¡Hola Team Duotonic!

Transvulcania del 2014. Kilian Jornet saca un bote como de ketchup y empieza a llenarse unos viales reutilizables de silicona. “Toma, en el avituallamiento del Roque de los Muchachos coges este vial y me lo llenas”, me dice. “¿Nada más?”, contesto. “Sí, me das el agua y esto. Son geles”. Lógicamente, no podía disimular mi curiosidad y después de la carrera, cuando la cosa estuvo más calmada, no dudé en abordarlo y empezar a hacerle preguntas sobre ese condenado bote. Kilian, con su infinita paciencia, me explicó que era un concepto nuevo que había nacido en Francia de la mano de un deportista llamado Dennis Gargaud y que se basaba en conceptos más ecológicos y de eliminación de residuos, especialmente en la montaña. Así, los geles se vendían en botes de 300 ml y luego podías componerte tú mismo las mezclas (directamente en los viales o junto con agua). Tenías tres tipos de compuesto: ISO (más isotónico), Malto (de carga previa de hidratos) y Recup (más pensado para después del ejercicio y la recuperación). Así fue mi primer contacto con Duo Tonic.

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Curiosidades de la vida, hace unos meses contactó conmigo Marc, de Duotonic España, y me propuso si estaría interesado en probar los productos y quizás entrar en el Team Duotonic. La verdad es que de entrada me mostré algo reticente y escéptico. En primer lugar, yo no soy un deportista profesional y eso de “ir de patrocinado” me viene muy grande. Por otro lado, los geles son algo muy particular y hay muchas marcas que no me entran, no me gustan o directamente me sientan fatal. Además, yo siempre he ido con los geles de toda la vida, en envases, y lo de llenármelos yo mismo, llevar el vial… No sé, llamadme tradicional, pero suponía un cambio de chip importante. Pero por deferencia y educación, lo mínimo que podía hacer era probarlo y dar una respuesta.

Empecé con el ISO de frutos rojos, llevándolo en el vial y tomándolo directamente en entrenos. De entrada, el gusto es espectacular, muy bueno, y la textura bastante líquida hace que no sea tan pesado de tragar como otras marcas. Luego, perfecto en cuanto a digestión y, en cuanto a rendimiento, no noté una mejora espectacular (faltaría más!), ni disminución. O sea que bien. El tema del vial me parecía engorroso al principio, pero no tiene más historia que ponerlo en un bolsillo de la mochila o del pantalón S-Lab que suelo llevar para entrenar. Me quedaba probarlo en una carrera y la primera que hice fue la Talaia (de 25 km). Llené el vial hasta arriba, lo que me permitía llevar el equivalente a dos geles, me lo puse en el pantalón y lo tomé en el km. 15 y en el 20. Y otra vez el rendimiento en la carrera fue bueno, mejor que el del año pasado incluso saliendo de una lesión. Ninguna molestia intestinal y buenas sensaciones al final de la carrera. Bien.

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Poco a poco me iba haciendo con la costumbre de preparar mis geles y empecé a experimentar. En algunos entrenos más largos mezclaba el ISO con el Malto (del mismo gusto, lógicamente) para buscar una mayor cantidad de hidratos de carbono junto a la hidratación y sales, y también empecé a mezclar el ISO con agua directamente en los soft flask. Otra prueba que me interesaba hacer era dejar de tomar la suplementación en polvo de después de los entrenos y usar únicamente el RECUP de Duo Tonic, que por cierto es de vainilla o chocolate y buenísimo de gusto. En todos los casos, las sensaciones fueron buenas. Ahora ya estoy en fase experimentación total y probando nuevos gustos como el de ‘caramel beurre salé’, una frikada con gusto de caramelo que no está nada mal mezclado con agua, o el de melocotón (muy francés), aunque me sigo quedando con el de frutos rojos, que es sencillamente espectacular.

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Y así, plenamente convencido, llamé a Marc y le dije ‘OK’. Luego ha venido el resto: entrar a formar parte del Team Duotonic en el que hay corredores estratosféricos como el propio Kilian, Aurelien Collet o Silvia Trigueros; usar sus productos, llevar una pequeña publicidad en la ropa… Como digo, a mi todo esto me viene grande. Yo estoy a años luz de toda esta gente y mi punto de vista es el de un corredor amateur, como los miles que cada fin de semana tratan de divertirse y hacerlo lo mejor posible en la montaña o en cualquier carrera de pueblo. Eso sí, estoy muy orgulloso de formar parte de una marca pequeña, pero con unos valores éticos muy sólidos como el fair play, el desarrollo sostenible y el respeto a la naturaleza, especialmente en lo que concierne a su política de no dejar residuos ni envases en la montaña. Algo que muchos corredores saben y tienen muy interiorizado, vayan con la marca de nutrición que vayan, pero que otros muchos olvidan para ensuciar de manera inadmisible nuestro entorno.

Como usuario entiendo que Duotonic supone un cambio de chip importante: el de gastarte 16 euros en un bote y 6 en un vial de entrada parece mucho, pero a cambio tienes 12 geles y la posibilidad de combinar varios tipos para buscar el rendimiento que más te conviene según la carrera. Otros puntos a favor son un gusto y una composición muy naturales, algo que se hace complicado de encontrar en algunos geles, y la comodidad de no tener que llevar encima los papeles una vez usados hasta que puedas tirarlos. De momento, el único ‘pero’ que le he encontrado es que los botes no se puedan subir a una maleta en un avión, ya que exceden el máximo permitido, y debes embarcarlos. En lo restante, sobretodo en el rendimiento durante entrenos y carreras, me está funcionando y estoy muy contento de formar parte de esto. Ya os iré contando 😉

La importancia de la recuperación post-entreno

El año pasado enfoqué toda la temporada bajo un prisma: entrenar como un loco. La mayoría de los que hacemos ultratrails tenemos que combinar nuestros entrenos con el trabajo y las obligaciones familiares y, por lo tanto, disponemos de un tiempo limitado. Yo lo dediqué casi todo a entrenar y apenas nada a recuperar. No es que no supiera la importancia de las recuperaciones y de cuidarse, sino que sencillamente apenas tenía tiempo y prefería invertirlo en mejorar y prepararme.

Deportivamente, la temporada fue muy bien, pero físicamente acabé pagando un precio bastante alto. Encadenar el Ultratrail del Mont Blanc y la Cavalls del Vent en apenas tres semanas (un total de 270 kilómetros y 16.000 metros de desnivel positivo) me dejó bastante tocado y con algunas molestias. Ya en octubre aflojé obligatoriamente el ritmo, pero como tenía la Ultratrail Collserola en noviembre no paré del todo y en la prueba barcelonesa acabé bastante al límite y completamente agotado. En las semanas siguientes sencillamente no iba, notaba que los entrenos no solo no me mejoraban, sino que cada vez estaba más lento, cansado, con molestias… Fue un periodo de reflexión, de analizar lo que había hecho bien y mal a lo largo de la temporada y en el que me quedó muy claro que debía invertir más tiempo y esfuerzos en los cuidados musculares y la recuperación después de entrenos intensos.

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Justo en aquella época me contactó un compañero periodista y corredor de montaña, Jordi Eroles, y me comentó que un amigo suyo trabajaba para una línea nueva de productos recuperadores y de ayuda al deportista y si me interesaba probarlos. Le dije que sí, pero que no me quería comprometer a nada, puesto que no me gusta recomendar en las que no creo al 100 por 100, y así fue como conocí Weapontowin. Y aluciné. Después de cada entreno me tomé 5-10 minutos para aplicarme dos de sus mejores productos: por un lado el Srec, una crema de calor basada en el aminoácido Taurina que es muy efectiva en la disminución del ácido láctico y mejora la recuperación, reduce la fatiga y ayuda a la descarga. Y por otro, la crema de la que me he enamorado, la Rgen. Se trata de un regenerador muscular desfatigante basado en el aminoácido glutamina y que, con un efecto más basado en el frío, produce una agradable sensación de relajación. Además, Weapontowin tiene otros productos que he usado menos, pero que me han ido muy bien en invierno, como el preS, un termoactivador muscular que activa los vasos capilares antes de la competición o el entreno, y el Care, una crema antifricción ideal para ciclistas o para esfuerzos de larga duración en los que puede haber rozaduras.

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Como mi experiencia había sido realmente buena, me puse en contacto con los responsables de la marca y me encontré con gente joven, deportistas y que entrenan a altas horas de la madrugada como yo para compaginarlo con la familia. Me pareció gente muy como yo, que tienen un muy buen producto que sencillamente aún no es muy conocido, pero que tiene un recorrido y potencial brutal, así que el entendimiento fue rápido y este año correré de manera oficial con Weapontowin.

Además del cuidado con estas cremas, otras medidas de recuperación que he adoptado de manera más o menos fija es alargar mi tiempo de estiramientos, usar después de los entrenos unas medias compresivas Salomon para descargar los gemelos (no me gustan para competir o entrenar, pero las encuentro un gran recuperador) y hacerme un masaje de descarga una vez al mes, como mínimo. Creo que todos estos cuidados, cuando estás entrenando entre 80 y 110 kilómetros a la semana y combinándolo con hasta 10 clases de spinning, son poco menos que imprescindibles. La gente cree que uno de los grandes peligros del ultrafondo son las kilométricas carreras que pueden durar más de un día, pero para mi lo más complicado es entrenar de manera efectiva para eso sin lesionarse. Y una de las grandes lecciones que aprendí el año pasado es que todo lo que podamos hacer en el apartado de la recuperación es casi tan importante como la parte del entreno y la preparación.

Análisis de la mochila Advanced Skin S-Lab Hydro 12 de Salomon

Cuando abrí la segunda y última remesa correspondiente al programa Field Tester de Salomon no pude evitar fruncir el ceño. Uno no puede estar triste cuando le envían un producto Salomon S-Lab, sea lo que sea, y menos una mochila Advanced Skin S-Lab Hydro de 12, pero el problema es que yo a principios de año ya me había comprado la misma mochila, pero sin el sistema de hidratación de los soft flask, para salidas largas y ultras como la del Ultratrail del Mont Blanc.

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Bueno, de todas maneras me tocaba probarla y me producía mucha curiosidad lo de los bidones frontales, ya que cada vez me estoy volviendo más reacio a llevar el camel en carreras: mucho peso, difícil de llenar… El problema de ir con bidones en el pecho es que también pesan lo suyo y, al ser duros, muchas veces rebotan un poco y acaban siendo incómodos. Bien, en este sentido debo decir que el método de la S-Lab Hydro es el mejor que he probado. Los soft flask de medio litro son muy largos, pero no pesan nada y, al ser blandos, no rebotan ni molestan. Cuesta un poco de meterlos en marcha, porque el bolsillo para llevarlos es ajustado, pero debe ser así para que no se muevan en exceso. Además, la mochila viene preparada para llevar camel, por lo que podemos salir tranquilamente a excursiones o entrenos largos con dos litros de agua. Si usáis el camel, recordad limpiarlo bien al principio para quitarle el gusto de plástico, que en los nuevos modelos de Salomon es bastante fuerte.

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Por lo demás, la mochila es visualmente muy parecida a las otras S-Lab, con los tejidos de secado rápido y la malla power elástica. Además, viene con una manta térmica y el silbato, dos elementos que suelen estar entre el material obligatorio de las ultras. También lleva un portador 4D para los bastones, aunque yo ya me acostumbré en el Ultratrail del Mont Blanc a llevarlos atados uno en cada lateral y me fue de coña, no me molestaron nada. El análisis de la mochila podría acabar aquí, sin embargo tiene pequeñas modificaciones de las que te vas dando cuenta con el uso y que me gustaría destacar. De hecho, esto es lo que más me alucina de los productos Salomon y, concretamente de los S-Lab: que como corredor a veces dices ‘sí, este producto es muy bueno y me va perfecto, pero hay un par de cositas que podrían estar mejor’. Y entonces, en la siguiente versión, estas dos cosas están mejoradas y tiene una tercera en la que ni tan siquiera habías reparado. En el caso de la Advanced Skin S-Lab Hydro de 12 la gran y definitiva mejora, a mi entender, son los bolsillos laterales. Tengo ya tres mochilas S-Lab y en la primera, comprada hace tres años, era imposible acceder a los bolsillitos laterales sin quitártela. En la segunda, más reciente y de 12 litros, forzando un poco llegaba. En ambas, la cremallera es horizontal y, en cambio, en este nueva mochila, la cremallera es vertical. El cambio es radical e importante, ya que ahora se puede acceder sin ningún tipo de problema a los geles, barritas o cualquier cosa que llevemos ahí en carrera. Además de ser muy cómodo, es importante para no perder tiempo ni tener que quitarse la mochila cuando corres, algo que me da mucha pereza a veces.

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En lo que concierne al ajuste, los chicos de Annecy han vuelto a tirar por en el Sensifit y en la web hablan del PACE o Progressive Athletic Comfort o Engineering. Vamos, que es muy cómoda. Los sistemas de cordado permiten ajustarla perfectamente al cuerpo de tal manera que no apriete, roce o rebote. Incluso en esto, y ya hablo de sensaciones, creo que mejora la que tengo. Siendo la misma talla, este modelo me queda más corto y no me llega a los riñones, con lo cual noto la espalda más libre y menos cargada. El espacio interior da la sensación de ser visualmente menor, al estar más compartimentado, pero con 12 litros te cabe de sobra material para hacer una excursión larga o para una ultra con mucho material obligatorio, como el Mont Blanc. De hecho, ésta me la he estado llevando a varias excursiones largas con raquetas de nieve y me ha ido de coña. Cómoda, ligera, no se mueve, no roza, fácil de poner y quitar…

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La única pega de este producto es el precio: de entrada puede parecer desaforado pagar 170 euros por una mochila. Ahora bien, es una cuestión de prioridades. Cuando hice mi primera ultra llevaba una mochila ‘normal’ que me fue rebotando levemente y cuando acabé, después de 18 horas, tenía varias rozaduras muy dolorosas y un morado en los riñones producido por el repetido golpeteo. Al día siguiente me fui a comprar mi primera S-Lab y desde entonces no he cambiado. En la elección de las bambas o la ropa hay muchas alternativas y acepto todo tipo de discusiones, pero en mochilas no hay color. Los modelos S-Lab de Salomon son los más cómodos y prácticos. A partir de ahí, vale la pena gastarse ese dinero? Yo lo tengo claro.

Saber parar, o la importancia del cross-training

Diciembre es un mes raro para los corredores de ultratrails. Toca hacer balance de lo vivido, empezar a planificar con calma el calendario del 2014 y aparcar las zapatillas de trail unos días o semanas. Algunos lo hacen por necesidad física, otros por necesidad mental, para desconectar, y en otros casos es ya casi una prescripción médica ante el riesgo de lesiones. Está claro que después de tantos meses de tralla toca bajar una marcha, pero parar por completo está casi descartado, puesto que luego nos puede llevar bastante tiempo volver al nivel de forma anterior. ¿Qué podemos hacer para mantenernos en forma?

En primer lugar, cada corredor es un mundo y sabe mejor qué necesidades tiene y cómo ha llegado a este punto. En mi caso, por ejemplo, acabé la Ultratrail de Collserola extremamente cansado y durante la semana posterior apenas recuperé nada, llegando a unos niveles de cansancio que no había tenido ni tras el Ultratrail del Mont Blanc. Además, arrastraba otras molestias endémicas en el tobillo derecho, en el que he sufrido varias torceduras, en la tibia izquierda y en la planta de los pies, que me quedaron muy doloridas ya desde la prueba de Chamonix. No soy mucho de parar y nada de estarme quieto. Mentalmente, tenía gasolina para seguir entrenando más o menos al mismo ritmo, pero físicamente había indicios claros de que tenía que aflojar el volumen de horas de entreno y, sobretodo, la parte de correr o no mejoraría de todas esas molestias.

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Algunos ya sabéis que trabajo en un gimnasio y que hago entre 9-10 clases de spinning a la semana y una o dos de Body Pump (trabajo con pesas y música). Eso es un beneficio en algunos sentidos, pero también me perjudica en momentos en los que debería descansar o parar del todo y sencillamente no puedo. De todas maneras, creo que el spinning es un grandísimo entreno paralelo de cara a correr ultratrails o carreras de montaña: haces un trabajo de fuerza de piernas, trabajas en niveles anaeróbicos, con pulsaciones muy altas, y no hay impacto sobre las articulaciones. Además, es un ejercicio interior, por lo que puedes hacerlo por la tarde o a primera hora del día, por ejemplo, sin sufrir frío o los rigores del tiempo. Está claro que la alternativa a esto es la bicicleta de carretera o la BTT, pero en invierno es más complicado salir. Hay otros deportes que son muy complementarios al trailrunning y que podemos hacer estas semanas si tenemos la suerte de vivir cerca de la nieve: el esquí por pistas, el esquí de montaña o el esquí de fondo y las excursiones con raquetas de nieve. A mi el esquí me gusta, pero si tengo que elegir alguno me quedo con el skimo (esquí de montaña fuera de pistas), aunque sinceramente no tengo material ni nivel para afrontar ciertas bajadas. La alternativa lógica son las raquetas de nieve: puedes hacer excursiones espectaculares y exigentes, de 5-6 horas, sin un gran esfuerzo, sin impacto en las articulaciones  y haciendo un grandísimo trabajo de piernas. Además, te permiten acceder a sitios bastante inaccesibles y disfrutar de vistas y sensaciones únicas en la soledad de las montañas, apartados del bullicio de las pistas de esquí.

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Otro tipo de trabajo que podemos aprovechar para hacer este diciembre es el de pesas: reforzar las piernas, pero también espalda y brazos, que trabajan muchísimo en carreras largas. Tampoco hay que olvidarse de las abdominales, el centro de estabilidad del cuerpo, que juegan un papel fundamental a la hora de correr y de descargar la espalda. Por mi parte, esto ya lo suelo hacer de manera sostenida durante el año, por lo que ahora intento hacer otras cosas que tengo más olvidadas por falta de tiempo, como los estiramientos o el trabajo de propiocepción y equilibrio. Para esto va muy bien ejercicios con cierto equilibrio, que obligan a usar los músculos estabilizadores, como el Purmotion o el Bosu (media pelota con una base sobre la que subir y hacer repeticiones de sentadillas, por ejemplo).

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Todo este tipo de entreno o concepto es lo que en algunos círculos se ha definido como cross-training: un entrenamiento cruzado que permite combinar el específico de un deporte con otros relacionados, pero que no nos sobrecargan tanto y nos ayudan indirectamente en la práctica del principal. Como veis, hay muchas cosas que podemos hacer aún parando o aflojando el ritmo, muchas de las cuales nos servirán para sentar unas buenas bases de cara a la temporada que viene o, sencillamente, para recuperar un poco la musculatura y ciertas molestias sin dar muchos pasos atrás.

Por último, creo que también es un mes en el que debemos ser un poco indulgentes y aprovechar para hacer algún deporte que, aunque no sea directamente beneficioso para nuestro entreno principal, nos permita evadirnos y divertirnos. Nos permita hacer un reset mental y volver (espero) con más ganas a entrenar a partir de enero. En mi caso, y pese a que no soy un gran apasionado, es el pádel. Es divertido, no requiere un gran esfuerzo físico y es complicado lesionarse, a no ser que te caiga un raquetazo 🙂 Y vosotros, ¿cómo entrenáis en diciembre? ¿Algunos consejos o sugerencias?

Ultratrail del Mont Blanc: el sueño está aquí

Hace años que sueño con ello, y ahora lo tengo justo delante. Al alcance de la mano, pero a la vez, muy lejos. Exactamente a 167 quilómetros y 10.000 metros de desnivel positivo. Aunque en realidad, no me estoy enfrentando a esa distancia ni a esas montañas, sino a mis propios miedos, limitaciones, errores…

El The North Face Ultratrail del Mont Blanc es algo así como los mundiales de fútbol del trailrunning. La prueba en que la mayoría de corredores sueña y a la que cuesta muchísimo únicamente llegar a participar. En primer lugar, debes acreditar una experiencia en como mínimo tres carreras de ultradistancia y en segundo, cada año son miles los aspirantes que se quedan fuera. La prueba parte de Chamonix a las 16,30 el viernes 30 de agosto y consiste en 167 quilómetros alrededor del mítico macizo. Como datos anecdóticos, pasas por 3 países (Francia, Italia y Suiza), haces el equivalente a cuatro maratones seguidas y asciendes una distancia superior al Everest, con una cota máxima de 2.600 metros. Todo ello, con temperaturas gélidas por la noche y con amenazas como el mal tiempo, que el año pasado obligó a recortar casi 70 quilómetros del recorrido original.

Personalmente, tengo momentos de todo. Momentos en los que tengo la certeza absoluta que voy acabar y otros en los que me asaltan las dudas. El límite para completarlo son 46 horas, un tiempo suficiente, pero el problema es que son muchos quilómetros, puedes llegar a estar dos noches en vela y el cansancio al final debe ser brutal, sumado al sueño. Lo que más me preocupa es el tiempo que pueda hacer (aunque relativamente), y hacerme daño, alguna torcedura o lesión que me impida acabarla. Mi único objetivo es acabar y, si puede ser, no adentrarme mucho en la segunda noche, la del sábado al domingo, con lo cual debería bajar de 40-35 horas.

Para prepararla hice una primera mitad de temporada con tres carreras (Ultratrail Barcelona, Transvulcania y Volta a la Cerdanya), tras la cuales he estado prácticamente tres meses entrenando el Mont Blanc. Junto con Sergi y Jesús hemos hecho algunos entrenos largos y con desnivel, como la Queralbs-Núria-Puigmal-Queralbs) o la Cavalls del Vent. Ésta última carrera, que haremos en septiembre, la hemos hecho dos veces: una en dos etapas de 50 + 35 y otra, que me dio mucha confianza, de 75 km. (recortando un poco), pero del tirón.

En agosto he aprovechado mis vacaciones para hacer también un entreno de 3-4 horas por Andorra y otro de 6,30 por la Carros de Foc, intentando buscar más desnivel que quilómetros. Ahora ya, el entreno está hecho y, aunque me siento preparado, creo que nunca llegas a estar totalmente a punto para un reto así.

Entreno para la Cavalls del Vent

Ya hace meses que veníamos comentando la idea de hacer la travesia Cavalls del Vent como un entreno de calidad y para reconocer el terreno de cara a la carrera que haremos el 21 de septiembre, por bien que este año la prueba organizada por Salomon le añade un tramo de unos 16 quilómetros que no hicimos y que comenté en este post. Después de posponerlo en mayo por problemas logísticos y porque había una cantidad exagerada de nieve, finalmente lo programamos para los días 5 y 6 de julio. Lamentablemente, Jesús no pudo venir por temas laborales, y lo acabé haciendo con Sergi, que había montado la ruta y que llevó el timing con una precisión suiza. Se trata de una travesía de unos 84 km. con 5.500 metros de desnivel positivo por refugios de la zona del Parque Natural del Cadí Moixeró. La idea era hacer la mayor parte el primer día (unos 55) y dejar 30 para el segundo y llegar a la hora de comer.

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El viernes nos levantamos a las 5, salimos a las 5,45 hacia Saldes y llegamos al pie del Pedraforca a las 7,45. Un cuarto de hora de preparación y comprobarlo todo y nos pusimos en marcha desde el refugio Lluis Estasen hacia el Gresolet. La verdad es que la ruta estaba montada de manera ideal para lo que queríamos hacer: dos entrenos de calidad y a ritmo, pero sin ir agobiados de tiempo y haciendo la mayor parte del tute el viernes, para acabar el sábado al mediodía. Saliendo así, además, los primeros quilómetros son muy agradables en bajada y permiten calentar bien. Llegamos rápidamente al primer refugio y ya fuimos viendo que el día sería espectacular, pero que íbamos a pasar calor.

Personalmente, gratamente sorprendido porque el camino está muy bien marcado con puntos de color naranja y porque el terreno es muy variado, con tramos de pista, pequeños senderos, zonas boscosas… Del Gresolet enfilamos hacia el Sant Jordi, donde aún vamos muy muy frescos, sensación que aumenta el hecho de encontrar numerosos ríos y fuentes de agua fresquísima. Hemos hecho unos 20 quilómetros con 1.000 metros positivos y negativos, pero bastante cómodos y fáciles de correr. Bebemos agua de una fuente casi clandestina (font del faig) algo apartada del refugio y enfilamos un tramo de ligera bajada, pero que rápidamente se convierte en una árdua subida hacia els Empedrats, un tramo por el que pasan diversos ríos que cruzamos con agua hasta la rodilla. Tras una larga bajada, nos acercamos hacia el refugio de El Rebost, pero en la parte final nos encontramos con 4-5 quilómetros de subida de unos 700 metros, los últimos dos de los cuales son durísimos y se nos hacen eternos.

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En el refugio paramos unos 20-25 minutos a comer y yo me bebo tres latas de Aquarius y mucha agua. He cometido el error de estrenar el Camelbak de mi mochila Salomon S-Lab sin limpiarlo y el agua que llevo tiene un gusto muy químico. Me deja la boca muy pastosa y empieza a hacer calor, por lo que procuro beber Aquarius, para reponer sales, y no descuido los geles ni el magnesio que suelo tomar en carrera. Tras reponer fuerzas toca la ascensión al Niu de l’Àliga, punto más alto de la carrera, de más de 1.000 metros positivos en 6 quilómetros. Es dura, no lo voy a negar, pero la hago relativamente bien y a ritmo, en hora y media, disfrutando de unas vistas espectaculares. El problema sigue siendo la sed y ahora no hay fuentes para refrescarse, porque estamos muy arriba. Llegamos al refugio que forma parte de la estación de esquí de La Molina y vuelvo a beber tres latas y compramos agua embotellada.

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Me repongo momentáneamente para afrontar el último tramos de la jornada: 16 quilómetros de bajada hasta el Serrat de les Esposes. Un tramo de poca ascensión, pero muy largo. Los tres primeros quilómetros son de bajada y voy mas o menos bien, pero pronto veo que la cosa no chuta. Vuelvo a tener una sed terrible y los tragos del camel, aunque ya no saben tanto a producto químico, apenas me sacian. Los siguientes tres quilómetros son una subida de unos 300 metros arriba de la cual llego completamente exhausto y me detengo un momento a reponer fuerzas, admirar el paisaje y hablar con unos chicos extranjeros que van un poco perdidos. Desde esta parte se ve toda la Cerdanya y es sencillamente sobrecogedor quedarte ahí parado admirando las vistas y no escuchando ningún ruido de civilización. Nos quedan unos 9 quilómetros que hago con malas sensaciones, bastante dolor de piernas, amagos de rampa… Toda la pinta de una deshidratación pese a haber bebido litros y litros de agua y latas. La bajada final hasta el Serrat es criminal, la hago completamente andando y cuando llego al refugio voy directamente a la fuente y bebo un litro y medio de golpe.

La verdad es que en esos momentos te pasan muchas cosas por la cabeza y sobretodo te cuestionas si estás preparado para afrontar la carrera y ya no hablemos el Ultratrail del Montblanc. La ecuación mental es fácil: si estoy muerto habiendo hecho unos 55 km, cómo voy a aguantar 100 seguidos? O 160? Ahora bien, también es verdad que hemos hecho los 55 con unos 4.000 de desnivel en 10 horas, contando las paradas, y que una hora después de haber llegado, bebido un par de latas más y descansado un rato, ya estoy muy muy recuperado. Ducha caliente, cena copiosa, todo el refugio para dormir nosotros solos, una noche y unas vistas espectaculares y levantarse a las 7 de la mañana y encontrarte con una vaca enorme delante de la puerta y unas cuantas más merodeando. Esto no tiene precio.

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Tras desayunar copiosamente, a las 8,45 ya volvemos a estar en marcha para afrontar el último tramo, de unos 30 km con 1.500 positivos de desnivel. Pese a estar algo cargado de piernas, he recuperado muy bien y puedo seguir el ritmo de Sergi, que es vivo, pero tampoco demencial. El tramo hasta Cortals de l’Ingla, de unos 4,5 quilómetros, es ideal para calentar, pese a tener una ligera subida, y transcurre por parajes boscosos y muy bonitos. Una vez ahí, bebemos y para arriba, una fuerte subida en la que adelantamos a varios grupos que han pasado mientras desayunábamos por nuestro refugio. La bajada es sostenida y permite correr bastante hasta llegar al refugio de Prats d’Aguiló. Tras cargar agua y refrescarnos, enfilamos la subida del Pas dels Gosolans, que en apenas dos quilómetros te lleva hasta 2.400 metros y que es muy dura, pero que permite disfrutar de unas vistas espectaculares. De ahí hasta el final, una bajada muy bonita por prados, primero, y los últimos 4 quilómetros de pista cómoda hasta llegar al coche en 4h28′ desde que salimos del Serrat de les Esposes.

Un entreno espectacular de pura montaña en un entorno privilegiado que he disfrutado mucho, pese a los problemas finales por la calor del primer día, en el que acabé muy cansado. La rápida recuperación el mismo día y la respuesta de las piernas del sábado, con 55 km. a cuestas, me animaron bastante, aunque también me hizo ver que hacer los 100 del tirón el día de la carrera va a ser durísimo.

La fortaleza mental

Muchas de las personas con las que hablo sobre mis carreras o sobre las ultras me hacen la misma pregunta: ¿en qué piensas cuándo corres?

¿En qué pienso cuándo corro durante más de 10 horas? Buena pregunta! En todo y nada, estoy tentado de responder. Pero claro, eso no es una respuesta válida.

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Para responderla necesito recapitular un poco. En primer lugar, está claro que una ultratrail de más de 80 quilómetros es un reto tan mental como físico. Yo creo que van al 50%. Puedes estar como un toro, pero si te falla la cabeza vas a acabar palmando, y al revés, ser muy fuerte mentalmente, pero si no te aguanta el cuerpo, acabarás sufriendo. Aunque en este segundo supósito tienes más opciones de supervivencia que en el primero.

Personalmente creo que la mente lo es todo. Y también creo que la mayoría de las personas no somos conscientes de hasta dónde podemos llegar. Y ya no hablo de atletas de élite o superentrenados, sinó me refiero simplemente a una persona que hace una clase de spinning, por ejemplo. Uno de los ejercicios que más me gusta practicar en mis clases consiste en cuando estamos llegando a la parte final de la clase llevar a los alumnos al límite. Cuando lo han alcanzado, o eso creen ellos, cuando ya no pueden más, en los últimos 3-4 minutos les hago subir un punto más la resistencia y trato de motivarlos lo máximo posible para que sufran, para que vayan más allá. Están sufriendo, lo sé, pero el grado de satisfacción de esa persona cuando acaba la clase, la sensación de haberlo dado todo o comprobado que podía dar un paso más, eso no tiene precio y se suele reflejar en sus caras.

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Volvamos a las ultras. En mi caso, cuando empecé con esto me hice un planteamiento que si queréis es muy estúpido y básico, pero que a mi me funciona. Está claro que gente como Kilian Jornet, a parte de ser superatletas, tienen una fortaleza mental brutal para seguir en momentos complicados. Yo me plantee que quizás nunca podré tener el mismo físico, genética, ni velocidad que Kilian, pero qué me impide tener su misma fortaleza mental?

Está claro que solo es un punto de partida y que no basta sólo con decir ‘quiero ser fuerte mentalmente’, pero todo pequeño o gran viaje empieza con un pequeño paso y un punto de partida. De hecho, esto es un proceso de autodescubrimiento y autoconfianza que no se acaba nunca y que consta de muchos pequeños pasos.

Uno de estos pasos es, evidentemente, el entreno. Si has entrenado bien tienes muchas más opciones de salir airoso de determinados retos. Otro, el hacer las cosas con lógica. Si en mi vida apenas he corrido una carrera de 10 quilómetros y una de 21 y salto directamente a una de 114, seguramente estaré como un flan y los nervios me comerán por dentro. Ahora bien, si voy dando pasos paulatinos y hago antes una de 85, cuando afronte la de 114 lo haré con respeto, pero con la confianza de estar preparado.

Otro punto muy importante es conocerse a uno mismo. La experiencia. Si algo debo agradecerle a los ultratrails es que me ha permitido conocerme como pocos otros procesos pueden hacerlo en la vida. Cuando estás haciendo una carrera de más de 10 horas, solo en la montaña, sin nadie que te ayude, el nivel de introspección es brutal. Te pones a ti mismo ante el espejo de manera cruel y afloran todas tus debilidades, que debes combatir con tus virtudes. Cuando hice el Ultra Mític el año pasado en Andorra (112 quilómetros en 28h30′) una de mis mayores curiosidades y motivaciones era saber cómo me comportaría, cómo reaccionaría ante los momentos malos, si me hundiría, si me dormiría la segunda noche… No tenía la más remota idea y hacerlo, acabarlo, me hizo descubrir o me confirmó muchas cosas sobre mi mismo.

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En una carrera tan larga hay, evidentemente, muchos momentos en los que divagas, piensas en tus cosas o dejas volar tu cabeza imaginando qué hace tu hijo en ese momento o si se sentirá orgulloso de mi cuando crezca, por ejemplo, pero también hay una serie de ‘ejercicios mentales’ que suelo hacer durante la carrera:

  • Concentración. No desconectarte nunca por completo de la carrera, mirar las marcas del recorrido, intentar no cometer errores…
  • Parcelación. Dividir la carrera en trozos. Normalmente partirla por tres y, dentro de estos tramos, concentrarte solo en los próximos cinco quilómetros, el próximo avituallamiento… Pequeños objetivos.
  • Autoconfianza. Siempre comento que una ultra es como una montaña rusa: en el quilómetro 40 puedes estar hundido físicamente y en el 110 corriendo eufórico como un loco. Afrontar los momentos malos con confianza, no agobiarse.
  • Pensamiento positivo. Para mi esto es vital, el punto más importante de todo. Se rige por la máxima de ‘si algo puede salir bien, va a salir bien’. Ante un problema, pensar en que se va a solucionar y no va a empeorar. No sirve de nada agobiarse a priori. La última experiencia la tuve en la Transvulcania, cuando me torcí el tobillo fuertemente en el quilómetro 20 (de 83) y tuve que hacer grandes esfuerzos mentales para mantenerme positivo y no agobiarme.
  • Imágenes positivas. En los momentos malos o muy duros, un buen ejercicio a hacer consiste en pensar en imágenes agradables o positivas: la llegada a la meta, tu hijo o familia abrazándote, la alegría de tus amigos o, incluso, el pedazo de entrecot o hamburguesa del McDonalds que te vas a comer a la llegada 🙂
  • Paso a paso. La gente suele agobiarse mucho ante una gran subida, larga y dura, pero una lección que aprendí en Andorra y otras carreras de alta montaña es que, incluso el coloso más grande, se puede superar paso a paso. Hay momentos en los que te parece que vas a paso de tortuga o que estás hundido, pero es importante no pararse. Cada paso, por pequeño que sea, nos acerca a la meta. Y miles de estos pequeños pasos nos pueden permitir completar las gestas más impensables.
  • Certeza absoluta. Soy una persona que duda de muchas cosas, sobretodo de mi mismo, y creo que es una postura inteligente o, como mínimo, ante la que no puedo hacer nada. Sin embargo, cuando entro en una carrera tengo clara una cosa: no me voy a retirar. Pase lo que pase. He corrido con todos los pies llagados, con un esguince de tobillo, con fiebre y gastroenteritis, he tenido momentos de debilidad absoluta después de 18 horas y aún con 10 por delante… Pero la retirada nunca ha sido una opción. Ese resquicio mental nunca lo he abierto. Sé que algún día llegará, pero tendrá que ser algo muy grave para que pase.
  • Disfruta. Hay momentos duros, de sufrimiento, de frío, de incomodidad, de preguntarse qué narices haces ahí y porqué te sometes a esa tortura… Pero nunca debes olvidar una cosa: hacemos esto porque nos gusta y en el fondo somos unos privilegiados por poder hacer algo que la mayoría de los mortales no pueden. Por eso y por la gente que conoces, los paisajes, las sensaciones, por todo… Hay que disfrutar en la medida de lo posible de las carreras, porque esos momentos son únicos, irrepetibles y formarán parte de tu vida, más allá de un tiempo, una marca o una posición.

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Entreno: La volta a Montserrat

Tengo que reconocer que empecé a correr con las carreras como meta y que los entrenos eran una obligación más bien tediosa hasta llegar a ese premio o objetivo. Con el tiempo, le he ido dando la vuelta a esta situación, hasta el punto de disfrutar tanto o más entrenando que compitiendo. Pocas cosas producen tanto placer como correr sin prisas de ningún tipo (aunque sin pausa) ni ir al límite por un entorno además que no tienes muy trillado y es espectacular. Esto es justo lo que hicimos con Sergi Montes hace unos días: nuestra particular Volta a Montserrat.

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Básicamente, un viernes que teníamos fiesta nos levantamos a las 5 de la mañana, quedamos a las 5,45 y a las 6,30 nos plantamos en Monistrol. Desde allí subimos por el camino que yo ya había hecho tres veces de noche en la Matagalls-Montserrat hasta el santuario. Continuamos subiendo hacia la izquierda, dirección Collbató y luego nos acercamos hasta el Bruc por un tramo de pista bastante largo. De nuevo volvimos a girar por la base de la montaña para dar una vuelta por una zona de senderos espectacular, tremendamente bonita, hasta iniciar una larga bajada cruzando la carretera, pero siempre por pista o sendero, hasta Monistrol.

Según el track de mi Garmin Fenix, fueron 33,5 kilómetros en poco más de 4 horas, pero la verdad es que se me pasaron volando. Nunca había corrido por Montserrat, salvo el corto tramo final de la Matagalls, y me pareció una paraíso para entrenar. Y eso que no buscamos tramos excesivamente técnicos o con mucho desnivel, sino una combinación de kilómetros + altura (al final salieron unos 1.600 positivos). La parte final de vuelta a Monistrol, por un estrecho sendero bordeando la montaña, me pareció espectacular y, además, pillamos un día excepcionalmente limpio y claro y pudimos disfrutar de unas vistas maravillosas que llegaban hasta el Cadí.

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Yo ese día tenía que hacer luego dos clases de spinning en el gimnasio como monitor, pero disfruté tanto corriendo, que apenas me cansé. Poca gente entiende lo que para ellos son sacrificios, pero las sensaciones de ver amanecer en Montserrat, correr con tu amigo por esos paisajes y no estar pendiente del reloj no tienen precio y son difíciles de explicar para quien no las ha vivido. Yo, por mi parte, disfruto tanto con esto como con la mejor de las carreras. Y al fin y al cabo, de eso se trata, no?

Últimos entrenos antes de la Ultratrail Barcelona

Este fin de semana nos hemos dedicado con Sergi Montes a entrenar buena parte del recorrido de la Maratón de la Ultratrail Barcelona, que para mi asombro ha cambiado radicalmente de la que me descargué y entrené en solitario hace tres semanas! El viernes hicimos un circuito saliendo desde Quint-mar, un poco después de la salida oficial de la prueba, hasta Vallgrassa, la riera, el Pla de Querol y volver por la carretera y pista que nos dio 25 quilómetros en 2h30′, Aquí está el track y el dibujo:

 

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(Tra14) Entreno part UTBCN amb Montes de llunaticc en Garmin Connect: Detalles.

 

Hoy domingo hemos hecho la parte que va desde Plana Novella a La Morella y volver. En total han salido 20 quilómetros en 2h01′ con torcida de tobillo incluída. Ha sido dolorosa, pero por suerte ya era al final del entreno y creo que en una semana estará recuperada, pero es un buen aviso de lo que es ésta prueba: un terreno muy pedregoso y árido, con bajadas en las que las rocas se esconden bajo la vegetación y hay que ir con mucho cuidado. Como puse en mi artículo de Consejos sobre la Ultratrail Barcelona, un error de estos al principio de la carrera puede ser fatal y ya veis que no se escapa nadie, por mucha experiencia que tengas.

Por mi parte, esta semana ya será de recuperar el tobillo, descansar lo máximo que pueda para llegar fresco y mantenerme activo con clases de spinning y algo de pesas. Mucha suerte a todos y a los que correis, nos vemos el sábado!