El mundo al revés

Resulta curioso las situaciones opuestas que viven el Barcelona y el Real Madrid actualmente. A los blancos, que fueron campeones de Liga en un derroche de entrega, casta y carácter, se les exige desde la grada un mejor fútbol y cambian de técnico. A los azulgrana, todo un abanico de individualidades, túneles y fantasía, se les reclama una mayor entrega, lucha y desgaste físico. Curiosa, pero humana condición la de anhelar e idealizar lo que no se tiene y restarle valor a lo que ya se posee.

Y en esas estamos en el Camp Nou, donde hacía eones que no se aplaudían tanto los saltos estratosféricos de un medio centro, las carreras de un delantero centro persiguiendo a un central o la presa sin tregua de un lateral izquierdo sobre un extremo contrario. No es que el aficionado del Barça haya cambiado, le sigue gustando el tiki-taka, los controles mágicos de Henry o los regates imparables de Messi, pero ahí está el mensaje constante hacia quien lo quiera ver: fútbol fantasía sí, pero con compromiso, entrega y sacrificio.

Un Barça más maduro tácticamente

Por esa senda anda el FC Barcelona, que ayer ante el Sevilla volvió a dar un paso más hacia la italianización que explicaba hace unos días. Los de Rijkaard volvieron a hacer un partido sublime en defensa, dejando a todo un Sevilla reducido a una llegada de cabeza de Renato y un pase en profundidad a Kanouté en el descuento. Aunque hay que recordar que la primera fue a la cruceta y la segunda supuso un 2-1 final tan injusto como infructuoso.

El Barcelona de ayer me recordó en muchos aspectos a aquél Barça que ganó la Champions League con partidos como el del Chelsea o el Milan en casa. Un equipo que tenía el balón, apenas lo arriesgaba e iba madurando el partido y desgastando al rival hasta que caía el zarpazo final. Así fue ante el Sevilla. La solidez defensiva azulgrana hizo que ni siquiera con el 0-0 se tuviera en el campo aquella sensación constante de ‘ai, ai, ai, ai’ que se vivía en el estadi en partidos anteriores. Incluso con el marcador a favor.

A lo que expuse en el artículo del ‘búnker-team’ le añadiré dos factores defensivos más que ayer pude constatar: el Barcelona ha ganado un enorme poderío aéreo con Milito, Abidal y Toure. Y, relacionado con esto, el equipo defiende mucho mejor las jugadas a balón parado. Ayer me vinieron a la mente los partidos en el Nou Camp contra el Chelsea y el Liverpool en el que el dominio aéreo de los ingleses fue insultante. Los jugadores azulgrana parecían alevines jugando contra juveniles que se llevaban absolutamente todas las prolongaciones y eso ayer no pasó, pese a que en frente estaba el delantero que mejor juega de espaldas de toda España: Frederic Kanouté. Igual sucedió en los balones laterales o frontales de falta, que antaño habían provocado más de una taquicardia entre la indolencia en los marcajes de Edmilson o Márquez y las salidas a destiempo de Valdés. Ayer creo que el Sevilla no remató ni uno.

El Baça maduró el partido hasta que lo rompió el de siempre: Leo Messi. Pero cuidado con Henry. Le sigue faltando mucha velocidad, recorrido, frescura y partidos, pero ayer dio un paso más hacia su mejor nivel. Atención al pase sobre Messi en el gol porque es tan intencionado como sublime y cuidado con el control que hace el galo en el único pase de la defensa azulgrana a la espalda de la defensa sevillana y que acabó en el palo cuando merecía mejor suerte.

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Con todo, en el juego del Barça siguen habiendo ‘peros’, especialmente en el centro del campo, donde Xavi volvió a estar muy gris y aportó tan poco que obligó a Deco a arriesgar más de la cuenta y la mayoría de las veces, mal. El otro ‘pero’ sigue siendo las jugadas a balón parado. Como ante el Lyon, el Barcelona ni siquiera logró rematar (no digo hacia puerta, sino simplemente tocar el balón) ni un sólo córner o falta lateral. Un recurso, éste, que es muy importante para abrir partidos trabados ante equipos cerrados, como ayer estuvo durante muchos minutos el Sevilla.

Y el Sevilla? Pues poca cosa. Su 4-2-3-1 acabó casi siempre convertido en un 4-5-1 con dos línes de nueve jugadores detrás del balón. Navas acabó fuera del campo las dos veces que intentó burlar a Abidal, Duda ni siquiera se acercó a Zambrotta, Keita y Poulsen no tuvieron el balón y no pudieron lanzarlo hacia Kanouté y Dragutinovic y un desconocido Dani Alves apenas pasaron del centro del campo. En muchos momentos dio la sensación que el 3-0 ante el Arsenal les había abierto los ojos y que vinieron al Camp Nou temerosos y firmando el 0-0. No fuera caso que aguaran la fiesta de presentación del nuevo estadio, de la casa del nuevo Barça, el teatro del que habló el ahora desempleado José Mourinho refiriéndose a un Leo Messi que cada vez está más a gusto en su papel de ‘primma donna’ de la función. Ayer hasta se permitió el lujo de de dedicarle los dos goles a Ronaldinho. Ya lo dicen que a veces el alumno supera al maestro.

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