El bisturí de Joan Laporta

Joan Laporta vivió el domingo su primera pañolada en el Nou Camp por parte de unos socios y aficionados que expresaron así su desacuerdo con la manera como está gestionando la junta directiva el club en los últimos meses. Porque ésta es la única lectura válida que se puede hacer de semejante reacción espontánea, espoleada en gran medida por las declaraciones que esa misma mañana había hecho el presidente en L’Hospitalet ante las peñas del Barça. Fue, sin duda, la ‘versión 2008’ de la Vilafrancada de Eto’o, una serie de expresiones y declaraciones histriónicas que pasarán a la historia del imaginario más cutre, más cómico, de los directivos del FC Barcelona. Porque sólo así se puede definir el contenido de lo que dijo el presidente, que resulta tan burdo y tan absurdo que casi no merece la pena comentarlo.

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Acusar a algunos periodistas de no ser del Barça me resulta cómico, puesto que es totalmente cierto que hay algunos que no lo son… y tampoco lo esconden! Eso, por si mismo, no les invalida para ser buenos periodistas, puesto que incluso les permite analizar las situaciones con menos atisbos de pasión o con una mayor imparcialidad, del mismo modo que hay periodistas por los que puedo poner la mano en el fuego y asegurar que son mucho más del Barça y sufren el doble que cualquiera de los directivos. El otro apunte que quería hacer sobre su discurso es que me indigna que se quiera confundir la crítica a determinadas situaciones, acciones o personas en ir contra los intereses del club. Ser del Barça no implica reirle las gracias a los directivos y los jugadores, que es poco menos lo que pasó la temporada pasada, en parte porque el equipo había ganado un crédito descomunal, y así nos fue. Ser del Barça es denunciar las cosas que no van bien y dejar que la gente juzgue, aunque también es verdad que la crítica se puede hacer desde un punto de vista constructivo o de una manera incendiaria. Ahí no entro y cada periodista sabe por dónde van sus tiros.

Lo que me sorprende sobremanera es la tendencia megalómana que tienen muchos líderes, de cualquier ámbito, de confundirse a si mismos con la entidad en el paroxismo de su poder. Joan Laporta representa y dirige al Barça, pero no es el Barça, y criticarle a él, o a Rijkaard o a Ronaldinho por hechos concretos y argumentados no es querer hacer daño al club. Al contrario. Si repasamos sus declaraciones van en consonancia con las Josep Lluís Núñez, en las épocas más crispadas de su mandato, de Joan Gaspart, que ya sabemos todos como es, o incluso de grandes dirigentes dictactoriales de la historia que han llegado a confundirse a si mismos con el país al que eventualmente estaban gobernando y, quizás, llevando a la ruina o a guerras fratricidas. Y con esto no quiero establecer comparaciones directas globales, sinó que quiero señalar sólo actitudes concretas.

Porque, lo que sorprendió del discurso de Joan Laporta no fue el contenido, que roza el absurdo y va en radicalmente contra precisamente de lo que él hacía en su época del Elefant Blau, sino su tono, la crispación del mensaje, que denotan el enorme nerviosismo que sufre el presidente. Hay quién postula que el mandatario ha sido siempre así y que se ha sacado la careta. Yo creo sinceramente que no, pese a algunos deslices como lo del aeropuerto o el enfrentamiento con Juanjo Castillo a la salida de un restaurante. En este sentido, os contaré una anécdota. En el primer año de su presidencia, la junta directiva montó un torneo interno de fútbol con medios de comunicación y en el que había un equipo de directivos, uno del cuerpo técnico, otro del fútbol base… El día en que nos tocó jugar a Mundo Deportivo contra los directivos, Jan Laporta fue sonriente a cada jugador del nuestro equipo antes de empezar dándonos la mano y diciendo «Hola, sóc en Joan«. Yo no soy una persona fácilmente impresionable, pero me dejó sin plabaras de todo un presidente del Barça hicera gala de esta humildad y apenas pude balbucear un ridículo «hola, sóc l’Albert«. Cómo si no lo conociéramos!

Puede que os parezca una historieta estúpida o banal, pero para mi es reveladora de una junta directiva que entonces era jóven, fresca, emprendedora, y que ahora parece cansada, bloqueada y desgastada. Me imagino que no debe ser fácil ser presidente del Barça. Lógicamente tiene muchas cosas buenas, pero a su vez debe resultar cansado estar siempre en el punto de mira de los medios de comunicación y cuestionado por cada pequeña decisión que tomes. Semejante infusión de poder y presión pueden poner a prueba el carácter más fuerte. Creo que la imagen que más se asemeja a lo que debe ser estar sentado en esa silla es el anillo único que forjó el maestro J.R.R. Tolkien y que dota de un poder casi ilimitado a quién lo posee, pero que a su vez conlleva el peligro de absorberlo, cambiarle la personalidad y consumirlo.

Las tres fases del mandato de Joan Laporta

Visto en perspectiva, su mandato al frente del Barça consta de una primera fase de reconstrucción (trabajo incansable, muchas iniciativas, ilusión, buenas maneras…), una segunda de recogida de frutos (títulos, jogo bonito, algo de prepotencia…) y una tercera de autcomplacencia (dolce vita, ausencia de código interno y de decisiones traumáticas o comprometidas, nervios…). De la misma manera que su trabajo honrado, árduo y comprometido se acabó filtrando al primer equipo y llegaron los resultados, los nervios de ahora, la autocomplacencia y la indefinición han acabado llegando a una plantilla que transita por el campeonato sumida en una crisis de identidad y de confianza, preguntándose una y otra vez quiénes son sus referentes.

Es evidente que Joan Laporta está nervioso, pero yo creo que está más nervioso por el futuro que por un presente que, visto fríamente y como él defiende, no está TAN mal. El Barcelona quedará seguramente segundo en la Liga, ha caído en semifinales de Copa y tiene opciones en la Champions League, un panorama que no es desolador para un club que, no hace tanto, encadenó 18 temporadas sin ganar una Liga o que ha ganado dos Copas de Europa en su historia. El problema no es tan presente sinó futuro, puesto que ha llegado el momento de tomar decisiones valientes y que no admiten margen de error. Ha llegado el momento de decidir si se confía en Frank Rijkaard o en un proyecto continuista (Pep Guardiola) o se produce un cambio en el modelo de juego y la dirección del equipo. Ha llegado el momento de intervenir quirúrgicamente a una plantilla en la que no se pueden poner vendas, como la temporada pasada. Hay que coger el bisturí y decidir hasta qué punto debe ser agresiva este intervención. Si cambias a Larsson por Gudjohnsen te puedes equivocar, porque la columna vertebral del equipo sigue intacta. Pero si vendes a Ronaldinho y Deco, que han sido los dos jugadores más determinantes de tu mandato, debes acertar plenamente en sus sustitutos, porque si no el equipo queda huérfano de referentes, como ha pasado esta temporada. Y el gran problema, la fuente de todo este nerviosismo, es que creo firmemente que Joan Laporta no tiene ni idea de qué hacer y que está esperando al ‘milagro de la Champions’ para no tener que tomar decisiones drásticas y arriesgadas que ya deberían estar más que asumidas. Lo grave y él lo sabe, es que aunque se gane la orejona la situación es complicada y requiere la intervención del mejor cirujano. Ya no vale escorrer el bulto y dejar al enfermo en manos de los practicantes o esperar a que se cure solo.

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Un embudo monumental

El Real Madrid salió vivo (o con un punto) de la carnicería a la que le sometió el Mallorca y el Villarreal demostró en Sevilla que le falta un paso para poder aspirar al título de Liga, por lo que ayer era una ocasión genial para que el Barcelona se diera un poco de oxígeno y moral ganando a un Getafe que había perdido en sus cinco visitas anteriores al Nou Camp. Sin embargo, la historia reciente se repitió de nuevo y el equipo dejó escapar dos puntos, que le complican una Liga en la que muy pocos o casi nadie ya cree. El problema no son los resultados y empiezo a creer que ni el físico ni las ganas. Justo en el día en el que Joan Laporta se destapó con unas contundentes declaraciones para venir a decir que «el equipo no está tan mal como lo quieren pintar», los jugadores de Frank Rijkaard acabaron demostrando lo contrario.

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Nadie podrá acusar al Barça de no dejarse ayer la piel en el campo o de no tener mentalidad ganadora en un partido que, siendo justos, mereció llevarse por ocasiones y por palos. Y quizás eso es lo peor de todo. La sensación de impotencia, de ‘esto es lo que hay‘, de que sin Ronaldinho, Deco y Messi, este conjunto es un buen equipo… y punto. Lo siento por los que idolatran a Eto’o o por los que tienen a Puyol e Iniesta como ídolos, dos jugadores que por cierto ayer hicieron un gran partido. Son grandes jugadores, sí, pero no son decisivos como el gaucho, como un Deco que hacía jugar al equipo como los ángeles cuando estaba bien o como un Messi que vuelve locas a las defensas con su velocidad. El Barcelona ha acusado sobremanera estas ausencias, que han evidenciado un claro déficit estructural de esta plantilla que ya he apuntado en algún post anterior: no tiene extremos ni carrileros.

Todo el juego, por el centro

El FC Barcelona actual es un equipo diseñado para jugar por el centro, con tres delanteros centros, tres medios que se agrupan alrededor del círculo central y con laterales que, a excepción de Silvinho, son más bien defensivos y no saben llegar hasta la línea de fondo y centrar con garantías o desbordar en el uno contra uno. Ayer esta carencia de un jugador del perfil de Cristiano Ronaldo, Jesús Navas o Diego Capel se hizo sangrante. Los de Frank Rijkaard provocaron ellos mismos un monumental embudo por el centro ante el que el Getafe, pese a sus bajas y lesiones, le bastó con acumular gente y mantener el orden en esa parcela. A partir de ahí, las ansias azulgranas hicieron el resto y el partido terminó convertido en una monumental trampa en la que únicamente la mala selección de opciones en las contras y el cansancio físico de los visitantes acabó evitando que se convirtiera en mortal con un 0-1. Eto’o, apartado del centro, pierde pegada y Bojan, de delantero centro, es como una seta en un bosque de pinos si es él quien debe rematar el bombardeo de centros al que sometieron los azulgrana al Getafe. Un recurso al que el Barça no está acostumbrado y que se convierte en menos efectivo aún si los centros llegan desde el pico del área, y no desde la línea de fondo, ya que los centrales contrarios siempre tienen ventaja y ven venir la pelota de cara.

El gran problema del Barça ahora mismo es que nadie desborda en las bandas y por eso es tan necesario de cara a la temporada que viene fichar laterales con profundidad y recorrido, como Daniel Alves, o algún extremo bueno en el desborde, que juegue pegado a la línea, como Mancini (Roma), Diego Capel o Jesús Navas. Como única solución temporal, hasta la vuelta de Messi, se me ocurre que Rijkaard podría hacer entrar a Gudjohnsen en el centro del campo y situar a Iniesta en el flanco izquierdo, en el que ayer también demostró capacidad de desequilibrio. Pese a todo, el Barça es el gran favorito para pasar ante el Schalke 04 y tiene opciones en semifinales, pero pase lo que pase en la Champions, aunque se gane, este equipo necesita una remodelación en profundidad.

Físico y ausencia de complejos, las claves

Arsenal y Liverpool, especialmente los segundos, enseñaron ayer al mundo que a estas alturas de la película hacen falta dos cosas para sobrevivir en la Champions: fuerza física y no tener complejos. Lo primero, para ser capaz de sobrevivir al choque de trenes que supone enfrentarte a un equipo inglés, que no te da ningún segundo de respiro y pelea cada córner, balón y falta como si fuera el último minuto de la final. Y lo segundo, para poder salir vivo de partidos y situaciones en los que prima más el resultado que el estilo.

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Ayer pudimos presenciar un enfrentamiento apasionante entre dos maneras diametralmente opuestas de concebir el fútbol. El Arsenal, lo más parecido al estilo del Barça que hay en Europa, con un 4-4-2 y apostando por tener el balón, por crear juego, por usar las bandas, las combinaciones en cotro… El Liverpool, pertrechado atrás con su 4-2-3-1, con un Carragher siempre dispuesto a echar una mano donde hace falta; con dos medios centros que son un compendio de fuerza física, despliegue y buen movimiento de balón; con dos extremos de largo recorrido, que tanto cometen un penalti como marcan el gol del empate; con Gerrard dispuesto a aparecer para romper un partido en una acción puntual y Torres como temible y afilada punta de lanza. Y el resultado fue un partido eléctrico, en el que el Arsenal mereció bastante más y el Liverpool sacó un resultado bueno, porque obliga a los de Wénger a marcar en la vuelta.

Reconozco que soy del Arsenal y, por lo tanto, poco imparcial, pero también me identifico más con su manera de jugar, más creativa, que con la del Liverpool. Los de Rafa Benítez se pasaron toda la segunda mitad encerrados en su campo y no chutaron a puerta, pero se llevaron un buen resultado y lo celebraron por todo lo alto. No lo critico, porque también es una manera de jugar a fútbol, pero no me gusta, aunque me fascine ver lo bién trabajado que está tácticamente el equipo del entrenador español. Me encantó, eso sí, Javier Mascherano, un jugador impresionante, que siempre está donde debe estar y tiene una gran capacidad de movimiento de balón. Creo que sería un fichaje ideal para el Barça, para apoortar solidez a la medular, como también lo sería Cesc. Es una delicia ver como el de Arenys mueve a su alrededor a un elenco de jugadores jóvenes, descarados y talentosos, como Hleb, Walcott, Adebayor o Flamini, también impresionante ayer en su despliegue físico. Para los que dicen que con Iniesta y Xavi ya hay suficiente en el Barça, dos apuntes: Cesc fue el segundo jugador que más kilómetros corrió ayer en su equipo y posee un espectacular desplazamiento en largo, algo de lo que carece actualmente el FC Barcelona.

Hará falta otra gesta del Arsenal

La mala suerte, la torpeza de Bendtner salvando un gol de su compañero Cesc sobre la línea y un penalti escandaloso no pitado sobre Hleb dejan al Arsenal a expensas de un nuevo milagro, como el que ya obró en San Siro, si quiere estar en semifinales. Allí se encontrará probablemente con el Chelsea, pero ojo al Fenerbahce. Los turcos se sobrepusieron a un autogol en frío y ya han demostrado que son un equipo imprevisible, que juega con la misma frescura, imaginación y desparpajo con la que se movía sobre los terrenos de juego su entrenador, Zico. La derrota del Chelsea en Estambul y la segunda parte del Liverpool en Londres, donde no tuvo ningún complejo en defender un resultado que era bueno, dan aún más valor añadido a la victoria del Barça en Gelsenkirchen. Normalmente no gana la Champions el que juega mejor, si no el que sabe combinar rachas de buen juego con otros momentos de más especulación de saber controlar el partido y las eliminatorias.

El Liverpool tiene mucho menos fútbol que el Arsenal o que el Barça la temporada pasada, pero posee dos características que le hacen temible en la competición continental: poderío físico y ningún complejo para defender determinados resultados, aunque sea jugando feo.

Hacia el Barça-Manchester soñado

Conscientes de la importancia en competiciones europeas del resultado fuera de casa, los dos grandes favoritos de su parte del cuadro, FC Barcelona y Manchester United, dejaron encarrilado su pase hacia unas semifinales que se presentan muy apetitosas. En un fútbol tan físico, táctico y especulativo como el actual, en el que no hay espacio para las milagrosas remontadas de antaño, se antoja casi imposible que la Roma pueda marcarle dos goles a los ‘red devils’ en Old Trafford o que el Schalke pueda con el Barça en el Nou Camp.

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Los azulgrana realizaron un partido muy parecido al del campo del Betis, pero con varios matices: Milito es mucho más defensa que Thuram y el Schalke 04 tiene, aunque parezca mentira, menos calidad del Betis y no supo qué hacer con el balón cuando lo tuvo. Y ahí, en la posesión del cuero, residió la clave del partido y del irregular rendimiento de los de Frank Rijkaard en algunos partidos. Ayer volvimos a ver de inicio un equipo majestuoso con el balón en los pies, al que le falta pegada e instinto asesino y más llegadas por las bandas, pero que vuelve locos a sus rivales con el temple de Xavi, las asistencias de Iniesta (que sigue brillando dentro de la mediocridad del equipo) y la movilidad desquiciante de Bojan. Últimamente he escuchado alguna voces críticas con el canterano, pero creo sinceramente que quienes le critican son personas que saben muy poquito de fútbol. El de Linyola no es un jugador tan fino como Henry, ni tan potente como Eto’o, ni tan espectacular como Messi, pero es pillo y, sobretodo, muy listo. Sabe cómo moverse con el balón, como arrastrar defensas, cuándo debe encarar o cuándo debe jugar fácil a un toque. Y todo esto, aunque parezca fácil, no lo es. Si le sumamos que tiene 17 años, que no se arruga y que lleva el gol en la sangre (cinco en los últimos cinco partidos) tenemos a un futbolista con un margen de crecimiento espectacular.

Suyo fue el primer y decisivo zarpazo tras un pase magistral de Iniesta, un remate deficiente de Henry y un error de Neuer, que no hizo gala de su fama de gran guardameta. A partir de ahí, fútbol control del Barcelona con un Schalke muy reculado, que apenas encontraba espacios por las bandas y no podía bombear balones hacia el gigante Kuranyi. Sin ser un partido espectacular, parecía tranquilo y tremendamente controlado por parte del Barça, pero entonces volvió a cambiar radicalmente. La ecuación fue más o menos así: Slomka se dio cuenta que, con su equipo tan atrás, el Barça seguiría haciendo un monumental rondo y lo mandó arriba, a presionar la línea defensiva rival. El balón ya no salía bien desde ‘la cocina’, Xavi e Iniesta apenas entraban en contacto con él y las posesiones del Barça duraban segundos, lo cual le obligaba a defender constantemente. Y ahí viene el quid de la cuestión.

Fragilidad sin el balón en los pies

El Barcelona es quizás el mejor equipo de Europa en cuanto a movimiento del balón en el centro del campo (otra cosa es su efectividad), pero creo que es de los peores de la élite continental sin el balón. Ayer me estuve fijando especialmente en sus mecanismos para recuperar la pelota cuando la tiene el contrario y el tema es preocupante: la línea de medios a menudo acaba chocando contra sus defensas, los delanteros no ayudan apenas, cuando un jugador va a buscar a un contrario el que debe ayudarle por detrás y cerrar espacios llega tarde… Tampoco debe extrañarnos mucho, si tenemos en cuenta el nivel de preaparción física del equipo y que el Barcelona e__archivo_photo_10_1_1_20080402_ypr01f1tif6.jpgjuega con seis jugadores de medio campo para arriba como Bojan, Iniesta y Xavi, frágiles físicamente; Henry, poco acostumbrado a presionar; Eto’o, que aprieta, pero no deja de ser delantero y Yaya Touré, el único de perfil realmente defensivo y aún, porque en el Mónaco jugaba más arriba. Es esta fragilidad la que explica los problemas del Barça en la segunda mitad, en la que bastó un jugador pequeño y habilidoso como Sánchez entre líneas para crear auténticos problemas atrás. Los azulgrana se vieron sometidos a un asedio constante y no aprovecharon los espacios que dejó atrás su rival para asustarle con algún contraataque peligroso. Cuando hace que no véis al Barça marcar un gol a la contra?

Por suerte, la puntería del Schalke estuvo negada ayer y el Barcelona puso pie y medio en semifinales. Pese a los problemas del Barça, que existen, hay que destacar que el resultado es muy bueno y que el equipo supo sufrir en un tramo final del partido en el que lo pasó realmente mal. Por concepto futbolístico, diseño táctico y plantilla, el Barça es temible con el balón en los pies y muy vulnerable cuando no lo tiene. Esto es lo que hay y ya no lo vamos a cambiar ahora. La pregunta es: basta con esto para ganar la Champions? Viendo lo completos y equilibrados que son el Chelsea y el Manchester United en casi todos los aspectos del juego, no. Pero en esta competición, por suerte o por desgracia, no siempre gana el mejor.

El fútbol es un estado de ánimo

Podría señalar a Zambrotta por dejarse ‘menear’ en el área en el primer gol, en el que a Valdés le acaban rematando a bocajarro. Podría decir que Abidal comete un penalti infantil en la línea de fondo. Podría intentar explicar cómo un central rival puede controlar con el pecho un balón y empalmarlo a la red sin que nadie le moleste tan siquiera cuando hay siete jugadores del Barça en el área. O podría confesaros que siento vergüenza ajena por cómo defiende Thuram a Edú en el 3-2 del Betis, pero a estas alturas de la película, nada de todo esto es ya relevante. Ni tan siquiera lo es si Ronaldinho se está borrando, o si juega Deco o no, o si Rijkaard volvió a equivocarse con los cambios y ofreció una imagen de falta de gobierno en el banquillo, con su cara de impotencia en plena debacle del equipo.

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Decía Jorge Valdano una vez que «el fútbol es un estado de ánimo» y el del Barcelona ahora mismo es tan frágil, tan sumamente volátil, que basta un gol para tirar por tierra el excelente trabajo de los primeros 60 minutos. Los azulgrana vapulearon al Betis con una buena mezcla de posesión de pelota y profundidad, con un Iniesta magistral poniendo balones de gol a los puntas y con Bojan demostrando que es un jugador diferente y de los más prometedores del fútbol mundial. La efectividad del de Linyola y la facilidad con la que ve el fútbol son tan sorprendentes como los ocho goles que lleva ya marcados en Liga, una cifra que si la hubiera anotado cualquier otro chaval de 17 años del mundo provocaría ahora una lluvia de ofertas económicas.

Coincidencias o no, se fue él del campo, llegó el 1-2 y el partido giró por completo. No hay más explicaciones tácticas. El Betis no mejoró, no cambió tácticamente. Simplemente creyó que podía ante un equipo al que le temblaron las piernas y volvió a evidenciar su desesperante falta de carácter. Lo peor de ayer no fue perder los tres puntos y dejar rijkk6.jpgescapar la segunda posición y una Liga que el Barça no se merece y que es casi imposible que gane. Lo más doloroso fue ver como con 3-2 los jugadores azulgrana no daban ninguna muestra de rabia, de orgullo herido, cómo algún jugador del Betis no salía disparado por una entrada demoledora o había una tangana porque los locales estaban perdiendo tiempo. Porque tener carácter no consiste en pasarse el partido gritando y haciendo aspavientos como hace Puyol, sino en ‘levantar’ sibilinamente a un delantero que te está complicando la vida o en lanzarle una mirada asesina a un compañero que no ha marcado bién en una jugada a balón parado.

Y ahora, qué?

Seguro que el pensamiento que nos pasó a muchos por la cabeza ayer alrededor de las 10 de la noche fue «por favor, que esto acabe pronto». Sin embargo, no podemos perder de vista que el Barcelona está ante un gran oportunidad para llegar a las semifinales de la Champions League, algo que quizás no se valora en su justa medida, pero es complicadísimo de lograr. Hay que ser realistas y ver las limitaciones de un equipo fragmentado y sin cohesión interior alguna, pero todo el mundo, incluído entorno y afición, debe poner todas sus fuerzas en una competición que puede salvar la temporada.

Ahora bién, lo vengo diciendo desde hace tiempo y lo repito ahora, antes que pase lo que sea: aunque el Barcelona ganara la Champions, este ciclo se ha acabado y el primer equipo necesita una remodelación profunda. Al final de la temporada deberá decidirse hasta dónde llega esta cirugía: si sólo se cambian a dos o tres jugadores que ya están mayores, como se hizo el año pasado; si realmente se hace limpieza en el vestuario aunque esto afecte a los pesos pesados, como ya debió hacerse la temporada pasada; si se considera que Frank Rijkaard ha sido uno de los mejores entrenadores de la historia del club, pero hace falta un proyecto nuevo desde el banquillo o, incluso, si la cosa va a mayores y se empieza a exigir responsabilidades a los que deciden desde arriba. Después de ver el partido de ayer, creo que quedarán pocos aficionados del FC Barcelona que duden que el club necesita un cambio importante y decisiones firmes.

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El baile de los entrenadores

Arséne Wenger, Michael Laudrup, José Mourinho, ayer Rafa Benítez… Son muchos los nombres que han ido sonando en los últimos meses de cara a ocupar el banquillo del primer equipo del Futbol Club Barcelona la temporada que viene, pese a que Joan Laporta reiteró hace poco su confianza en Frank Rijkaard. El técnico holandés está sufriendo en sus carnes el desgaste de cinco temporadas en el banquillo azulgrana y el desmadre de parte de una plantilla que no ha sabido atar en corto con su habitual mano izquierda, sus libros de filosofía y sus técnicas de control de grupo. Sin embargo, aún guarda en su manga los ases de una Liga que no está perdida y de una Champions que está complicada, pero ni mucho menos imposible.

El presidente del club azulgrana sabe, sin embargo, que una segunda temporada en blanco y sin medidas efectivas acabarían señalándole a él como el gran culpable de la situación del primer equipo. Así que Joan Laporta se encuentra ante una ecuación difícil de resolver: si quiere fichar a un técnico de garantías debe decidirse ya, pero si se precipita corre el ‘peligro’ de cargarse al técnico que hubiera ganado dos de las tres Champions de la historia del club, hablando hipotéticamente. La eliminación de la Copa no ha alterado mucho este panorama, puesto que se sigue considerando un torneo menor pese a la decepción que supuso el KO en Valencia. Todo queda, pues, a expensas del torneo de la regularidad y, sobre todo, de la Champions League.

Es innegable que en los despachos de Can Barça se ha hablado de entrenadores y que José Mourinho, pese a que hace un año pudiera parecer imposible, es el favorito de gran parte de los directivos de peso, encabezados por Marc Ingla. Sin embargo, tal como explicaba ayer acertadamente el maestro Paco Aguilar, a Joan Laporta no le convence Mourinho. El portugués es un entrenador complicado para cualquier presidente puesto que acepta las mínimas ingerencias desde arriba y, además, tradicionalmente no ha encajado con el perfil de técnico sosegado y ‘caballero’ que ha tenido el FC Barcelona. Siempre he pensado que un comportamiento socarrón y provocador, como el que tuvo en muchos momentos en el Chelsea, podría convertir su vuelta a Barcelona en una ‘Van Gaal History, tercera parte’. Por otro lado, también es evidente que Mourinho es un tipo inteligente, que presumiblemente sabría adaptarse a este entorno inflamable, que por otra parte ya conoce de su etapa como segundo de Bobby Robson.

Sea como sea, a Laporta, que no es muy partidario de meterse en asuntos del vestuario, pero que a veces lo ha hecho (como en la vilafrancada de Eto’o), no le convence Mourinho. Y se resiste a firmarlo, pese a las indirectas del portugués y a las contínuas noticias de ofertas millonarias por parte del Inter de Milan ue llegan desde Italia. Si el presidente pudiera elegir sin cortapisas, su número uno por filosofía de juego y personalidad sería Arséne Wénger, pero arrancar al francés del Arsenal parece poco más que utópico. A partir de ahí, los nombres de Michael Laudrup, aún un poquito verde para el Barça, y de Rafa Benítez, un entrenador cuyo estilo no encaja ni con calzador en el Camp Nou, parecen más rumores y especulaciones de la prensa que otra cosa.

En esta indefinición vive sumido Laporta que espera un ‘golpe de suerte’ en un sentido o en el otro: una eliminación de la Champions ante el Schalke le daría las armas para justificar ante la opinión pública el cese de un entrenador como Frank Rijkaard, que tiene muchas más cosas positivas que negativas en su haber; mientras que un triunfo en la Champions borraría de un plumazo todas las dudas, ya que sería descabellado pensar en cesar al técnico después de semejante fracaso. Falta ver, también, qué haría entonces el holandés, quién podría hacer las maletas molesto por la falta de confianza del club. Como casi siempre en el mundo del fútbol, los resultados dictarán sentencia.

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Joan Laporta, náufrago sin rumbo?

El viernes santo, unas horas después de la eliminación del Barça en Valencia, llegué al final de Las Benévolas uno de los libros más inquietantes que he leído en mi vida. A lo largo de más de 1200 páginas y a través de la vida de Maximilien Aue, un oficial que va haciendo carrera en las SS alemanas, Jonathan Littell narra el proceso que llevó a una nación como Alemania a dominar medio mundo para posteriormente ser arrasada por sus enemigos en el capítulo más sórdido de la historia de la humanidad. Crueldades y abominaciones a parte, la novela es hechizadora por los muchos retos morales que plantea y por su exhausta documentación, que demuestra que el vasto imperio nazi acabó cayendo tanto por la presión de los aliados como por su prepotencia, corrupción y errores infantiles. La última parte de la novela, pese a algún hilo suelto como la presencia de dos policías que buscan absurdamente al protagonista, resulta chocante por la destrucción, la decadencia de Berlín y de los principales personajes del tercer Reich, años antes tratados como semidioses por sus propios conciudadanos.

Probablemente influído por una novela que me ha marcado bastante, cuando vi a Joan Laporta el jueves, dando una rueda de prensa con la barba mal afeitada, diciendo que había visto rasgos de equipo campeón en el Barça tuve un flash. Era la misma imagen que había visto a través de los interminables párrafos de Littell, de decadencia, de humanidad mal llevada de quién hasta hace poco parecía tocado por una varita mágica y todo lo hacía bién y de repente veía impotente como el poderoso imperio que había forjado se despedazaba ante sus ojos.

Vaya por delante que ni por asomo quiero comparar a Joan Laporta con un dictador y a un asesino de esta calaña. Es más, yo no lo voté en el 2003 porque aún no era socio, pero no tengo ningún incoveniente en admitir que lo habría votado. Su llegada, además, me pareció una de las cosas más positivas de la historia del club, puesto que aterrizó en Can Barça en un momento en el que era preciso modernizar su estructura, su manera de hacer. Durante sus primeros años de gestión sacó al club del pozo en el que lo había sumido Joan Gaspart a nivel económico y también deportivo, ayudado en una gran medida por Sandro Rosell. El ‘ratio’ de acierto de ambos en los fichajes fue altísimo. El Barcelona de las ideas, de los partidos a medianoche, del powerpoint, de los directivos educados que hablaban bien y lucían mejor fue ganando partidos y títulos, hasta coronarse como el mejor de Europa una noche de mayo del 2006.

Se hablaba, aun os acordaréis, que nunca más se renovaría a jugadores por una chilena en el último partido de Liga, que no se pagarían comisiones a representantes chusqueros, que no se doblegarían ante los caprichos de unos cracks que cobrarían en función de variables, rendimiento y títulos… El discurso era humilde, había buen rollo con la plantilla y en la grada, las voces críticas, siempre presentes en este club, se reducían a la mínima expresión. El barcelonismo vivía, en definitiva, una especie de comunión en todos los sentidos que muy pocas veces se ha dado en la historia del club.

Pero entonces se fue Sandro Rosell y con él, Juanjo Castillo, amigo íntimo de jugadores de la plantilla como Deco o Ronaldinho. La prensa destapó el pasado de Alejandro Echevarría, que también gozaba de muy buena prensa por parte de una plantilla que le llamaba ‘el conseguidor’, y Joan Laporta no tuvo más remedio que prescindir de sus servicios. Medidas de puertas para adentro, que acabaron afectando al club de puertas para afuera, aunque muy a largo plazo. Y mientras este malestar no salía a la superficie, los títulos tapaban la horrible gestión a nivel de fútbol base (con descenso del B a Tercera), la desgracia del equipo de básket, la caída de la sección de balonmano… Mala gestión en algunos casos que no obtuvo la respuesta contundente y acertada por parte del presidente, al que muchos acusaron ya entonces de centrarse más en codearse con la alta sociedad catalana y de posicionarse políticamente de cara al final de su mandato en el club que en sus problemas mas acuciantes.

Porque, en apariencia, el Barcelona seguía en la cúspide del fútbol europeo y continuaba teniendo a un elenco de cracks imbatibles… en la Playstation. A nivel de títulos, el 2007 ya se cerró en blanco y Joan Laporta continuó con su línea de los últimos meses, la de cerrar los ojos y no querer actuar ante los problemas, los males reales del equipo, su falta de carácter, los desmadres nocturnos, la galactización de determinados cracks, la falta de jerarquía en el vestuario…

La lamentable idea de primar a la plantilla ante el Valencia

Y así, en esta dinámica decadente, se entró en la presente temporada, en la que se ha vivido lo que para mi es el punto más decepcionante de estos últimos años como aficionado del FC Barcelona: ver como Joan Laporta sólo atinaba a ofrecer una prima económica a los jugadores para eliminar al Valencia. A algunos le pareció una mera anécdota, pero para mi fue toda una revelación. Aquél presidente que parecía ir siempre un paso por delante nuestro, con una hoja de ruta marcada e inalterable por los resultados, no tenía otra salida al desmadre generalizado de la primera plantilla que tentarla con más dinero.

Recuerdo que cuando llegó Laporta se habló de cobrar una parte de la ficha en fijo y otra en variable según los títulos, una fórmula del todo lógica y coherente, pero que ya entonces me pareció inasumible si se quería tentar o retener a los mejores cracks del fútbol mundial. El tiempo dio la razón a mis peores presagios, pero nadie dijo nada porque la plantilla era de campanillas. Ahora bien, llegar a este punto de desmadre casi generalizado y tomar como única solución la de ofrecer más dinero me pareció de una simpleza impropia de una persona que considero inteligente como Joan Laporta. Es como el presidente de un país chusquero y subdesarrollado en el que el pueblo se queja que tiene hambre y, en lugar de iniciar una reforma valiente y decidida a largo plazo de la economía, sale a la calle y reparte unos cuantos billetes entre el pueblo. La medida, además, me pareció la de alguien desesperado, que se ha dejado llevar por la corriente en su balsa tomando el sol, bebiendo caipirinhas y comiendo plátanos, y de repente se da cuenta que está perdido en alta mar y no tiene ni la más remota idea de cómo volver a aguas seguras.

Eso es lo que realmente me preocupa. Hasta ahora siempre he pensado que Joan Laporta tenía una hoja de ruta muy clara y sabía exactamente cuáles eran los males del Barça y actuaba en consecuencia. Pero empiezo a dudarlo seriamente y a pensar que realmente, tuvo un golpe de suerte en la formación de un gran equipo y en el fichaje de un entrenador idóneo para el club y que luego se ha limitado a saborear sus mieles y sus réditos, sin aplicar medidas necesarias y a veces impopulares para que la maquinaria continuara funcionando. Siempre he dicho que lo peor no es cometer un error, sino no aprender de uno que ya has cometido previamente. Habrá aprendido la junta de lo que pasó la temporada pasada y actuará en consecuencia cuando acabe la presente? O se dejará llevar por los títulos que esperemos que consiga el club y hará otra operación de maquillaje?

Frikismo: Inglaterra, con España!

Ninguna de las selecciones de las Islas Britànicas, donde el fútbol es casi como uan religión, se ha clasificado para la fase final Eurocopa. Esto augura un verano un tanto descafeinado para los seguidores escoceses, irlandeses, galeses e ingleses, pero en SkySports han encontrado la solución. Como en las islas está de moda la ‘Spanish Army’ con técnicos como Rafa Benítez o Juande Ramos y jugadores como Reina, Almunia, Cesc, Torres o Xabi Alonso, pues que los británicos apoyen a España. Podéis ver la historia completa en este vídeo, bastante cargado de tópicos, pero ciertamente divertido.

Ver vídeo

(Vía Pixel y Díxel)

El ‘otro’ Barça

Hace apenas siete meses, en agosto del 2007, muchos tirábamos la mirada hacia adelante y soñábamos con ganar la final de la Champions de Moscú. En nuestros sueños nos imaginábamos a Frank Rijkaard seleccionando las piezas de su puzzle, con problemas para elegir en el puesto de central entre Puyol, Márquez y Milito; dejando fuera a Xavi o Iniesta del centro del campo junto a Touré y Deco y una delantera demoledora, en la que se cambiaba a Eto’o, Messi o Ronaldinho y entraba Henry.

54247.jpgSi nos hubieran dicho que Bojan sería el mejor jugador de la vuelta de la semifinal de la Copa ante el Valencia, con Gudjohnsen como titular en el centro del campo y jugadores como Pedrito, Víctor Vázquez o Víctor Sánchez completando la convocatoria hubiéramos mirado a nuestro interlocutor con cara de extrañeza, de no saber de qué nos estaban hablando. Sin embargo, ésta es la situación actual y debemos irnos acostumbrando, porque creo que, por mucho que se recuperen los lesionados Frank Rijkaard ya ha elegido. Y ha optado por el camino de los jugadores que, aún con menos calidad, están comprometidos con el proyecto, que creen en este Barça y, lo que es mas importante, quieren jugar a fútbol por encima de todo, de contratos, de salidas nocturnas, de futuros traspasos…

El Big bang del Decosistema que narraba en el post anterior es un hecho y el gran problema es que se ha producido a media temporada, afectando a jugadores como Deco, Márquez o Ronaldinho que estaban llamados a ser piezas clave en la columna vertebral del equipo. Frank Rijkaard trató de retrasar al máximo su extirpación, pero ha llegado un momento en el que ha visto que las dolencias de estos jugadores estaban extendiéndose al resto. Por eso ha tenido que cambiar de filosofía a media temporada y apostar sólo por aquellos que están al cien por cien y no sólo física, sinó mentalmente.

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El problema de este giro es que el equipo ha tenido que reinventarse a si mismo en el momento crucial de la temporada, en el que se permiten pocos errores, y lo ha pagado caro en la Copa y ciertos partidos de Liga. El Barça, por ejemplo, ha perdido la tremenda solidez defensiva del inicio de la campaña, como lo demuestra el hecho que sólo ha mantenido su puerta a cero en uno de los últimos 11 partidos, pero en contrapartida está recuperando su espíritu de lucha, la rabia. Ésta es la simplificación del partido de Valencia (errores defensivos, pero orgullo para luchar hasta el final) y la mejor lectura del duelo de ayer ante el Valladolid.

Más vale tarde…

El giro de Frank Rijkaard ha llegado tarde, es cierto, porque esto lo veíamos venir casi todos, pero puede que no sea demasiado tarde. La tremenda irregularidad del Madrid de la casta, de las remontadas y de Raúl, le está dando vida en la Liga, aunque el Villarreal, del que ya dije que es el mejor equipo que ha pasado esta temporada por el Nou Camp, viene como una moto y ya ha recortado el margen de error de los dos grandes. En la Champions, el sorteo ha deparado una eliminatoria que no va a ser fácil, pero sí más asequible que otras, y que dejaría al equipo a un paso de la final. Una final en la que, por cierto, seguramente no estará aquél once que soñábamos todos en agosto.