate podría pagar una millonada por alguien como Ronaldinho. Me cuadra mucho que ahora busque estrellas que ilusionen a la afición y que puedan paliar el más que posible fracaso que se le viene encima y del que todo el mundo lo culparía exclusivamente a él. Yo soy de los que siempre defiendo que lo importante es tener a los mejores jugadores del mundo en el campo antes que una carretilla de millones en el banco, pero si es verdad que el Chelsea ofrece 75 millones de euros por Ronaldinho, lo cierto es que voy yo mismo al Nou Camp y le pongo el lacito para que se lo lleven.

A todo esto, quién se frota las manos son los rivales directos del Chelsea en la Premier, como ‘mi’ Arsenal, que es líder y ha empezado como un tiro. Los gunners infligieron otra goleada al modesto Derby County (5-0) con recital absoluto de Cesc, que marcó su cuarto gol en la Liga y el séptimo en lo que va de temporada, Adebayor, que se apuntó el primer hat-trick de la temporada en Inglaterra, y Diaby, un medio centro muy parecido a Yaya Touré y que marcó un tremendo golazo por la misma escuadra. El Manchester sigue creciendo y es el otro gran favorito, junto al Arsenal, mientras que el Liverpool sigue encallado en su irregularidad y en la falta de fluidez ofensiva que le ha caracterizado en los últimos tiempos. Rafa Benítez es un genio tácticamente, pero a veces hace cosas tan raras como dejar a Fernando Torres en el banquillo ante el Birmingham.

Ganar sufriendo

El Real Madrid cedió ayer sus primeros puntos en Valladolid (1-1), el Barcelona ganó el sábado al Sevilla (2-1), los azulgrana están a dos puntos de los blancos y lo que antes era oscuridad, ahora es luz diáfana. Me encanta el deporte, me apasiona la prensa deportiva, vivo de ella y casi por ella, pero a veces es preocupante la inmediatez, la fugacidad, en la que vivimos instalados los medios de comunicación. Hace siete días, no unas semanas o un mes,  algunos periódicos planteaban la destitución de Frank Rijkaard y hablaban del partido de Lyon como un referéndum. Ahora, todo son elogios a la defensa, al técnico, a Messi… pero lo cierto es que ni hace una semana el equipo era tan abominable ni ahora es el AC Milan de Arrigo Sacchi.

El Barcelona ha logrado dos victorias en casa ante rivales de postín, ha mejorado sus registros ofensivos, ha confirmado su solidez defensiva y ha descubierto la mejor versión de Leo Messi, pero esta recuperación debe confirmarse en los próximos partidos. En los artículos en los que hablaba del tiki-nada ya auguré que los azulgrana perderían pocos partidos en casa y estoy convencido que ganarán a un Zaragoza que se ha reforzado bien, pero es en Levante dónde quiero ver la situación real de los de Frank Rijkaard. Fijaros que no hablo de campos como el del Valencia, el Atlético de Madrid o el Zaragoza, sino los de equipos de la zona baja de la tabla, que se juegan la vida en cada partido y salen a morder con el público apretando desde la grada.

Con algo así se encontró el Real Madrid ayer. Los de Bernd Schuster recordaron en muchas fases al peor Madrid de la temporada pasada, con Casillas convertido en héroe perenne, Cannavaro desbordado en el uno contra uno, Sergio Ramos dando una de cal y otra de arena y Michel Salgado siendo una parodia de lateral derecho. El Valladolid fue la antítesis de un equipo que acaba de subir de Segunda: no renunció nunca al balón y cuando lo tuvo lo jugó con criterio y desparpajo. Otra cosa es que arriba sí tuviera la candidez de un recién ascendido, porque de haber estado más acertado no habría dejado a su rival salir con vida del Nuevo Zorrilla. Los de Mendilíbar, a los que he visto en dos partidos esta temporada y me han gustado mucho y tienen jugadores interesantes como Sisi, Borja o Jonathan Sesma, le quitaron el balón a los blancos y les hicieron sufrir, pero aún así el líder sumó un punt. Básicamente por dos factores: el Real Madrid tiene mucha pegada arriba y sabe transitar por arenas movedizas sin acabar de hundirse en el barro.

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Pese a que el juego de los de Bernd Schuster distó mucho de la exhibición en Villarreal y los blancos echaron en falta la capacidad de enganche de Sneijder y un vigilado Guti, el equipo tiene mucha pegada arriba. A Van Nistelrooy le hace falta media ocasión para marcar un gol, Raúl está volviendo a ser aquél jugador imprevisible y letal dentro del área y Saviola añade capacidad de decisión en los últimos metros. El gol del Conejo ante el Valladolid lo marcamos todos los que leemos este blog, pero hay que estar ahí para meterlo y vale tanto como el trallazo estratosférico de Pedro López a la escuadra de Casillas.

El Madrid, pues, sumó un punto en un partido en el que se vio superado. No me extraña que Schuster diga que le supo a victoria, porque en estos campos es donde se cimentan las Ligas o se zozobra de cara a los grandes encuentros. Y es esta capacidad, la de ganar o puntuar sufriendo, la que no tiene o no ha tenido en las últimas campañas el Barça. Es éste punto de sufrimiento, de saber deslizarse por el hielo sin caerse, el que necesita el equipo de Frank Rijkaard. No pido que el Barça juegue siempre mal y gane, pero sí, que sea capaz de ganar cuando juega mal. Que no necesite un partidazo con 20 ocasiones para ganar en Levante, sino que sea capaz de tirar adelante esos partidos en los que no está cómodo. Aunque sea con un gol de córner, de rebote o de ‘palomero’ en plan Javier Saviola ayer.

Ante el Sevilla, es cierto que el Barcelona se vació, presionó y luchó lo indecible. Algunos de los momentos más álgidos de la presión azulgrana fueron con el 2-0, cuando el partido ya estaba encarrilado y el público empujaba como hacía mucho tiempo que no se veía en las gradas del Camp Nou. Cuando estás así, todo te sale bien y hay comunión con los tuyos, las fuerzas se multiplican, el cansancio no se siente y la moral sube hasta el cielo, pero lo importante no es estar así entonces, sinó con 1-0 en contra en el marcador, en un campo hostil, lleno de aficionados que te insultan y con un medio centro enganchado a tu espalda pegándote cada vez que recibes el balón. Como será en en el campo del Levante.

Los problemas de Adriano

“En esos momentos no lograba dormir, ni hacer nada positivo. Pensaba demasiado en mis problemas y para dormir tenía que beber. No quiero volver a hacer esas cosas”

 

– Adriano, jugador del Inter  (Sobre sus problemas de bebida). No las vuelvas a hacer, ganaremos un gran delantero

El mundo al revés

Resulta curioso las situaciones opuestas que viven el Barcelona y el Real Madrid actualmente. A los blancos, que fueron campeones de Liga en un derroche de entrega, casta y carácter, se les exige desde la grada un mejor fútbol y cambian de técnico. A los azulgrana, todo un abanico de individualidades, túneles y fantasía, se les reclama una mayor entrega, lucha y desgaste físico. Curiosa, pero humana condición la de anhelar e idealizar lo que no se tiene y restarle valor a lo que ya se posee.

Y en esas estamos en el Camp Nou, donde hacía eones que no se aplaudían tanto los saltos estratosféricos de un medio centro, las carreras de un delantero centro persiguiendo a un central o la presa sin tregua de un lateral izquierdo sobre un extremo contrario. No es que el aficionado del Barça haya cambiado, le sigue gustando el tiki-taka, los controles mágicos de Henry o los regates imparables de Messi, pero ahí está el mensaje constante hacia quien lo quiera ver: fútbol fantasía sí, pero con compromiso, entrega y sacrificio.

Un Barça más maduro tácticamente

Por esa senda anda el FC Barcelona, que ayer ante el Sevilla volvió a dar un paso más hacia la italianización que explicaba hace unos días. Los de Rijkaard volvieron a hacer un partido sublime en defensa, dejando a todo un Sevilla reducido a una llegada de cabeza de Renato y un pase en profundidad a Kanouté en el descuento. Aunque hay que recordar que la primera fue a la cruceta y la segunda supuso un 2-1 final tan injusto como infructuoso.

El Barcelona de ayer me recordó en muchos aspectos a aquél Barça que ganó la Champions League con partidos como el del Chelsea o el Milan en casa. Un equipo que tenía el balón, apenas lo arriesgaba e iba madurando el partido y desgastando al rival hasta que caía el zarpazo final. Así fue ante el Sevilla. La solidez defensiva azulgrana hizo que ni siquiera con el 0-0 se tuviera en el campo aquella sensación constante de ‘ai, ai, ai, ai’ que se vivía en el estadi en partidos anteriores. Incluso con el marcador a favor.

A lo que expuse en el artículo del ‘búnker-team’ le añadiré dos factores defensivos más que ayer pude constatar: el Barcelona ha ganado un enorme poderío aéreo con Milito, Abidal y Toure. Y, relacionado con esto, el equipo defiende mucho mejor las jugadas a balón parado. Ayer me vinieron a la mente los partidos en el Nou Camp contra el Chelsea y el Liverpool en el que el dominio aéreo de los ingleses fue insultante. Los jugadores azulgrana parecían alevines jugando contra juveniles que se llevaban absolutamente todas las prolongaciones y eso ayer no pasó, pese a que en frente estaba el delantero que mejor juega de espaldas de toda España: Frederic Kanouté. Igual sucedió en los balones laterales o frontales de falta, que antaño habían provocado más de una taquicardia entre la indolencia en los marcajes de Edmilson o Márquez y las salidas a destiempo de Valdés. Ayer creo que el Sevilla no remató ni uno.

El Baça maduró el partido hasta que lo rompió el de siempre: Leo Messi. Pero cuidado con Henry. Le sigue faltando mucha velocidad, recorrido, frescura y partidos, pero ayer dio un paso más hacia su mejor nivel. Atención al pase sobre Messi en el gol porque es tan intencionado como sublime y cuidado con el control que hace el galo en el único pase de la defensa azulgrana a la espalda de la defensa sevillana y que acabó en el palo cuando merecía mejor suerte.

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Con todo, en el juego del Barça siguen habiendo ‘peros’, especialmente en el centro del campo, donde Xavi volvió a estar muy gris y aportó tan poco que obligó a Deco a arriesgar más de la cuenta y la mayoría de las veces, mal. El otro ‘pero’ sigue siendo las jugadas a balón parado. Como ante el Lyon, el Barcelona ni siquiera logró rematar (no digo hacia puerta, sino simplemente tocar el balón) ni un sólo córner o falta lateral. Un recurso, éste, que es muy importante para abrir partidos trabados ante equipos cerrados, como ayer estuvo durante muchos minutos el Sevilla.

Y el Sevilla? Pues poca cosa. Su 4-2-3-1 acabó casi siempre convertido en un 4-5-1 con dos línes de nueve jugadores detrás del balón. Navas acabó fuera del campo las dos veces que intentó burlar a Abidal, Duda ni siquiera se acercó a Zambrotta, Keita y Poulsen no tuvieron el balón y no pudieron lanzarlo hacia Kanouté y Dragutinovic y un desconocido Dani Alves apenas pasaron del centro del campo. En muchos momentos dio la sensación que el 3-0 ante el Arsenal les había abierto los ojos y que vinieron al Camp Nou temerosos y firmando el 0-0. No fuera caso que aguaran la fiesta de presentación del nuevo estadio, de la casa del nuevo Barça, el teatro del que habló el ahora desempleado José Mourinho refiriéndose a un Leo Messi que cada vez está más a gusto en su papel de ‘primma donna’ de la función. Ayer hasta se permitió el lujo de de dedicarle los dos goles a Ronaldinho. Ya lo dicen que a veces el alumno supera al maestro.

A propósito de Ronnie…

Qué tienen en común Rivaldo, Romario, Laudrup, Maradona o Figo? Dos cosas: han marcado una época en el Barça y han salido por la puerta de atrás. El próximo de esta lista tiene toda la pinta de ser Ronaldinho, uno de los extranjeros que mayor rendimiento ha dado en la historia del club. Muy lejos queda ya ese verano del 2003, en el que el entonces casi desconocido jugador del Paris Saint Germain llegó al Barça de rebote, porque Beckham le había dado largas a Joan Laporta y se había ido al Madrid. Gran influencia tuvo también su amistad con Sandro Rosell, entonces en la junta directiva azulgrana, puesto que el Manchester United le ofrecía más dinero y un equipo mucho más competitivo. Supongo que la mayoría aún lo recordaréis, pero aquél Barça al que fue a parar Ronaldinho venía del peor desierto de su historia, la era Joan Gaspart, y de varias temporadas en las que clasificarse para la Champions ya era todo un hito.

Ya sé que muchos me diréis que esto no viene a cuento, pero el fútbol no tiene memoria y a veces es bueno ver las cosas en perspectiva, porque se obtiene una visión más global del conjunto. La historia reciente del FC Barcelona la conocéis todos, de como un equipo mediocre llegó a reinar en Europa con un fútbol equiparable al mismísimo ‘dream team’ y un motor claro: Ronaldinho. Autor de goles de sueño contra el Milan o el Chelsea, regates inverosímiles como la elástica, o nuevos como la espaldinha, faltas imparables, controles imposibles, sonrisas eternas…

Ahora Ronaldinho no ríe. Ya no disfruta jugando y su juego, inyectado de fantasía y sorpresa, se resiente, se vuelve vulgar, previsible. No hay magia. Cómo se llega hasta aquí? Bajón físico? Salidas nocturnas? Poca motivación?

Sobre el bajón físico, Ronaldinho no está tan bién como otras temporadas, le falta chispa y la punta de velocidad, pero a sus 27 años no hay ningún argumento médico para justificar que no pueda volver a tenerla. De hecho, la mayoría de grandes jugadores alcanzan su plenitud de juego a esta edad, puesto que físicamente siguen muy bién y además atesoran una gran cantidad de experiencia y templanza que mejoran su juego.

Sobre la motivación, me niego a pensar que un jugador de 27 años pueda estar desmotivado aunque es cierto que hay factores que pueden influir en su estado de ánimo. Las críticas constantes en la prensa, el alto nivel de exigencia, las intromisiones en su vida personal… pueden llegar a causar mella incluso en una persona como él, que siempre se ha escudado bajo una enorme sonrisa y una sensación que nada le afectaba.

Sobre las salidas nocturnas? Alguien cree que Ronaldinho no salía en sus primeros años en el Barça? Por favor! El año que el Barça ganó la Champions League jugaba en la UE Sitges de Preferente un jugador brasileño llamado Waltinho, que era amigo de Ronaldinho. Conozco bien a muchos jugadores del Sitges y un amigo común me contó que infinidad de veces habían ido a interminables fiestas privadas de Ronaldinho, en las que se celebraban los triunfos de aquellos partidos de Champions entre semana. Esto se sabía, como sus actuaciones en Bikini tocando los bongos con máscara, pero en aquel momento nadie decía nada porque el astro era imparable. Entonces salir no le afectaba y ahora sí? Entonces salir de fiesta estaba bién y ahora no? Qué ha cambiado, que antes desequilibraba y ahora no? Hay que ser un poco más serio y no usar los argumentos de manera partidista.

Ronaldinho salió antes del partido de Osasuna

Como me apuntaba mi amigo Màxim y he podido confirmar, hoy publica La Vanguardia, un periódico contrastadísimo y con una gran sección de deportes, que Ronaldinho cerró un conocido local de Barcelona 48 horas antes de jugar contra el Osasuna. No dudo de la información, pero, por qué sale ahora y no el mismo día que pasó? Y quién la ha ‘filtrado’? Yo lo tengo bastante claro.

Este verano salió en varios medios una frase dicha por el propio Adriano Galliani, primera espada del AC Milan, en la que decía que Joan Laporta no le quería vender a Ronaldinho porque entonces tendría que marcharse del país. No porqué era un jugador imprescindible para el Barça o porque había sido clave en los últimos títulos, sinó porque era una medida impopular. Curiosa manera de hacer las cosas.

Hace un tiempo tuve la oportunidad de asistir a una cena privada de un grupo de barcelonistas con Sandro Rosell, en la que además de muchos otros temas que no vienen al cuento, le pregunté por qué la cláusula de Ronaldinho era decreciente cada temporada (pasaba de los 125 a los 80 millones) antes de la última renovación de Laporta. Me dijo: muy sencillo, porque los brasileños no acostumbran a estar más de tres o cuatro años en un equipo y yo creía que a Ronaldinho con 26 o 27 años se le habría acabado un ciclo. Con 80 millones de cláusula era factible que viniera un equipo y los pagara. Ronnie es mi amigo, pero con ese dinero se podría fichar al Ronaldinho del futuro. Me dejó de piedra ante lo incontestable de su argumento. Esa era la visión frío de un tío que miraba por el club, totalmente contrapuesta a la de ‘no lo vendo porque es una medida impopular’.

Qué manera hay de hacer que su venta sea popular? Aburriendo al jugador, filtrando sus salidas (que han existido siempre), poniendo a la opinión pública en su contra, con silbidos en el campo… Yo soy de los que creo que Ronnie, con todo lo que ya nos ha dado, lo que ha hecho por el club, se merece mucha paciencia y comprensión. No pido carta blanca ni bula absoluta, pero sí un crédito, como reclaman hoy en Mundo Deportivo. Yo soy de los que defiendo que el Barça, si quiere ganar algo este año, necesita al mejor Ronnie, pero si hay que venderlo porque es lo mejor económicamente para el club, pues adelante. Eso sí, por lo menos que tenga un salida digna y acorde a lo que ha significado. Vamos a ser listos y no le tiremos basura encima públicamente, porque al final tendremos que regalarlo. O ya no nos acordamos de lo que pasó con Thiago Motta hace unas semanas?

Va de retro (II): Jean Pierre Papin

Con 30 años (casi 31, lo confieso) me he dado cuenta que ya no soy un crío y que empiezo a tener unas cuantas batallitas que contar. Para eso he creado esta sección ‘Va de retro’ en la que cada viernes (si puedo) voy a hablar de futbolistas, equipos o competiciones que han marcado mi infancia, que supongo que es la misma que la de la generación que creció viendo La Bola de Cristal, escuchando los Hombres G y haciendo kárate con las instrucciones del Señor Miyaggi :). Acepto cualquier tipo de sugerencia sobre futuros temas.

Nombre completo: Jean Pierre Papin

Apodos: Monsieur gol, JPP

Fecha de nacimiento: 5 de noviembre de 1963

Lugar de nacimiento: Boulogne sur Mer, Francia

Partidos internacionales: 54 (30 goles)

Año del debut: 1983

Club del debut: INF Vichy

Año del retiro: 1999

Club del retiro: En Avant de Guingamp

Tras el homenaje a Michael Laudrup, el jugador que marcó mi infancia deportiva, hoy le toca el turno a Papin. Soy tan friki que cuando era pequeño me grababa los programas de resúmenes deportivos de goles internacionales y luego, con la ayuda de otro vídeo, me hacía cintas seleccionando los mejores y más espectaculares. A finales de los 80 y principios de los 90 me encontré con que gran parte de estos protagonizados estaban formados por un delantero francés pequeño y sonriente, más apropiado de un cómic de Astèrix que del fútbol de élite: Jean Pierre Papin.

Papin era un verdadero depredador del área, un jugador demoleador y muy rápido, sobretodo de ejecución, que tenía inagotables recursos técnicos, podía marcar incluso de chilena y poseía un disparo buenísimo de volea. Pese a ser el segundo jugador galo después de Michel Platini que ganaría un Balón de Oro (en 1991), su ascensión a la élite del fútbol francés no fue fácil: empezó en el INF Vichy y en 1984 fichó por el Valenciennes, de la Segunda División. Allí marcó 15 goles, pero ante la ausencia de buenas ofertas se fue a Bélgica, al Bruges, dónde anotó 20 goles en 33 partidos, ganó la Copa y debutó con una de las mejores selecciones francesas de todos los tiempos. Papin llegó a participar en el Mundial de México salvando a Francia del ridículo ante Canadá con un gol en los últimos minutos que supuso el 1-0 y el número 1200 de la historia de los mundiales. No tuvo continuidad en el equipo que cayó de manera agónica en semifinales, pero sí llamó la atención de los clubes franceses, hasta el punto de fichar por un Olympique de Marseille en el que vivió sus mejores años.

Como queda reflejado en este vídeo, Papin enchufaba goles de todo tipo, pero el resúmen es que cuando entraba en contacto con el balón en el área, el equipo contrario estaba listo. El arranque con el OM (1996-97), en el que coincidió con jugadores míticos como Chris Waddle, Enzo Francescoli, Abedi Pelé o Bolí, no fue del todo exitoso, aunque en la primera temporada firmó 13 goles. En la segunda (1997-88) el equipo tampoco ganó nada, pero Papin ya fue el máximo artillero de la Liga con 19 goles, título que se adjudicó en la siguientes cinco campañas.

Un doblete en 1989 con 33 goles de Papin en las dos competiciones fue el inicio de la época más gloriosa de la historia del Olympique, con cuatro Ligas consecutivas. Sus registros los años siguientes fueron demoledores: 42 goles en la 1989-90, otros 42 en la 1990-91 y 47 en la 1991-92! Por entonces sus cualidades eran tan evidentes que los grandes europeos se mataban por él (incluso se dejó querer por el Barça), hecho que, combinado con la derrota en la final de la Champions de 1991, le llevó a marcharse al todopoderoso Milan de Fabio Capello en 1992, en una despedida que sacudió los cimientos del estadio Vélodrome de Marsella.

En Italia, con menos espacios y con un ‘monstruo’ por delante como Marco Van Basten, Papin nunca fue el mismo jugador determinante que era en Francia. De hecho, en aquella época sólo podían jugar tres extranjeros a la vez y los otros dos del Milan eran Ruud Gullit y… Frank Rijkaard. Aún así, se las arregló para marcar 16 goles en su primera temporada, en la que el destino quiso que ‘su’ OM le arrebatara la Copa de Europa en la final. Papin se desquitó en 1994 ganando su única Champions en una final que muchos azulgrana recordarán (Atenas, 1994), que él no jugó y que fue su despedida del club rossonero, ya que el año siguiente fichó por el Bayern de Munich.

Pero con 32 años su carrera ya estaba en declive y tras passar por el Girondins, en 1999 se retiró en el Avant de Guingamp marcando tres goles en nueve partidos. Fue el triste adiós de uno de los mejores delanteros de la historia de Francia, que lo ganó todo a nivel doméstico, pero que no tuvo suerte en las grandes competiciones como la Champions, los Mundiales (sólo jugó el de 1986) y las Eurocopas.

Mi momento ‘Papin’:

A parte de grabar decenas de goles suyos en vídeo, en el año 1992 el Olympique de Marsella fue invitado al Trofeu Joan Gamper. Papin estava en el cénit de su carrera y fui al partido final sólo para verlo jugar en directo, pero apenas tocó balón y el Barcelona del Dream Team le endosó un 3-0 a su equipo. Recuerdo que me compré una bufanda del OM que aún guardo por casa.

Qué hace actualmente:

Tras retirarse, en el 2004 empezó a entrenar al Bassin d’Arcachon y en el 2006 tomó las riendas del Strasbourg, de la Ligue 2. Este 25 de agosto pasado, después de la quinta jornada de la Ligue 1, el Lens le ofreció su banquillo, en el que de momento continúa ejerciendo.