Va de retro (I): Michael Laudrup

Con 30 años (casi 31, lo confieso) me he dado cuenta que ya no soy un crío y que empiezo a tener unas cuantas batallitas que contar. Para eso he creado esta sección ‘Va de retro’ en la que cada viernes (si puedo) voy a hablar de futbolistas, equipos o competiciones que han marcado mi infancia, que supongo que es la misma que la de la generación que creció viendo La Bola de Cristal, escuchando los Hombres G y haciendo kárate con las instrucciones del Señor Miyaggi :). Acepto cualquier tipo de sugerencia sobre futuros temas.

Nombre completo: Michael Laudrup

Apodos: Michelino, Enjoy

Fecha de nacimiento: 15 de junio de 1964

Lugar de nacimiento: Frederiksberg, Dinamarca

Partidos internacionales: 104

Año del debut: 1979

Club del debut: Brondby

Año del retiro: 1998

Club del retiro: Ajax Amsterdam

Hoy, por ser la primera vez, he decidido hacerle un homenaje a Michael Laudrup, el jugador que marcó mi infancia deportiva y el único que me ha hecho llorar tras dejar el Barça. A ‘Michelino’ lo descubrí en el Mundial de 1986, cuando sólo tenía 22 años y dentro de una selección danesa que maravilló al mundo. Os acordáis de Preber Elkjaer Larsen, Morten Olsen o Soren Lerby? Quedó primera de grupo ante Alemania, Uruguay y Escocia marcando nueve goles y recibiendo uno! Pese a la goleada que le endosó en cuartos la España de Butragueño, Dinamarca me encantó con su juego rápido y técnico. Allí marcaban la pauta jugadores expertos, como Lerby o Elkjaer Larsen, pero Laudrup era el verdadero director de orquestra.

Por entonces este fino centrocampista jugaba en la Juventus tras una cesión a la Lazio, pero los italianos, pese a su buen Mundial no supieron sacarle partido. Su fútbol exquisito, pero poco dado al cuerpo a cuerpo, no se adaptó a la dureza del Calcio y Cruyff, en su mejor acierto como entrenador del FC Barcelona tras el fichaje de Stoitchkov, se lo trajo casi regalado al Camp Nou en 1989. Allí, con 25 años y un fútbol hecho a su medida, basado en el toque y la circulación de balón, sencillamente explotó. 

Para los que no lo hayáis visto jugar, su fútbol se resumía en recibir una pelota en la línea de tres cuartos, encarar a un defensa y superarlo con una ‘croqueta’  en carrera imparable y luego lanzar un pase a un lado mirando hacia el otro para que Txiki o Hristo se hincharan a meter goles. Seguramente, os dirán que era indolente, poco sacrificado y muy frío. Es cierto. Tampoco era un gran goleador, aunque veía puerta con asiduidad, ni un portento chutando de lejos, pero técnicamente era tremendo. Puede que no sea tan completo como Platini, Maradona o Zidane ni que tenga un peso específico en el mundo del fútbol como ellos por haber ganado mundiales y haber brillado en ellos, pero también pienso sinceramente que, a nivel técnico, Laudrup está cuanto menos a la altura de los mejores ’10’ de la historia.

 

Su estrella en Barcelona empezó a apagarse, curiosamente, cuando llegó uno de los mejores delanteros centros de la historia del club: Romario. El problema fue que el Barça ya tenía a tres de les mejores extranjeros del mundo (Stotichkov, Koeman y el propio Laudrup) y por entonces sólo podían jugar tres a la vez (qué lejano suena esto ahora!). Laudrup, más callado y menos tempramental y decisivo que los otros tres, pagó casi siempre el pato. Aguantó a menudo en el banquillo sin quejarse hasta la infausta final de Atenas en mayo del 1994. Un día contó Carles Rexach que Johan Cruyff dejó a Laudrup en el banquillo en semifinales contra el Mónaco y el Oporto y le prometió jugar la final, en la que debía enfrentarse al Milan de su hermano Brian. Pero el ‘flaco’ cambió de parecer en el partido que supuso la ‘tumba’ del Dream Team, que perdió por 4-0. Laudrup, como muchos integrantes de aquel mítico equipo, hizo las maletas y se fue al Madrid, decisión que me dolió terriblemente, pero que deportivamente entendí hasta el punto de alegrarme cada vez que marcaba con la camiseta blanca. Esto, que es impensable en un culé de toda la vida, es lo que logró este ‘gentleman’ del fútbol, un jugador que acabó su carrera en el Vissel Kobe y el Ajax, pero que escribió algunas de las páginas más bonitas de la historia del FC Barcelona.   

Mi momento ‘Laudrup’:

Por la tele, el pase de ‘cuchara’ que le mete a Romario en el Sadar para que marque con una preciosa vaselina. Y en el campo, el Barcelona – Dinamo de Kiev del 29 de septiembre de 1993.  Laudrup abrió con un gol la remontada de uno de los mejores partidos que he visto en mi vida. Podéis recordarlos ambos en los siguientos vídeos.

Qué hace actualmente:

Es entrenador del Getafe, en la Primera División Española. Uno de sus hijos juega en la cantera del Real Madrid.

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