El Big Bang del Decosistema

Hoy hace poco más de un año Martí Perarnau explicaba en un post sublime, de lo mejor que se ha escrito en internet sobre el Barça, el final de lo que él bautizó como el Decosistema. Os recomiendo su lectura porque allí encontraréis muchas de las claves de lo que está pasando hoy en el vestuario azulgrana, pero venía a decir que lo que se bautizó como la ‘vilafrancada’ de Eto’o dejó al descubierto y dinamitó el equilibrio fuerzas invisible en el interior de la plantilla. Un liderazgo interno que entonces ejercía Deco, que era la voz de Ronaldinho y compañero de bromas de Motta, y que impuso ese ‘dolce far niente’ en los entrenos, la proliferación de las salidas nocturnas y la escasez de concentraciones. Una situación que, no podemos olvidarlo, se permitió desde todos los estamentos del club y del cuerpo técnico, habida cuenta de los exitosos resultados deportivos.

La degeneración física y deportiva de la plantilla empezó antes de la final de París, a la que se llegó con la gasolina justa, y empezó a dar sus primeros síntomas en la final de la Supercopa de Mónaco, en agosto del 2006. Entonces se permitió a los jugadores salir la noche antes de un partido en el que fueron literalmente aplastados por el Sevilla. El primer toque de atención serio fue visto como un mero accidente y muy poco cambió, pese a que algunos de los recién llegados aquél verano, como Zambrotta o Gudjohnsen expresaron en público, pero con la boca pequeña, su sorpresa y malestar con la manera de entrenarse del equipo. Esa temporada pasó lo que todos recordamos: el Liverpool, un equipo con la calidad justa pero con mucha potencia física, apisonó al Barça en la Champions; el Getafe le sacó los colores remontándole un 5-2 a un equipo desconocido, que encajó un humillante 4-0 en las semifinales de Copa, y la Liga se escapó en una serie de partidos en los que el equipo mostró a la par errores de concentración y poco tono físico.

Llegó el verano y hacía falta tomar una decisión respecto a este Decosistema, este núcleo de jugadores que supuestamente estaban más pendientes de salir por la noche que de entrenarse por las mañanas y que corrían el peligro de acabar contagiando a otros miembros de la plantilla, como Márquez, ya perseguido por las revistas del corazón, o el mismo Leo Messi. La opción valiente por parte de Joan Laporta hubiera sido traspasarlos, pero no se hizo, en parte porque no llegaron ofertas con cara y ojos por Ronnie y Deco, y por otra parte porque tampoco se puso especial entusiasmo en situarlos en el mercado. A ver quién justificaba la venta del brasileño, quién pese a todo había mantenido al equipo con vida hasta el final en su mejor campaña goleadora y seguía vendiendo camisetas como nadie, o de Deco, cuyo fútbol había enamorado al Camp Nou durante dos temporadas. La única medida real, pero ineficaz, fue la de regalar a Thiago Motta al Atlético de Madrid. De puertas para adentro, se endureció el discurso y la permisividad hacia Ronaldinho y Deco.

La temporada arrancó con ambos cracks calentando banquillo en algunos partidos, algo completamente inusual hasta el momento, y su reacción fue la que todo el mundo puede esperarse de dos fieras heridas y con un ego por las nubes: la de sentirse decepcionados y humillados por ser convertidos en los cabezas de turco públicos de una situación que es mucho más global. De ahí se llegó al pasotismo, a la falta de implicación y al desánimo. A partir de este punto la historia ya la conocemos todos: un rosario de lesiones musculares en ambos casos, presencia intermitente en los entrenos, rendimiento deportivo más bien nulo, sólo 10 partidos como titular de Ronnie en toda la temporada y una situación insostenible que ha llegado a su punto crítico esta semana. Ronaldinho volvió a meterse en el gimnasio el jueves por la mañana, tras la fiesta de Leo Messi del miércoles noche, y no fue alineado en Almería por unas supuestas molestias en el adductor que el lunes fueron desmentidas por los servicios médicos del club, en una decisión sin precedentes en los últimos años. Hay quién dice que Joan Laporta se enteró que el jugador había llegado en mal estado al entreno y que ordenó que no se le cubriera más, pero en todo caso lo que está claro es que el futuro de Ronaldinho parece estar más fuera que dentro del club. Igual que el de Deco, de quién por cierto me han llegado rumores que lo tiene firmado con el Inter para el año que viene.

Y ahora quién lidera al Barça?

Llegados a esta situación, que para muchos por cierto se veía venir, queda analizar cómo queda el vestuario después del Big Bang de este Decosistema. Hace unas semanas me preguntaba quién lidera al Barça y me lo sigo preguntando. Deportivamente es Leo Messi, sin duda, pero las lesiones están lastrando su capacidad de ser influyente a otros niveles, a parte que aún es muy jóven y algo tímido para levantar la voz en el vestuario. Así pues, quién es el verdadero motor de este equipo, su alma? Parece que los catalanes (Valdés, Puyol y Xavi) han sido los primeros en salir a la palestra tras el sonrojante empate de Almería señalando, junto a Txiki Beguiristain, la falta de carácter y madurez del equipo, pero su voz nunca ha sido escuchada con fuerza en el vestuario ni en el club. Por lo menos hasta ahora. Henry, del que cada vez estoy más convencido que fue fichado para tomar el relevo de este Decosistema junto a Touré, Abidal, Thuram y Eto’o (la connexión francesa), ha demostrado con sus declaraciones sobre su hija tener la cabeza en otros asuntos y ser el jugador frágil emocionalmente que fracasó en la Juve y que ha vivido sus mejores momentos de la mano del psicólogo Arséne Wénger. Eto’o, que ha estado años viviendo a la sombra de Ronaldinho y consumiéndose interna y externamente por sus celos hacia el brasileño, ha demostrado ser un buen jugador, pero carecer hasta el momento del liderazgo que de palabra tantas veces ha querido ostentar. Milito podría ser un buen líder, pero acaba de llegar y la falta ascendente en el vestuario, de Rijkaard y su carácter mejor no hablamos… y así podríamos ir analizando caso por caso hasta darnos cuenta que el vestuario del Barça es ahora mismo un gran conglomerado de planetas que carece de un sol alrededor del cual debe girar. Bienvenidos al Big Bang.

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