Anecdotario: El gol de Ronaldinho a Inglaterra en el 2002

Tras la retransmisión que hizo la BBC del partido entre Brasil y Inglaterra del Mundial del 2002, en el que los brasileños ganaron por 1-2 tras remontar el 1-0 de Owen con goles de un tal Rivaldo y Ronaldinho, de falta, la pantalla se quedó en blanco. Sin embargo, los espectadores del canal inglés aún podían oir los comentarios de Alan Hansen y del exjugador Ian Wright, que lógicamente pensaban que ya no estaban en el aire. «Seaman (el portero de Inglaterra) estaba cinco putos metros fuera de su portería!», gritó Ian Wright, que continuó diciendo «en qué cojones pensaba (el técnico Sven Goran Eriksson) quitando a Michael Owen?».

Portavoces de la BBC tuvieron que pedir disculpas públicamente sobre el incidente.

Inglaterra: el fútbol del siglo XXI

Si esta noche no hay ningún cataclismo, el FC Barcelona se encontrará mañana en semifinales junto a tres equipos ingleses. El Chelsea no dio espacio para la sorpresa en Stamford Bridge y volverá a medirse en semifinales al Liverpool, que protagonizó un partidazo ante un Arsenal que acusó demasiado el penalti de libro no pitado sobre Hleb en la ida y el más que dudoso que sí que se le señaló el árbitro con 2-2 en el marcador y la eliminatoria a su favor.

e__archivo_photo_10_1_1_20080409_ypr01f1tif6.jpg

Polémicas a parte, es innegable la hegemonía en Europa de un fútbol inglés que ha colocado a un representante en las últimas tres finales de la Champions y que ha acabado desbancando al Calcio y a la que en su momento se llamó la ‘Liga de las estrellas’. Uno de los principales motivos es el de siempre, el económico: la fortaleza de la libra esterlina y la suculenta cuota de mercado que mueven los aficionados ingleses, mucho más ávidos de consumir merchandising que los de otros países. Esto ha provocado que sean muchos los inversores y magnates extranjeros que se han decidido a invertir en clubes británicos que hasta no hace mucho estaban bordeando la ruina. El caso más mediático y famoso es el del Chelsea, donde Roman Abramovich ha fichado todo lo que ha querido para conseguir una Champions que se le ha negado sistemáticamente con José Mourinho en el banquillo. Veremos si éste año, que le ha ‘despedido’ es el bueno. Sin embargo, no es el único caso. El Liverpool está controlado por inversores americanos, el también estadounidense Malcolm Glazer manda en el Manchester United y el Manchester City, por poner otro ejemplo, tuvo como máximo accionista al exprimer ministro thailandés Thaksin Shinawatra.

La Premier League, pues, se ha globalizado hasta tal punto que hace apenas unos meses se habló de jugar una jornada del campeonato fuera de la islas, lo que provocó cientos de voces críticas con semejante aberración. La globalización llega tan lejos que incluso se han lanzado iniciativas como la de Myfootballclub, en la que miles de internautas se juntaron para comprar acciones de un club, que finalmente fue el Ebbsfleet United, y en el que deciden desde alineaciones hasta contratación de los entrenadores, según las acciones que tienen.

Son ejemplos del grado de apertura de un fútbol que, a mediados de los 90, se dio cuenta que se había encallado, encerrado en sus tradiciones y en sus tácticas basadas en la fuerza y el balonazo directo al área para buscar el rechace, que les hacían fracasar sistemáticamente en Europa ante rivales más avanzados tácticamente, como los italianos. La Premier empezó a importar jugadores de estos países y, lo que es más importante, técnicos europeos que poco a poco fueron cambiando costumbres y estilos ancestrales. Uno de los precursores fue Arséne Wénger, que fue acusado poco menos de sacrílego al llegar a jugar en el Arsenal con 11 jugadores de fuera de las islas, pero ahora su modelo de ir a buscar jóvenes talentos de las escuelas del globo es imitado por los grandes clubes ingleses. Rudd Gullit en el Chelsea, Sven Goran Eriksson, Gerard Houllier en el Liverpool, su sucesor Rafa Benítez… Cada vez ha sido más frecuente ver a un gran club inglés entrenado por un mánager extranjero, que no sólo ha aportado su conocimiento táctico, sino que allí ha podido imprimir su filosofía de trabajo de manera integral a todo el club. Un ejemplo de esto ha sido la llegada de Juande Ramos al Tottenham. El extécnico del Sevilla contó en una entrevista quese quedó horrorizado cuando vio lo que comían los jugadores de su equipo: buffet libre y todo tipo de carnes, dulces, guisos, salsas… Resultado, puso a la plantilla a dieta con el objetivo de bajar un global de 100 kilos su peso.

La evolución del espíritu del fútbol inglés

Gracias a estos pequeños detalles y a la influencia de diversos estilos europeos, el fútbol inglés ha sabido mantener su espíritu y, a la vez, evolucionar hasta ser el que mejor se adapta a lo que podríamos llamar el estilo del siglo XXI: un fútbol fuerte, potente, rápido, con un alto ritmo de juego y futbolistas polivalentes, que combinan la dosis justa de técnica, fuerza y lucha. Steven Gerrard, Frank Lampard, Cesc Fábregas y Cristiano Ronaldo, los líderes del Liverpool, Chelsea, Arsenal y Manchester, son los paradigmas de este fútbol total que se está imponiendo en Europa: atacan, defienden, son técnicos, tiene buen disparo desde media distancia, cabecean bien, lanzan faltas… Dominan todos los conceptos del fútbol y los aplican en un partido. Lo mismo pueden decirse de sus equipos. Aunque tienen estilos diferentes (el Liverpool, a la contra, el Chelsea, mixto, el Arsenal y el Manchester, llevando más la iniciativa), todos juegan con una intensidad altísima, como un bloque, con un alto concepto táctico, una gran nobleza y un elevado sentido del sacrificio individual para el colectivo.

De cara a futuros enfrentamientos, solo puede decir que Manchester, Chelsea y Liverpool no son mejores técnicamente que el Barça, pero sí que son mucho más completos. Tienen más fuerza física, mejores lanzadores de faltas y son peligrosos enlas jugadas de estrategia, tres virtudes de las que carecen en mayor o menor medida los azulgrana y que pueden decidir enfrentamientos tan igualados como estos de Champions. Bastará la técnica de los de Frank RijKaard para desbaratar el fútbol del siglo XXI de los ingleses?

El bisturí de Joan Laporta

Joan Laporta vivió el domingo su primera pañolada en el Nou Camp por parte de unos socios y aficionados que expresaron así su desacuerdo con la manera como está gestionando la junta directiva el club en los últimos meses. Porque ésta es la única lectura válida que se puede hacer de semejante reacción espontánea, espoleada en gran medida por las declaraciones que esa misma mañana había hecho el presidente en L’Hospitalet ante las peñas del Barça. Fue, sin duda, la ‘versión 2008’ de la Vilafrancada de Eto’o, una serie de expresiones y declaraciones histriónicas que pasarán a la historia del imaginario más cutre, más cómico, de los directivos del FC Barcelona. Porque sólo así se puede definir el contenido de lo que dijo el presidente, que resulta tan burdo y tan absurdo que casi no merece la pena comentarlo.

e__archivo_graphic_10_1_2_20080407_ykap07_eps2.jpg

Acusar a algunos periodistas de no ser del Barça me resulta cómico, puesto que es totalmente cierto que hay algunos que no lo son… y tampoco lo esconden! Eso, por si mismo, no les invalida para ser buenos periodistas, puesto que incluso les permite analizar las situaciones con menos atisbos de pasión o con una mayor imparcialidad, del mismo modo que hay periodistas por los que puedo poner la mano en el fuego y asegurar que son mucho más del Barça y sufren el doble que cualquiera de los directivos. El otro apunte que quería hacer sobre su discurso es que me indigna que se quiera confundir la crítica a determinadas situaciones, acciones o personas en ir contra los intereses del club. Ser del Barça no implica reirle las gracias a los directivos y los jugadores, que es poco menos lo que pasó la temporada pasada, en parte porque el equipo había ganado un crédito descomunal, y así nos fue. Ser del Barça es denunciar las cosas que no van bien y dejar que la gente juzgue, aunque también es verdad que la crítica se puede hacer desde un punto de vista constructivo o de una manera incendiaria. Ahí no entro y cada periodista sabe por dónde van sus tiros.

Lo que me sorprende sobremanera es la tendencia megalómana que tienen muchos líderes, de cualquier ámbito, de confundirse a si mismos con la entidad en el paroxismo de su poder. Joan Laporta representa y dirige al Barça, pero no es el Barça, y criticarle a él, o a Rijkaard o a Ronaldinho por hechos concretos y argumentados no es querer hacer daño al club. Al contrario. Si repasamos sus declaraciones van en consonancia con las Josep Lluís Núñez, en las épocas más crispadas de su mandato, de Joan Gaspart, que ya sabemos todos como es, o incluso de grandes dirigentes dictactoriales de la historia que han llegado a confundirse a si mismos con el país al que eventualmente estaban gobernando y, quizás, llevando a la ruina o a guerras fratricidas. Y con esto no quiero establecer comparaciones directas globales, sinó que quiero señalar sólo actitudes concretas.

Porque, lo que sorprendió del discurso de Joan Laporta no fue el contenido, que roza el absurdo y va en radicalmente contra precisamente de lo que él hacía en su época del Elefant Blau, sino su tono, la crispación del mensaje, que denotan el enorme nerviosismo que sufre el presidente. Hay quién postula que el mandatario ha sido siempre así y que se ha sacado la careta. Yo creo sinceramente que no, pese a algunos deslices como lo del aeropuerto o el enfrentamiento con Juanjo Castillo a la salida de un restaurante. En este sentido, os contaré una anécdota. En el primer año de su presidencia, la junta directiva montó un torneo interno de fútbol con medios de comunicación y en el que había un equipo de directivos, uno del cuerpo técnico, otro del fútbol base… El día en que nos tocó jugar a Mundo Deportivo contra los directivos, Jan Laporta fue sonriente a cada jugador del nuestro equipo antes de empezar dándonos la mano y diciendo «Hola, sóc en Joan«. Yo no soy una persona fácilmente impresionable, pero me dejó sin plabaras de todo un presidente del Barça hicera gala de esta humildad y apenas pude balbucear un ridículo «hola, sóc l’Albert«. Cómo si no lo conociéramos!

Puede que os parezca una historieta estúpida o banal, pero para mi es reveladora de una junta directiva que entonces era jóven, fresca, emprendedora, y que ahora parece cansada, bloqueada y desgastada. Me imagino que no debe ser fácil ser presidente del Barça. Lógicamente tiene muchas cosas buenas, pero a su vez debe resultar cansado estar siempre en el punto de mira de los medios de comunicación y cuestionado por cada pequeña decisión que tomes. Semejante infusión de poder y presión pueden poner a prueba el carácter más fuerte. Creo que la imagen que más se asemeja a lo que debe ser estar sentado en esa silla es el anillo único que forjó el maestro J.R.R. Tolkien y que dota de un poder casi ilimitado a quién lo posee, pero que a su vez conlleva el peligro de absorberlo, cambiarle la personalidad y consumirlo.

Las tres fases del mandato de Joan Laporta

Visto en perspectiva, su mandato al frente del Barça consta de una primera fase de reconstrucción (trabajo incansable, muchas iniciativas, ilusión, buenas maneras…), una segunda de recogida de frutos (títulos, jogo bonito, algo de prepotencia…) y una tercera de autcomplacencia (dolce vita, ausencia de código interno y de decisiones traumáticas o comprometidas, nervios…). De la misma manera que su trabajo honrado, árduo y comprometido se acabó filtrando al primer equipo y llegaron los resultados, los nervios de ahora, la autocomplacencia y la indefinición han acabado llegando a una plantilla que transita por el campeonato sumida en una crisis de identidad y de confianza, preguntándose una y otra vez quiénes son sus referentes.

Es evidente que Joan Laporta está nervioso, pero yo creo que está más nervioso por el futuro que por un presente que, visto fríamente y como él defiende, no está TAN mal. El Barcelona quedará seguramente segundo en la Liga, ha caído en semifinales de Copa y tiene opciones en la Champions League, un panorama que no es desolador para un club que, no hace tanto, encadenó 18 temporadas sin ganar una Liga o que ha ganado dos Copas de Europa en su historia. El problema no es tan presente sinó futuro, puesto que ha llegado el momento de tomar decisiones valientes y que no admiten margen de error. Ha llegado el momento de decidir si se confía en Frank Rijkaard o en un proyecto continuista (Pep Guardiola) o se produce un cambio en el modelo de juego y la dirección del equipo. Ha llegado el momento de intervenir quirúrgicamente a una plantilla en la que no se pueden poner vendas, como la temporada pasada. Hay que coger el bisturí y decidir hasta qué punto debe ser agresiva este intervención. Si cambias a Larsson por Gudjohnsen te puedes equivocar, porque la columna vertebral del equipo sigue intacta. Pero si vendes a Ronaldinho y Deco, que han sido los dos jugadores más determinantes de tu mandato, debes acertar plenamente en sus sustitutos, porque si no el equipo queda huérfano de referentes, como ha pasado esta temporada. Y el gran problema, la fuente de todo este nerviosismo, es que creo firmemente que Joan Laporta no tiene ni idea de qué hacer y que está esperando al ‘milagro de la Champions’ para no tener que tomar decisiones drásticas y arriesgadas que ya deberían estar más que asumidas. Lo grave y él lo sabe, es que aunque se gane la orejona la situación es complicada y requiere la intervención del mejor cirujano. Ya no vale escorrer el bulto y dejar al enfermo en manos de los practicantes o esperar a que se cure solo.

Enlaces relacionados

Un embudo monumental

El Real Madrid salió vivo (o con un punto) de la carnicería a la que le sometió el Mallorca y el Villarreal demostró en Sevilla que le falta un paso para poder aspirar al título de Liga, por lo que ayer era una ocasión genial para que el Barcelona se diera un poco de oxígeno y moral ganando a un Getafe que había perdido en sus cinco visitas anteriores al Nou Camp. Sin embargo, la historia reciente se repitió de nuevo y el equipo dejó escapar dos puntos, que le complican una Liga en la que muy pocos o casi nadie ya cree. El problema no son los resultados y empiezo a creer que ni el físico ni las ganas. Justo en el día en el que Joan Laporta se destapó con unas contundentes declaraciones para venir a decir que «el equipo no está tan mal como lo quieren pintar», los jugadores de Frank Rijkaard acabaron demostrando lo contrario.

29188.jpg

Nadie podrá acusar al Barça de no dejarse ayer la piel en el campo o de no tener mentalidad ganadora en un partido que, siendo justos, mereció llevarse por ocasiones y por palos. Y quizás eso es lo peor de todo. La sensación de impotencia, de ‘esto es lo que hay‘, de que sin Ronaldinho, Deco y Messi, este conjunto es un buen equipo… y punto. Lo siento por los que idolatran a Eto’o o por los que tienen a Puyol e Iniesta como ídolos, dos jugadores que por cierto ayer hicieron un gran partido. Son grandes jugadores, sí, pero no son decisivos como el gaucho, como un Deco que hacía jugar al equipo como los ángeles cuando estaba bien o como un Messi que vuelve locas a las defensas con su velocidad. El Barcelona ha acusado sobremanera estas ausencias, que han evidenciado un claro déficit estructural de esta plantilla que ya he apuntado en algún post anterior: no tiene extremos ni carrileros.

Todo el juego, por el centro

El FC Barcelona actual es un equipo diseñado para jugar por el centro, con tres delanteros centros, tres medios que se agrupan alrededor del círculo central y con laterales que, a excepción de Silvinho, son más bien defensivos y no saben llegar hasta la línea de fondo y centrar con garantías o desbordar en el uno contra uno. Ayer esta carencia de un jugador del perfil de Cristiano Ronaldo, Jesús Navas o Diego Capel se hizo sangrante. Los de Frank Rijkaard provocaron ellos mismos un monumental embudo por el centro ante el que el Getafe, pese a sus bajas y lesiones, le bastó con acumular gente y mantener el orden en esa parcela. A partir de ahí, las ansias azulgranas hicieron el resto y el partido terminó convertido en una monumental trampa en la que únicamente la mala selección de opciones en las contras y el cansancio físico de los visitantes acabó evitando que se convirtiera en mortal con un 0-1. Eto’o, apartado del centro, pierde pegada y Bojan, de delantero centro, es como una seta en un bosque de pinos si es él quien debe rematar el bombardeo de centros al que sometieron los azulgrana al Getafe. Un recurso al que el Barça no está acostumbrado y que se convierte en menos efectivo aún si los centros llegan desde el pico del área, y no desde la línea de fondo, ya que los centrales contrarios siempre tienen ventaja y ven venir la pelota de cara.

El gran problema del Barça ahora mismo es que nadie desborda en las bandas y por eso es tan necesario de cara a la temporada que viene fichar laterales con profundidad y recorrido, como Daniel Alves, o algún extremo bueno en el desborde, que juegue pegado a la línea, como Mancini (Roma), Diego Capel o Jesús Navas. Como única solución temporal, hasta la vuelta de Messi, se me ocurre que Rijkaard podría hacer entrar a Gudjohnsen en el centro del campo y situar a Iniesta en el flanco izquierdo, en el que ayer también demostró capacidad de desequilibrio. Pese a todo, el Barça es el gran favorito para pasar ante el Schalke 04 y tiene opciones en semifinales, pero pase lo que pase en la Champions, aunque se gane, este equipo necesita una remodelación en profundidad.

Anécdotas: La charla táctica de Vic Buckingham

Temporada 1969-70 antes de un partido del FC Barcelona contra el Betis. El técnico inglés Vic Buckingham coge una tiza y un borrador y empieza a dar vueltas por el vestuario sin decir nada. Al cabo de un par de minutos, los jugadores empiezan a revolverse inquietos, esperando algún gesto de su entrenador, y preguntándose «a ver qué dice éste ahora?».

Finalmente, Buckingham de dirige a la pizarra del vestuario y escribe ‘BETIS’ con letras grandes. Acto seguido, va andando hasta detrás de dónde estaban sentados los jugadores, lanza con fuerza el borrador a la pizarra y grita ‘FUCKING BETIS!’. Y así da por concluída su charla.

El Barcelona acabó cuarto aquella temporada, por delante del Real Madrid, que fue quinto (!) y a siete puntos del campeón, que fue el Atlético de Madrid. Una clasificación bastante impensable hoy en día. Vic Buckingham entrenó al FC Barcelona dos temporadas, hasta el año 1971.

(Fuente, Charly Rexach, en su libro Ara parlo jo)

Físico y ausencia de complejos, las claves

Arsenal y Liverpool, especialmente los segundos, enseñaron ayer al mundo que a estas alturas de la película hacen falta dos cosas para sobrevivir en la Champions: fuerza física y no tener complejos. Lo primero, para ser capaz de sobrevivir al choque de trenes que supone enfrentarte a un equipo inglés, que no te da ningún segundo de respiro y pelea cada córner, balón y falta como si fuera el último minuto de la final. Y lo segundo, para poder salir vivo de partidos y situaciones en los que prima más el resultado que el estilo.

e__archivo_photo_10_1_1_20080403_ypr01f1tif6.jpg

Ayer pudimos presenciar un enfrentamiento apasionante entre dos maneras diametralmente opuestas de concebir el fútbol. El Arsenal, lo más parecido al estilo del Barça que hay en Europa, con un 4-4-2 y apostando por tener el balón, por crear juego, por usar las bandas, las combinaciones en cotro… El Liverpool, pertrechado atrás con su 4-2-3-1, con un Carragher siempre dispuesto a echar una mano donde hace falta; con dos medios centros que son un compendio de fuerza física, despliegue y buen movimiento de balón; con dos extremos de largo recorrido, que tanto cometen un penalti como marcan el gol del empate; con Gerrard dispuesto a aparecer para romper un partido en una acción puntual y Torres como temible y afilada punta de lanza. Y el resultado fue un partido eléctrico, en el que el Arsenal mereció bastante más y el Liverpool sacó un resultado bueno, porque obliga a los de Wénger a marcar en la vuelta.

Reconozco que soy del Arsenal y, por lo tanto, poco imparcial, pero también me identifico más con su manera de jugar, más creativa, que con la del Liverpool. Los de Rafa Benítez se pasaron toda la segunda mitad encerrados en su campo y no chutaron a puerta, pero se llevaron un buen resultado y lo celebraron por todo lo alto. No lo critico, porque también es una manera de jugar a fútbol, pero no me gusta, aunque me fascine ver lo bién trabajado que está tácticamente el equipo del entrenador español. Me encantó, eso sí, Javier Mascherano, un jugador impresionante, que siempre está donde debe estar y tiene una gran capacidad de movimiento de balón. Creo que sería un fichaje ideal para el Barça, para apoortar solidez a la medular, como también lo sería Cesc. Es una delicia ver como el de Arenys mueve a su alrededor a un elenco de jugadores jóvenes, descarados y talentosos, como Hleb, Walcott, Adebayor o Flamini, también impresionante ayer en su despliegue físico. Para los que dicen que con Iniesta y Xavi ya hay suficiente en el Barça, dos apuntes: Cesc fue el segundo jugador que más kilómetros corrió ayer en su equipo y posee un espectacular desplazamiento en largo, algo de lo que carece actualmente el FC Barcelona.

Hará falta otra gesta del Arsenal

La mala suerte, la torpeza de Bendtner salvando un gol de su compañero Cesc sobre la línea y un penalti escandaloso no pitado sobre Hleb dejan al Arsenal a expensas de un nuevo milagro, como el que ya obró en San Siro, si quiere estar en semifinales. Allí se encontrará probablemente con el Chelsea, pero ojo al Fenerbahce. Los turcos se sobrepusieron a un autogol en frío y ya han demostrado que son un equipo imprevisible, que juega con la misma frescura, imaginación y desparpajo con la que se movía sobre los terrenos de juego su entrenador, Zico. La derrota del Chelsea en Estambul y la segunda parte del Liverpool en Londres, donde no tuvo ningún complejo en defender un resultado que era bueno, dan aún más valor añadido a la victoria del Barça en Gelsenkirchen. Normalmente no gana la Champions el que juega mejor, si no el que sabe combinar rachas de buen juego con otros momentos de más especulación de saber controlar el partido y las eliminatorias.

El Liverpool tiene mucho menos fútbol que el Arsenal o que el Barça la temporada pasada, pero posee dos características que le hacen temible en la competición continental: poderío físico y ningún complejo para defender determinados resultados, aunque sea jugando feo.

Anecdotario: La última expulsión de Vinnie Jones

Vinnie Jones es uno de los personajes más brutos y divertidos que ha dado el fúbol británico en su historia. Saltó a la fama por marcar a Paul Gascoigne y ser fotografiado agarrándolo por los testículos en un acto que le valió ser bautizado por algunos medios ingleses como ‘Vinnie CoJones’ . El historial de anécdotas y expulsiones de este duro defensa central del Wimbledon, Leeds, Chelsea o QPR es larguísimo, pero hay una que resulta especialmente divertida. Tras retirarse del fútbol se trasladó a Los Ángeles, donde ha hecho apariciones en numerosas series y películas, y participa en amistosos benéficos organizados por el Hollywood United FC. En uno que se disputó en el año 2002, Vinnie entró en el campo como un toro rabioso, a los 15 segundos levantó a un contrario con una tremenda entrada… y fue expulsado!

El Hollywood United FC es un equipo formado por exjugadores como Steve Jones, Vinnie Jones (en la foto de arriba, a la derecha, junto a Frank Lebouef), Alexi Lalas, Frank LeBouef, Eric Wynalda, Barry Venison, Richard Gough o John Harkes que aún actualmente organizan partidos benéficos.De hecho, debe ser un espectáculo entrar en un vestuario en el que también está Anthony LaPaglia, una de las estrellas del mítico Cosmos, que mantuvo una dura pugna con Pelé por ver quién era más fiestero y mujeriego. Otra de las curiosidades del equipo es que a veces se enfrenta contra ‘selecciones de estrellas de la música’ o de ‘estrellas del cine’. Cosas de Hollywood.