Maratón de Barcelona 2012 (3h11'11'')

Qué hace tan especial una maratón? La distancia? El ambiente? El correr con gente con todo el mundo? El plantearte un reto y superarlo? La dureza del desafío? Poner a prueba tanto tu capacidad mental como física? Una mezcla de todo ello? La verdad es que no lo sé. Para cada persona, con sus objetivos personales, puede significar una cosa diferente, pero sí que es cierto que en una sociedad tan ‘controlada’ como la nuestra, cuesta encontrar aventuras de este calibre.

El 25 de marzo del 2012 me enfrenté a mi segunda Maratón, ambas en Barcelona. Atrás quedaban las emociones y los miedos de la primera, en la que ni tan siquiera sabía si podría llegar a la meta y había acabado haciendo 3h37′. Desde el día que terminó aquella edición (el 7 de marzo, lo recuerdo bien), me había propuesto volver y mejorar mi tiempo. Había sido un año de incontables entrenos los domingos a las 6 y las 7 mañana con Jesús Tenor y Sergi Montes (casi todos de montaña) y otros por mi cuenta. Sumando cada vez más quilómetros, alternándolos con las clases en el gimnasio y mejorando día a día a base de agujetas y tenacidad.

Normalmente antes de una carrera me planteo tres objetivos, de menos a más ambicioso. El primero en este caso era acabar, porque creo que no se le puede perder el respeto a una prueba tan dura como la Maratón. El segundo era rebajar mi tiempo del año pasado, algo que estaba plenamente convencido que haría, y el tercero era una marca objetivo, que yo había situado alrededor de 3h15′.

La verdad es que soy una persona tranquila, que suele templar mucho los nervios, y el hecho de tener la certeza de haber mejorado respecto al año pasado y de ya haber corrido una Maratón me infundía mucha calma. Estoy de acuerdo con Jesús que lo más complicado de esta prueba es el entreno y, pasara lo que pasara, eso ya lo tenía hecho. Lo único que me preocupaba era padecer problemas físicos y las luces de alarma se me encendieron cuando a dos semanas vista de la prueba me salieron unas molestias muy extrañas (yo creo que inflamación) en la zona posterior y lateral de la rodilla derecha. Para rebajarlas, me tomé antiinflamatorios, pero eso me provocó algunos desórdenes gástricos. El punto crítico llegó el viernes por la mañana, cuando me levanté con el estómago totalmente revueto, salí a correr suave y me molestaba la rodilla, me hice un masaje y me encontraron dos contracturas brutales en los gemelos y por la tarde, haciendo clases en Vilafranca, aumentó mi dolor de rodilla. En algunos momentos llegué a pensar en no salir, pero decidí no ser negativo y esperar a ver cómo evolucionaba todo el sábado, que tenía jornada de descanso.

Finalmente llegó el día de la Maratón y, pese a que dormí mucho más que el año anterior, me desperté ya con el gusanillo en el estómago. Nos encontramos con Jesús, que iría más rápido que nosotros para tratar de bajar de 3 horas, y con Sergi, que me acompañaría pese a que está mucho más fuerte que yo. Su presencia era un seguro de vida para mi y un alivio, puesto que no tenía que preocuparme por el ritmo, pero en parte me daba miedo no poderle seguir. Sergi es uno de mis mejores amigos, nos conocemos desde pequeños, habíamos jugado juntos a hoquei, hemos pasado por muchas cosas juntos y creo que gran parte de las cosas que he conseguido corriendo se las debo a él. Cuando le di las gracias después de acompañarme en mi primera maratón a un ritmo que para él debió ser de tortuga ninja, de limitó a decirme ‘has corrido tú’, pero aún así, para mi suponía una tranquilidad enorme tenerle ahí.

Nos encaminamos rápido hacia nuestro cajón, el rojo, para los corredores de 3h a 3’30h y nos pusimos delante, junto a gente de Dinamarca, Polonia, Italia, Francia… De la salida recuerdo la canción de Gossos ‘corren’ (ni fu ni fa) y como se me puso la piel de gallina cuando sonó el ‘Barcelona’ de Freddy Mercury y dieron el pistoletazo de arranque a la vez que tiraban papeles de colores. Nos dimos un rápido apretón de manos con Jesús, le deseamos suerte y enfilamos la salida, que este año era diferente a la anterior. Tras unos primeros 5 kilómetros de calentamiento (23’17”), pillamos el ritmo previsto alrededor de 4’30” el quilómetro y pasamos el 10 en 45′. Por aquél entonces yo, que sudo mucho, iba ya completamente empapado y Sergi también se lamentó de que iba a hacer mucho calor. Aún así, la rodilla no me molestaba e iba muy cómodo a un ritmo que en ocasiones se acercaba incluso a 4’20”, así que me relajé y nos pasamos un buen rato hablando de cosas como el Barça, Mourinho, Juego de Tronos…

Solo he hecho dos maratones y tampoco soy nadie para dar consejos, pero creo que un corredor tiene que ir cómodo hasta el kilómetro 25 si quiere tener opciones al final. Nosotros pasamos la media maratón en 1h34’22”, 15 minutos menos que el año pasado y tres menos de lo que habíamos previsto en los entrenos (1h37”). Eso me dio mucha confianza, pero tampoco quería relajarme, porque sabía que lo duro empezaba entonces. Habíamos pasado por el tramo ‘bonito’ de la prueba, con el Camp Nou, la Diagonal, el Passeig de Gràcia, Sagrada Família y nos dirigíamos hacia la Meridiana y la zona marítima. En el 25 tomé mi segundo gel (el primero en el 15, ambos Powergel) y seguía hidratándome muy bien (solo con agua) para paliar lo mucho que sudaba. En ese punto me encontré con José Maria Rubí, un antiguo compañero de facultad y maratoniano veterano, lo cual me hizo mucha ilusión. Compartimos alguns palabras, pese a que las fuerzas empezaban a ir justas.

Hacia el 27-28 seguíamos a ritmo, pero yo empecé a notar pinchazos en el isquiotibial izquierdo y, luego, en el quadríceps. La verdad es que me preocupé, porque si me pillaba rampa a 14 km del final estaba fuera y le pedí a Sergi de bajar algo el ritmo, aunque de cardio iba perfecto. Hacia el 32 las molestias remitieron, pero entrábamos en la parte dura de la prueba. Ahora ya para mantenerme a 4’30” debía forzar el paso y cada kilómetro empezaba a hacerse eterno. Habíamos pasado el 30 en 2h13′, así que incluso haciendo los 12 restantes a 5′, bajaría de mi objetivo de 3h15′. Cuando corro, trato de aferrarme a cosas positivas, como ésta o el hecho que sólo quedaba un 10.000 al pasar por el 32, pero la dureza y la calor iban en aumento.

En el kilómetro 35 tomé mi último gel, el Cop de Fuet de Overstims, que teóricamente es estimulante. Tras pasar por todo el litoral, entrábamos en la última parte del recorrido, que es muy bonita (Arc del triomf, plaça Sant Jaume, ramblas, Catedral…), pero se me hizo terriblemente dura. Para mi, la verdadera maratón, lo tremendamente duro y retador, va del 36 al 42. Parece una nimiedad a esas alturas, pero cada kilómetro es un desafío, casi un drama. En este tramo recuerdo los ánimos constantes de Sergi, que se iba parando a esperarme, y que ya no pude bajar ningún kilómetro de 4’30”. En el 38, delante del Corte Inglés, me pasó Josef Ajram como una flecha, algo que me dolió moralmente, pero que más tarde me hizo reflexionar que si uno de mis referentes cuando empecé a correr hace dos años me adelantaba tan tarde, quería decir que algo había hecho bien durante este tiempo.

Llegamos al kilómetro 40 en 3h y con opciones reales de bajar de 3h10’… si no me hubiera ‘hundido’ tanto. Sólo me quedaba completar el Paral·lel, pero hacía una ligera subida y se me hizo eterno. Es curioso, pero si no hubiera estado Sergi no habría apretado tanto y me hubiera dejado ir aún más. Completé los 2,095 km. en 11 minutos (por encima de 5′) y cabreado por esta situación. Sólo cuando doblé la última curva y entré en la meta me permití sonreir y dejar ir un poco la satisfacción por lo logrado, aunque la verdad es que mis primeras sensaciones fueron de mucho dolor en las piernas, cansancio y cabreo por haber aflojado tanto. Ya en meta nos encontramos con Jesús, que había tenido problemas de rampas en los gemelos en los últimos km. y había entrado apenas 30” antes que nosotros. Aún así, batió su marca personal y puede sentirse más que orgulloso.

Yo, por mi parte, estoy contento con la progresión de este año y por haber bajado de mis mejores previsiones. Creo que 3h11′ ya es una marca ‘digna’ de Maratón, especialmente cando sólo has hecho dos, y que bajar de aquí requerirá muchísimo sacrificio, pero bueno, tiempo al tiempo. Ahora ya, a pensar en la Ultratrail Barcelona del 28 de abril, en la que por primera vez en mi vida pasaré de 100 km. en un sólo día. A ver cómo va…

La opción Josep Guardiola

La indefinición de cara a tomar medidas para la temporada que viene de la junta directiva, que sigue esperando ‘el milagro de la Champions’ ha provocado lo que era de prever: que se vayan agotando todas las opciones disponibles cuanto a técnico y que uno de los que más sonaban, José Mourinho, esté ya trabajando para un Inter en el que seguramente la temporada que viene se reencontrará con Deco. De cara al FC Barcelona esto deja un escenario que es bastante fácil de dibujar: nadie se atreverá a echar a Frank Rijkaard si gana la Champions y, si hay que llegar a este extremo, el relevo consistirá en darle la alternativa a Josep Guardiola, actual entrenador del Barça B, tal como adelantó hace unos días TV3.

Hablar del de Santpedor implica el peligro de caer en la reacción fácil y acusarlo de no tener experiencia como entrenador y menospreciarlo por ser catalán y ‘de pueblo’, pero de entrada son dos razones que no lo invalidan para dirigir al primer equipo azulgrana. Frank Rijkaard tampoco había ganado nada cuando se hizo cargo del equipo en el 2003 y luego se reveló como un técnico excelente. Su único bagaje era haber sido una gran estrella como futbolista a nivel mundial y el prestigio y la experiencia que esto comporta. Sin llegar a sus extremos, Guardiola también goza de este prestigio en el mundo del fútbol europeo, tiene el respeto de la gran masa de aficionados azulgranas (aunque también había muchos críticos hacia su manera de ser y jugar), conoce hasta el cuartito del material del Nou Camp y, por su condición de catalán, canterano y capitán del Dream Team puede considerarse como un símbolo del club.

Como Frank Rijkaard, Guardiola tiene un carácter más bien pausado, reflexivo y es una persona inteligente, que suele leer algo más que periódicos deportivos, y que encaja con el perfil de entrenador que quiere Joan Laporta para el primer equipo del FC Barcelona. Se ha empezado a foguear esta temporada como entrenador con una perita en dulce, un Barça B que está muy por encima del resto de sus rivales en Tercera División, con permiso de un Sant Andreu al que le disputa el liderato. Las características de este grupo han hecho que esta temporada el filial no haya tenido en ningún momento la presión por entrar en las eliminatorias de ascenso, ya que estos dos equipos y el Reus se han escapado desde el primer momento en la tabla. La única presión real llegará en el momento de afrontar dichas eliminatorias, dentro de un mes, puesto que cualquier error le deja fuera y sin ascenso. Veremos cómo reacciona el técnico.

De momento, Josep Guardiola ha convertido a su equipo en un calco del de Frank Rijkaard, para lo bueno y para lo malo. Los azulgrana se han mostrado intratables en el Mini, donde los espacios y la calidad de sus jugadores le han permitido ganar 16 partidos y empatar uno. Sin embargo, fuera de casa el bagaje es muy pobre: cinco victorias, seis empates y cinco derrotas en campos con rivales agresivos, mucho público y en los que los jóvenes y talentosos jugadores azulgrana muchas veces se han arrugado. Como el primer equipo, el B ha marcado bastantes goles (60 en 33 partidos), pero ha encajado muchísimos (36 en 33 partidos), sólo uno menos que un Balaguer, por ejemplo, que está rozando la zona de descenso. La fragilidad en las jugadas a balón parado y la irregularidad de Oier bajo palos han sido claves en este sentido. También hay que reconocer que el técnico ha afinado mucho este problema en los últimos encuentros, ya que en los últimos seis partidos, el filial ha acabado cinco veces con la portería a cero. Curiosamente, también está marcando menos goles.

Un probable cambio táctico hace el modelo del ‘Dream Team’

Tácticamente, Guardiola se ha visto obligado a supeditar su juego al 4-3-3 que utiliza el primer equipo, pero le ha introducido variantes interesantes y más propias del Dream Team, como el buscar la polivalencia de sus jugadores. Esta temporada ha sido frecuente ver a extremos jugando en el centro del campo, centrales como pivotes (y viceversa) y interiores como laterales ofensivos. Dentro de sus aportaciones positivas hay de la tratar de hacer piña y premiar a la plantilla con una comida cada vez que logra un número determinado de victorias consecutivas o la de no temblarle el pulso a la hora de prescindir de jugadores que, como Marc Valiente, se rebelaron al principio de temporada por no querer jugar en Tercera División.

En resúmen, a mi Josep Guardiola no me parecería de entrada una mala solución para el primer equipo: es de la casa, tiene presitigio futbolístico como jugador y ha tenido un año para poder experimentar y jugar sin mucha presión. Me parece una persona inteligente, cultivada y que supongo que sabría adaptarse con flexibilidad al trago que supone verse sometido a la primera línea mediática que comporta el banquillo del FC Barcelona. Ahora bién, decantarse por él supone una línea demasiado continuista con Frank Rijkaard y creo que el Barcelona ahora mismo necesita un cambio, un nuevo modelo, sin llegar a extremos opuestos como el de Rafa Benítez, por citar alguno. Supongo que el cambio de Guardiola vendría dado por un giro hacia el sistema de juego y la disposición sobre el campo del Dream Team, la que él vivió más de cerca y que por supuesto contaría con un beneplácito de Johan Cruyff que parece imprescindible para cualquier decisión que se toma hoy en día en Can Barça. De cara a la directiva, su elección se puede presentar como un cambio y el prestigio del de Santpedor les dará un respiro de unos meses, hasta ver si la cosa va por buen o mal camino. Su condición de entrenador de perfil bajo, en comparación con Mourinho, por ejemplo, también les daría mayor margen a la hora de tratar con exigencias a nivel de fichajes. En definitiva un decisión muy de acuerdo con el seny catalán, menos arriesgada que la de Mourinho o Benítez, pero quizás menos efectiva de lo que requiere actualmente el primer equipo.

Sobre el compromiso

Una de las palabras que más ha sonado en los últimos días en Can Barça y que se viene escuchando durante mucho tiempo en el fútbol español es compromiso. La Real Academia Española de la Lengua lo define en su primera acepción como obligación contraída, pero supongo que si hacemos una encuesta a nuestro entorno cercano sobre qué es el compromiso en el deporte obtendremos una cantidad de respuestas muy dispar. Para algunos el compromiso es dejarse la piel en el campo, para otros, rendir de manera acorde con el sueldo que se cobre, hay quien pide que el jugador sienta los colores y algunos se conforman con que se vayan apenados a sus casas después de una derrota.

El compromiso ha ido adquiriendo importancia en el vocabulario futbolístico a medida que crecía también su potencial económico. Leyes como la sentencia Bosman provocaron un verdadero cataclismo en la forma de entender y componer las plantillas de los clubes. Ya no eran cuatros extranjeros y jugadores del país, sino que se podía llegar a casos extremos como el del Arsenal, que lleva algunas temporadas jugando determinados partidos sin un sólo jugador de las islas y con un técnico francés en el banquillo. La libre circulación de jugadores y el dinero que suelen mover colateralmente los traspasos han propiciado contínuos cambios de camisetas y casos como los de Cristian Vieri, que ha jugado en 13 clubes a lo largo de su carrera. Todo esto provoca que muchos jugadores entiendan los clubes como una mera estación de tren, en la que se bajan un momento para proseguir su viaje más adelante, sin preocuparse lo más mínimo por la historia, las costumbres o el día a día de la ciudad en la que se ha apeado.

La falta de compromiso no es nueva, siempre ha habido jugadores poco comprometidos o que no han tenido el más mínimo pudor en canviar la camiseta de un club por la de su eterno rival. Uno de los casos más extremos fue el de Bernd Schuster, actual entrenador del Real Madrid, en la final de la Copa de Europa de 1986 en Sevilla. Con 0-0 en el marcador Terry Venables, con el que estaba enfrentado, le cambió y el jugador se marchó del estadio hacia el hotel. Cuentan que un taxista le recogió y le dijo: “Pero, si tu eres Bernd Schuster y tu equipo está jugando!” y el alemán respondió que le deba igual lo que pasara, puesto que su técnico le había cambiado porque no quería ganar la Copa de Europa con él en el campo.

Implicar a los extranjeros es complicado

No es justo pensar que todos los extranjeros son jugadores poco comprometidos con sus clubes. Hay casos en los que éstos jugadores se han convertido en historia viva de una entidad, como Thierry Henry en el Arsenal, Marco Van Basten en el Milan o Hugo Sánchez en el Real Madrid, poniendo un ejemplo más cercano, pero también es evidente que les cuesta más empaparse de la filosofía de una entidad por varios motivos, como el idioma. Muchos, además, viven completamente aislados de su entorno, pasando únicamente del campo de entreno a su finca privada, y carecen de la sensibilidad o el interés necesario para interesarse por la cultura local, el sentir de los aficionados o incluso la historia del club.

Hay un segundo grupo de jugadores, los criados en el mismo país, que tampoco son inmunes a la falta de compromiso, pero que por lo menos conocen aspectos básicos, como la historia de ese club, la manera de sentir de su afición, su importancia a nivel estatal y, si tienen algo de cultura, incluso puede que conozcan las costumbres de la región. Muy significatives son los casos de jugadores del primer ‘Dream Team’, como Bakero, Txiki, Julio Salinas o Eusebio, que no sólo se integraron perfectamente en la cultura catalana, sino que muchos han fijado aquí su residencia e incluso hablan el catalán. Son futbolistas que saben que si quieren jugar en España y no cambiar de país, vestir la camiseta del Barcelona, del Valencia o del Real Madrid es prácticamente lo más alto a lo que pueden aspirar, y que por tanto se preocupan algo más por el club que les emplea.

La tercera tipología de jugador es el canterano, una figura que despierta críticas tan enconadas como defensas encendidas y susceptibles de mucho debates demagógicos. Intentando no entrar en este campo, resulta obvio que estos jugadores que han nacido (Bojan, Xavi…) o se han criado (Iniesta, Messi…) en el club conocen a fondo su idiosincrasia, sus costumbres, sus problemas… Muchos han llorado por una derrota o celebrado una victoria de su club con los amigos cuando eran pequeños y no conciben el fútbol con otra camiseta. Su implicación suele ser máxima, porque saben que el futuro del club está íntimamente ligado al suyo.

Llegados a este punto, qué es para mi compromiso? Anteponer las necesidades y el bién del equipo al propio y entender las victorias y derrotas como propias. Cuando un jugador se desconecta del equipo o busca su propio bién por encima del colectivo, entonces no está comprometido. Cuando un jugador no asume una derrota como propia, entonces no está comprometido. Cuando Milito o Touré juegan, pese a que tienen molestias físicas, demuestran estar comprometidos. Cuando Ronaldinho sólo ha jugado siete partidos completos de los 29 de Liga esta temporada, casi siempre por molestias musculares, demuestra no estar comprometido con el equipo.

Por todo lo antes expuesto, es por lo que me encantaría que fichara Cesc Fábregas por el Barça o por lo que no tengo ninguna duda a la hora de elegir entre Bojan y Giovanni. Es más, entre Bojan y Henry me quedo con Bojan, aunque el francés ahora mismo tenga mucha más calidad. No se trata de hacer jugar sí o sí a los canteranos, sino de aplicar una ecuación de “a igual o un poco menos de calidad, uno de casa“. Todo ello sin renunciar a la voluntad de fichar a los mejores extranjeros del mundo, a los más determinantes, pero buscando más un perfil Milito o Touré que otros más endiosados, que sólo piensan en sus coches, sus cuentas corrientes y en la salidas nocturnas y en su ropa de marca.

Qué pasa contra los grandes?

Apenas 15 días después y casi a la misma hora que Uche ponía patas arriba el Bernabéu y parecía dejar la Liga a manos del Barça, el Villarreal le dio en el Nou Camp otro giro a una competición que parece más una montaña rusa que cualquier otra cosa. El Real Madrid vuelve a estar a ocho puntos de los de Frank Rijkaard, que me temo que a partir de ahora se centrarán más en la Champions y en la Copa que en el campeonato doméstico. Una opción lícita, la de centrarte en los títulos en los que tienes más opciones, pero tremendamente peligrosa. Es como si dejas tu trabajo y con el finiquito compras un montón de números de lotería: si la jugada te sale bién, la explosión de alegría y el botín es colosal, pero si la suerte te da un poco la espalda, te quedas sin nada. Y hay que recordar que en la Copa el Barça debe ir a Valencia a marcar como mínimo un gol y que en la Champions ahora vienen los verdaderos pesos pesados del torneo.

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Hay una sensación que arrastro desde la temporada pasada y que me quedó confirmada ayer tras ver el partido del Villarreal: el Barça lleva dos años, desde la final de París, sin hacer un auténtico partidazo, sin lograr un buen resultado ante un equipo grande. Esta temporada, por ejemplo, ha perdido cuatro de los cinco partidos que ha disputado con equipos de la zona Champions (Real Madrid, Villarreal y Atlético de Madrid), mientras que la temporada pasada (Real Madrid, Sevilla y Valencia) este mismo baremo arroja una victoria en seis partidos y cinco puntos de 18 posibles. A esto hay que sumarle que el Barça perdió ante el Sevilla en la Supercopa de Mónaco, ante el Internacional en el Mundialito de Clubes y que en la Champions cayó ante el Chelsea fuera y empató en casa y con el Liverpool cayó en el Camp Nou y ganó fuera… pero quedó eliminado. Yo, sinceramente, achaqué ésta cuestión la temporada pasada a un falta de carácter general y a una mala condición física, pero creo que este año los fichajes de Abidal, Milito y Touré han aportado carácter y no noto al equipo mal físicamente, a excepción de algunos casos puntuales, así que ando un poco despistado.

El gran embudo del Villarreal

El Villarreal se mostró a mi entender como el mejor equipo que ha pasado por el Camp Nou esta temporada, con una mezcla casi perfecta de equilibrio, buena defensa, jugadores de toque en el centro del campo y pegada en los contraataques. Su técnico, Manuel Pellegrini, juega con un 4-2-3-1 en el que dos factores son claves: el doble pivote que barre todo lo que le llega y una defensa que se engancha a esta pareja de jugadores y no deja espacios entre ambas líneas. Esto, a la práctica, convierte el campo en un gran embudo en el que no se puede entrar por el centro casi de ninguna manera posible. Dicha sensación se acrecentó en la primera mitad con un sorprendente cambio táctico: Frank Rijkaard ubicó a Ronaldinho de media punta, con Henry y Eto’o por delante. La parte buena de thuramguille6.jpgesta maniobra es que el carril derecho quedaba vacío, la mala, que quién debía aprovecharlo era un Zambrotta que no tiene desborde en el uno contra uno ni precisión en sus centros. Si a esto se le suma que el Villarreal movía muy bién el balón y que al Barcelona le cuesta mucho más recuerarlo en zonas en las que pueda hacer daño a la contra, entenderemos porqué quedaban inutilizados la mayoría de los ataques azulgrana.

En la segunda mitad Rijkaard rectificó y ubicó a Ronaldinho en la izquierda y a Henry por la derecha, pero ambos tendieron a venirse al centro, en lugar de abrirse y tratar de encarar, y casi nunca desbordaron a los laterales del Villarreal. De hecho, una de las pocas veces que alguien (Iniesta) se marchó por la banda y puso un balón atrás acabó llegando el único gol de un Xavi que se ha aficionado a marcar. El gol dio paso a unos minutos de más empuje e ilusión del Barça, pero sin fútbol real. En esta tesitura el empate de poco servía y el Barcelona se desorganizó iendo a buscar la victoria y acabó propiciando el 1-2 del Villarreal, que tengo pocas dudas que acabará jugando la Champions. Rikjaard, por cierto, tardó en hacer el primer cambio y ordenó el segundo con el partido ya roto, pero tampoco creo que el problema del equipo ante los grandes sea exclusivamente de planteamiento, aunque algunos errores se han cometido. Qué creeis vosotros? Falta de carácter y competitividad? De espíritu ganador? De recursos tácticos? Un poco de todo?

Cesc, y tan deseado!

portadagran.jpgUno de los primeros posts de este blog se tituló ‘We have got Cesc Fábregas’ y hablaba sobre el buen momento de Cesc y sobre lo interesante que sería que el jugador del Arsenal acabara fichando por el FC Barcelona. Os imagináis una media con Deco, Touré y Cesc? Es por eso que ver la portada hoy de Mundo Deportivo me produce una gran satisfacción. No voy a entrar en grandes disquisiciones porque ya lo desplegué todo en el post de Cesc y porque ya lo analiza perfectamente el compañero Fernando Polo en su artículo en MD, sin embargo no puedo dejar de remarcar lo siguiente: El 4 del Arsenal es el mejor jugador que ha dado el fútbol catalán en mucho tiempo, se ha formado y juega con la ‘filosofía Barça’ y tanto su entorno como él mismo son unos enamorados del club, por lo que sería un contrasentido que no acabara vistiendo la camiseta azulgrana. Si a todo esto le añadimos que tiene 20 años y que está demostrando una madurez y un carácter espectaculares en el Arsenal, las dudas aún se disipan más. Un único ‘pero’ en toda la operación, que ya reseñé en el anterior post, el de Negocio rentable. Si ahora el Barça lo quiere pueden pasar dos cosas: que el Arsenal sencillamente se niegue a venderlo o bien que le pida un ojo de la cara y las pestañas del otro. Hace ya mucho tiempo que Cesc está apuntando cosas buenas como para ‘declarar interés’ ahora que se está saliendo y lleva siete goles entre Champions y Premier. A cada año que pasa, el precio del centrocampista de Arenys sube y sube. Cuánto esperaremos más? Hasta los 29 como Henry?

Catalonia is not Spain?

A estas alturas de la película, cuando enfilamos el cuarto final del 2007, resultan increíbles situaciones como la generada por el amistoso programado para el 14 de octubre entre Catalunya y Estados Unidos. Es demencial que se sostengan actitudes como la de Ángel Maria Villar, presidente de la Federación Española de Fútbol (RFEF), que se empecina en prohibir un partido de manera arbitraria, cerrando los ojos a todas las normativas y estatutos y haciendo oídos sordos a todo tipo de voces críticas que se han levantado. Por suerte yo no lo viví, pero me parece que estos comportamientos obtusos y cerrados a cualquier tipo de diálogo, basados en el ‘porqué no’ eran bastante frecuentes en la España de hace 50 años.

Huelga decir que la prohibicion de la RFEF no se sostiene por ningún lado. Que desde Madrid se argumente que las selecciones autonómicas sólo pueden jugar por navidades sería hasta gracioso si no fuera por el desprecio implícito que lleva esta afirmación. El año pasado, sin ir más lejos, Catalunya jugó contra Euskadi en octubre y Costa Rica en mayo, mientras que en 2004 se celebró un Catalunya-Brasil al que tuve la suerte de asistir en directo desde la tribuna de prensa. Por otro lado, la Llei General de l’Esport (DL 1/2000 de 31 de julio) expone en su articulo 19.2 que:

Les normes i els reglaments de les federacions esportives suprautonòmiques (Federació Espanyola de Futbol), només són aplicables a les federacions esportives catalanes, i si correspon als seus clubs, en matèria de disciplina i competitiva, quan actuïn o participin en competicions oficials dels àmbits suprautonòmics.

Es decir que, ni moralmente ni legalmente la Federación Española tiene derecho a prohibir un partido acordado entre dos federaciones, que cabe recordar que son privadas, y para el que, por supuesto, no va a ser convocado ningún jugador que haya jugado el día antes con España. Entonces, a qué se debe esta prohibición? Por un lado, está claro que hay un juego de intereses personales y de malas relaciones entre federativos (a nadie se le escapa la mala sintonía entre Roche y Villar), pero por el otro creo que, actitudes dictatoriales de este tipo, que no se pueden argumentar, obedecen a instintos primarios, como por ejemplo al miedo. Sí sí, al miedo por ejemplo a que algún día las selección catalana compita oficialmente. Y no soy tan iluso como para pensar que a la Federación Española le importe perder a jugadores como Puyol, Fábregas o Xavi. Pero, se imaginan una victoria de Catalunya sobre España? La humillación que eso supondría? Y para los que piensen que eso es imposible, pueden pegarle un vistazo al once posible once inicial de Catalunya y me pueden decir que es peor que el de Islandia o Irlanda del Norte, por poner dos ejemplos cercanos? Y este once-ficción, aún teniendo en el banquillo a nombres como mi tocayo Albert Jorquera, Bojan Krkic, Ferran Corominas o Marc Torrejón, que creo que sinceramente darían forma a una selección que podría dar mucha guerra en Europa.

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Tampoco voy a ser tan iluso como para no entrever que, más allá del debate deportivo, en el de las selecciones autonómicas hay un debate político que está muy por encima. Lo significativo en este caso es que hasta José Luís Rodríguez Zapatero se ha mostrado favorable a la disputa del partido, si bien es un poco más de lo mismo: enseñar la zanahoria colgada de la cabeza del asno o, en este caso, del ‘burro català’. Y es que en esto de ‘la selecció’, como en la política, hasta que no se apueste de una manera fuerte y decidida, firme e inquebrantable, desde Catalunya y sus instituciones políticas, vamos a seguir en el mismo punto muerto, pese al impagable trabajo de gente como La Plataforma Pro-Seleccions Catalanes.

Debo confesar que, personalmente, no soy un ‘anti-España’ y que cuando juega un Mundial prefiero que gane antes que Suiza, por ejemplo, pese a que su fútbol en la última década ha sido simplemente horrendo y antes prefiero ver un partido de Tercera División. Ahora bien, está claro que, para hacer el ridículo constante con España, preferiría tener una selección catalana que nos representara y que creo que muchos jugadores sentirían como mucho más suya.

Aunque sigo pensando que Laporta ha actuado tarde y de cara a la galería, tiene toda la razón del mundo que esto de los amistosos es una tontería y lo que Catalunya debe hacer es luchar por poder disputar algún día partidos oficiales. Sin embargo, ante la actuación de la RFEF ahora la cuestión ya no es si jugar un partido o no, es un tema de orgullo. Y creo que, en este sentido y sin caer en el victimismo, ya estamos un poco cansados de tener que tragarnos el orgullo por imposiciones injustas desde Madrid. Así que, como decía ‘Charly’ Rexach en la contra de ayer de Mundo Deportivo, yo jugaría el partido aún sin permiso.