Un punto de inflexión

Uno de los grandes problemas de la prensa es que vivimos sumidos en una vorágine productiva, esclavizados por la inmediatez, por el momento, por el cierre, por la falta de tiempo, que nos da poco margen para el análisis. Es lo que comunmente se llama el día a día y que resulta totalmente opuesto a la reflexión, a la visión de las cosas en perspectiva. Muchas veces, depende de la hora a que se juegue, debemos escribir las crónicas durante el partido para mandarlas justo en el pitido final, sin apenas 10 o 15 minutos para poder reflexionar o embellecer el estilo del texto. Hay que cumplir con el cierrre, hay que acabar el periódico.

La prensa, especialmente la deportiva, vive demasiado atenazada por esta vorágine y muchas veces nos tomamos poco tiempo para analizar todas las caras de una misma situación. Hoy mismo a partir de un problema concreto (la trayectoria mediocre del Barça fuera de casa) se están diciendo barbaridades tales que casi todo el mundo ha asumido ya que este equipo no vale para nada y que la temporada va a ser de color blanco y sin títulos. Poca gente, por ejemplo, se ha parado a pensar que este equipo al que deshauciarían lleva unos números espectaculares en casa, donde ha ganado todos los partidos oficiales y ha goleado por 3-0 a equipos como el Olympique de Lyon y el Atlético de Madrid y ha derrotado al Sevilla.

No vale todo

Con todo, aunque estamos en noviembre, ya se le ha puesto dos veces un ultimátum a Rijkaard, se ha intentado vender a Ronaldinho y han sonado para el Barça seis jugadores: Cesc, Lahm, Mascherano, Tiago, Ballack y Kaká. Lo de hoy del Sport con Kaká es hilarante: el jugador avisa que si sigue la violencia en Italia podría plantearse dejar el Calcio (sic) y ya hay que estar ‘atentos’ a él. En fin, que vale todo. Como por ejemplo practicar el tiro al plato cada vez que Ronaldinho juega un partido mediocre o incluso atacar a Leo Messi porque hizo un mal partido en Getafe. Lo del brasileño ya no es nuevo, pero a mi personalmente me agobia, porque una parte de las críticas son deportivas, pero otra se debe sólo a rencillas personales. La frase más repetida sobre él es que no está como antes, pero poca gente se para a pensar que antes estaba de 9 o 10 casi cada partido. El nivel al que llegó era espectacular y ahora que innegablemente lo ha bajado, recibe todas las críticas. Es decir, que si un jugador que puede llegar a jugar de 9 o 10 juega a 6, es el culpable de todo, mientras que otro que se esconde, que no arriesga, que hace partidos siempre correctos, de 7, no tiene culpa de nada. Pues yo no trago, no hay un único culpable por mucho que Ronaldinho no esté como antes y quizás sí que cuando vuelva Deco Rijkaard podría sentarlo en algunos partidos y meter a Iniesta por la izquierda.

En cuanto a Frank Rijkaard, creo que se le ha agotado el crédito. Sempre lo he defendido como un buen entrenador, idóneo para un entorno que, como podemos comprobar hoy mismo, es altamente inflamable y cuyo bagaje deportivo es muy bueno, pero como todo el mundo ha apuntado, hay un problema técnico y él es quien tiene la llave para solucionarlo. La rueda de prensa del martes me produjo una sensación de déja vú y a la vez me insufló ánimos. Me recordó a aquél 2004 en el que el holandés estuvo a punto de ser cesado para ser reemplazado por Luis Felipe Scolari, como proponía Sandro Rosell. Entonces se aisló de todos (entorno, prensa, Johan Cruyff a través de Txiki Begiristain, presidente…) y se lo jugó el todo por el todo. Cambió de planteamiento táctico, fue fiel a si mismo… y triunfó.

Rijkaard debe retomar el mando

Yo creo que ahora el Barça y su técnico atraviesan un momento parecido. Rijkaard sabe que no tiene más margen de error y que debe dar un giro de timón a la nave. Sus palabras, diálogos y buenas maneras ya no sirven. No es que lo haya hecho mal o que sea una mala manera de actuar, mas bien al contrario, pero como explicaba un psicólogo ayer en un interesante artículo en Mundo Deportivo, este canal de comunicación se ha desgastado. Hay que hacer algo más, ser valiente, sentar a quién haga falta se llame como se llame, cambiar el sistema (aunque lluevan críticas), hacerles creer a los jugadores que quien lleva el mando del equipo es él y no todos los que revolotean alrededor del presidente y luego no dan la cara cuando las cosas van mal. Yo creo, y esto es una visión personal, que el equipo tiene margen de maniobra y que es uno de los mejores de Europa, pero que hay que dar un giro en la manera de gestionarlo. Es lógico que se le de esta oportunidad a Frank Rijkaard, pero si no es capaz de hacerlo, entonces debería venir otro. Quién? Ese es otro debate que debería entablarse cuando la situación sea irremediable. Como también habría que analizar qué parte de culpa tiene una junta directiva que, viendo el despiporre y el ridículo que hizo el equipo la temporada pasada se limitó a saldar el asunto vendiendo a Giuly, regalando a Motta y fichando a cuatro jugadores.

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