¿Por qué correr durante 33 horas?

¿Por qué corres ultras? ¿Cuántas veces te han hecho esta pregunta? ¿Y cuál es la respuesta correcta, si es que la hay? ¿Te has parado a pensarlo? En el fondo, la razón es la misma por la que tienes hijos, estudias una carrera, te decides a aprender idiomas, te arriesgas a escribir un libro… Porque la vida son emociones y esas emociones no las vas a vivir cómodamente sentado en tu sofá. Este es el prólogo de ‘Corriendo hacia lo imposible‘, un libro de Lectio Ediciones que sale publicado el 27 de enero y que habla de eso, de cosas que parecen imposibles, pero que con esfuerzo, ilusión y pasión pueden hacerse posibles. 

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Mis aventuras empezaron a existir en el momento en el que tomaron forma en mi cabeza

Walter Bonatti

***

Cuando eres un corredor de ultradistancia una de las preguntas que sueles escuchar es ¿por qué lo haces? Personalmente, en ese momento, suelen pasarme por la cabeza una sucesión rapidísima de imágenes, emociones y pensamientos antes de responder.

¿Por qué someto mi cuerpo a esta tortura? ¿Por qué me paso más de diez, veinte o treinta horas corriendo? ¿Por qué me arriesgo a tener llagas descomunales o a andar un par de días con los pies hinchados? ¿Por qué acepto el reto pese a que sé que, en una misma carrera, puedo pasar del calor extremo a temblar de frío? ¿Por qué me levanto a las tres de la mañana para ir a correr o me paso una noche y media corriendo sin dormir? ¿Por qué me expongo a tener tanta hambre o sed hasta el punto de ser capaz de beber agua estancada en un charco sobre una roca? ¿Por qué me arriesgo a lesionarme gravemente? ¿Por qué reniego silenciosamente arrodillado en el suelo porque me he torcido un tobillo? ¿Por qué aguantar el dolor, el maldito dolor que a veces se acaba convirtiendo en un inseparable acompañante y me hace llorar de rabia en medio de las montañas? ¿Porqué llevo el cuerpo hasta este extremo cuando podría estar durmiendo cómodamente o en una terraza tomando un café?

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Pues porque la vida son sensaciones y esas sensaciones no las voy a vivir sentado en un sofá. Y para volver a revivir la inocencia y la diversión de un niño pequeño que se desliza por la nieve. Para sentir la libertad que te da saltar por prados verdes al lado de vacas o caballos. Para atravesar un río de agua helada que me llega hasta las rodillas, sin importarme si me mojo las zapatillas o los calcetines. Para encontrarme con un alce, majestuoso, altivo, encima de una roca, de noche, en una montaña de 2.000 metros al lado de Chamonix. Para pisar charcos con barro hasta el tobillo y acabar tan sucio que no tienes más remedio que tirar los calcetines a la basura.

Y por el silencio. Por la humedad de una noche de verano en la cual corro horas y horas solo, únicamente acompañado por una letanía de grillos y otros insectos. Por la sensación mística de subir a las cuatro de la mañana a la montaña de Montserrat envuelta por la niebla y por un silencio sepulcral, o por la calma que desprende un pequeño pueblo del Priorat a las tres del mediodía de un sábado. Por la sensación irreal de coronar el Niu del Àliga, mirar hacia mi derecha y ver toda la Cerdanya como si de un decorado de cine se tratase. Sin escuchar ruido alguno o, tal vez, con suerte, el grito poderoso de un habitante de las alturas durante su majestuoso vuelo. Por el silencio puro, cristalino, de las montañas nevadas en las que como mucho se escucha el suave crepitar de algún animal sobre la nieve. Por las horas y horas solo entre bosques, árboles, piedras y montañas. Por qué en el silencio y en los quilómetros es dónde me encuentro a mi mismo y veo la vida con más claridad…

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Y por el ruido. Por la sensación a atravesar una alfombra con decenas de personas a ambos lados que te aplauden como si fueras un atleta de élite o un corredor del Tour de Francia. Por escuchar al mítico Depa gritando tu nombre en la meta de la Transvulcania o la Transgrancanaria. Para subir el Aizkorri en Zegama bajo la lluvia, cubierto de barro y entre los gritos de cientos de espectadores que están ahí desafiando al mal tiempo. Por ese niño de cinco año que me pone la manita para que la choques, me sonríe y me mira como si fuera un héroe o un ser mitológico. Por el ánimo de todas y cada una de las personas que te puedes llegar a cruzar durante las 33 horas del Ultratrail del Mont Blanc: ya sean niños, adultos o mayores, ya sean franceses, italianos o suizos, todos tienen un bravo o un allez para mi, para que siga adelante. Por emocionarme atravesando un pueblo de la isla de la Palma a las siete de la mañana y encontrarte decenas de personas y familia gritando ‘¡¡sí se puede!!’. Por alucinar cuando llego a la cima del Comapedrosa a les tres de la mañana y escucho un ruido fantasmagórico y imposible de gaitas y tambores. Y porque más adelante me encuentro dos personas tocando los instrumentos a 3.000 metros al lado de un fuego en una escena irreal.

Y por el ego personal, claro. Por eso también. Porque pocas cosas te hacen sentir tan fuerte e invencible como continuar corriendo después de haber hecho 125 kilómetros y llevar 25 horas de carrera. Porque me siento capaz de hacer en un día travesías entre refugios que la gente suele cubrir en tres o cuatro. Porque tengo claro que estoy solo en la montaña, pero sé que en casa hay mucha gente que me sigue y me anima, que me acompaña en mi reto y en mi sufrimiento. Por las felicitaciones que recibo de gente que cree que soy muy fuerte, una especie de robot, aunque yo sé que soy humano, muy humano, y que he sufrido como nunca en la vida.

Y por la humildad. Porque, pese a todos estos elogios, golpes en la espalda y lo que piense la gente, tengo claro que soy una persona normal, sin ninguna cualidad extraordinaria, y que me ha costado horrores llegar hasta allí; que he tenido que entrenar, entrenar, entrenar… y volver a entrenar. Porque nunca me he sentido tan frágil, mortal e insignificante como cuando me he encontrado al lado de montañas de 3.000 metros que me llevaban al limite y amenazaban de consumir hasta mi último aliento de fuerza vital. Porque, pese a que no soy una persona especialmente emotiva, he llorado de emoción y también de dolor apartado a un lado del camino. Y en algún momento he tenido miedo de no estar a la altura, de no cumplir las expectativas, de fallar en mis retos. Pero no me avergüenza, porque el miedo o el dolor son sensaciones que forman parte de la vida y me recuerdan que puedo creerme muy duro, pero al fin y al cabo soy humano.

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Todo esto me hace ser humilde, pero a la vez me hace fuerte. Me endurece el carácter y el cuerpo. Y por eso, cuando has corrido más de diez horas bajo la lluvia, ya nunca dejas de entrenar porque caigan cuatro gotas. O no te quejas cuando debes impartir tres clases seguidas de spinning. O, cuando has corrido bajo la nieve, ya no te planteas dejar de salir a las cinco de la mañana en invierno porque hace frío. O que, pese a que llegas destrozado a casa después de entrenar tres horas, sabes que te quedarán fuerzas para salir a pasear y a correr detrás de tu hijos de tres años. Porque, cuando has sufrido tanto, te das cuenta de que muchos de los problemas de tu vida cotidiana no son tan grandes y aprendes a relativizarlos.

¿Por qué me expongo a todo esto? Por la belleza, sin duda. La majestuosidad indescriptible e impagable de una cima nevada. Por ese momento en el que llevo horas corriendo, miro a mi alrededor y tengo que pararme admirar el paisaje, aunque me adelante otro corredor. Por esos instantes de plenitud absoluta que me pueden asaltar en cualquier momento, y no necesariamente en la meta o en el punto más alto de la montaña. Por conocer sitios maravillosos que de otra manera no habría visto nunca. Por la belleza pura e indescriptible de un atardecer, con el sol que se desdibuja en las cimas, o de los primeros rayos de luz de un amanecer mientras subo una cresta en el medio de una isla.

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Y porque, gracias a las ultras, puedo hacer cosas impensables, como toda la vuelta al macizo del Mont Blanc y pisar tres países distintos (Francia, Italia y Suiza) en un solo día. O puedo rodear por completo todo un país como Andorra. O puedo atravesar de punta a punta una isla, subir desde el nivel del mar hasta la cumbre de un volcán, a 2.500 metros de altura. O puedo cruzar un desierto de los Estados Unidos a 40 grados con serpientes y escorpiones que vigilan mis pasos fatigados. Y todo esto puede parecer una locura, una absoluta y completa locura, pero en el fondo son emociones. Y las emociones son la vida. Nuestra vida.

Por eso, cuando me hacen esta pregunta, cuando me dicen ¿por qué lo haces?, como soy incapaz de elegir una única respuesta, suelo esbozar mi sonrisa más angelical y despreocupada y respondo: “Porque, aunque no te lo creas, me hace feliz.”

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Los favoritos de la Ultratrail del Mont Blanc 2015 (castellano)

La Ultratrail del Mont Blanc 2015 parece contar, a priori, con la mejor participación de élite de los últimos tiempos y, quizás de su historia. Es verdad que no estarán Kilian Jornet, alejado desde hace tiempo de esta competición; François D’Haene e Iker Karrera, primero y segundo respectivamente en 2014, ni Rob Krar, ganador de la Western States en 2014 y 2015 y baja de última hora, pero aún así la pelea por el título y el podio se presenta apasionante. A la espera de las habituales cancelaciones finales, repasemos los principales favoritos de la carrera que arrancará el viernes 28 de agosto a las 6 PM:

Favoritos masculinos Ultratrail del Mont Blanc:

Luis Alberto Hernando (ESP/Adidas) – El corredor de Adidas es quizás el mejor del mundo junto a Kilian Jornet. Este año ya ha dado muestras de su fortaleza ganando carreras como Transvulcania o la Ice Trail Tarentaise, a finales de julio, y desde entonces parece haber centrado sus esfuerzos en la UTMB. Es cierto que no es un habitual en distancias superiores a 100 km, pero en su haber está que ya conoce la prueba francesa, donde el año pasado rindió de maravilla y peleó por el podio hasta que tuvo que retirarse por problemas estomacales. Sin lugar a dudas, el actual campeón de Europa es uno de los corredores más fuertes del circuito y está entre los grandes favoritos al triunfo en Chamonix.

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Luis Alberto Hernando, uno de los grandes favoritos al triunfo // Foto: Albert Jorquera

 

Tòfol Castanyer (ESP-MALL/Salomon Etixx) – El corredor del Salomon Etixx es un caso parecido a Hernando: No es un habitual de las carreras largas, pero ya conoce la UTMB. No solo la conoce, sino que la carrera le conoce a él después de que en su primera participación lograra una heroica y épica segunda posición junto a Iker Karrera. En su contra está que no es un atleta habituado a distancias muy largas; en su favor, que es muy rápido, ya ha catado la carrera y prácticamente ha enfocado su planificación de este año a la cita de Chamonix. Además, de Tòfol me admira lo metódico y riguroso que es planificando y preparando una temporada. Por carácter, experiencia y calidad, un corredor a tener muy en cuenta para volver a estar entre los tres mejores.

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Tòfol Castanyer, entrando en la meta del UTMB junto a Iker Karrera // Foto: Albert Jorquera

 

Rob Krar (USA) – Los corredores americanos suelen bajar el rendimiento cuando compiten en Europa en carreras alpinas, pero al ganador de la Western States hay que tenerle en cuenta siempre. Rob Krar debuta en el UTMB y será uno de los grandes animadores e incógnitas de esta edición. El de The North Face es muy rápido y está habituado a carreras largas, pero ¿cómo se adaptará al terreno montañoso? Puede ser uno de los tapados o, por lo menos, animar la primera mitad de la prueba imprimiéndole un ritmo muy alto. Este año, además de ganar su segunda Western States seguida, se retiró en la Lake Sonoma 50 y se impuso en la Canyons 100K.  (Rob Krar anunció el jueves que no va a correr la UTMB por problemas físicos)

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Rob Krar, al ganar su segunda Western States seguida // Foto: @irunfar

 

Sage Canaday (USA/Hoka One Team) – Un caso muy similar al de Rob Krar: corredor rapidísimo, de los más veloces del circuito, y fiable en distancias ‘medias’ de 80 o 100 kilómetros. Su rendimiento en la UTMB es una verdadera incógnita, pero ya lleva un par de semanas preparando la carrera en la zona. Además, a un atleta tan rápido y fuerte mentalmente siempre hay que seguirle de cerca. Este año, por ejemplo, ha ganado la Speedgoat 50 rozando el récord y ha acabado la Maratón de Boston en… 2h19′!!! Rápido, eh?

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Sage Canaday, uno de los corredores de montaña más rápidos del mundo // Foto Runners.es

 

Xavier Thevenard (FRA/Asics) – El ‘rey de la UTMB’ y el niño mimado de la afición francesa. No en vano es el único que ha ganado la CCC, la TDS (el año pasado) y la prueba principal, en 2013. Es un corredor que se conoce perfectamente la zona, el recorrido, los tiempos que debe marcar y que prácticamente se ha estado preparando únicamente para esto. Si llega en buen momento puede ser uno de los grandes contendientes en la lucha por el podio e incluso el triunfo final.

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Xavier Thevenard, al ganar la TDS en el año 2014 // Foto: Albert Jorquera

 

Gediminas Grinius (LIT/Inov-8) – El año pasado ya dio un serio aviso acabando quinto en la UTMB y mostrando una fortaleza a tener en cuenta. Este año Gediminas Grinius ha vuelto a dar muestras de su progresión ganando una dura y competida Transgrancanaria. Ahora el lituano afronta la Ultratrail del Mont Blanc casi como siempre, como un tapado, pero es un corredor duro mentalmente, fiable y metódico que puede dar la campanada si tiene un buen día y la carrera se le pone de cara.

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Gediminas Grinius, ganando la Transgrancanaria 2015  // Foto: Albert Jorquera

 

Ryan Sandes (SAF/Salomon Running) – El corredor surafricano no lleva uno de sus mejores años: lo empezó con una infección glandular, en la Transvulcania se tuvo que retirar por problemas estomacales y una intoxicación alimentaria le dejó fuera de la Western States en los días previos. Aún así, es uno de los más rápidos del planeta, fiable en distancias largas y hay que tenerlo en cuenta en su primera UTMB, que lleva un par de semanas preparando sobre el terreno. El año pasado ya dio muestras de su calidad ganando la Transgrancanaria y puede ser uno de los grandes animadores de la carrera francesa, ya que es muy inteligente corriendo.

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Ryan Sandes, junto a Landie Greyling en la Transvulcania // Foto: Albert Jorquera

 

Miguel Heras (ESP/Salomon Etixx) – La gran esperanza estatal junto a Tòfol y Luis Alberto. Sobre Miguel pesa la sombra de las lesiones que no le dejaron correr el año pasado en UTMB o este 2015 en Transvulcania, pero desde entonces, su progresión ha sido esperanzadora. Sus victorias en el Gran Trail de Peñalara (Campeonato de España de Ultratrail) y en el reciente Desafío Somiedo invitan al optimismo con uno de los mejores corredores de la historia y una eminencia en la prueba francesa. Su primera participación fue en 2009 y en su haber cuenta con un segundo lugar, en 2013. Si no tiene problemas físicos, el de Béjar puede ser un candidato al podio.

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Heras, entrando 2º en la UTMB en 2013 // Foto: Miguelheras.com

 

Sebastien Chaigneau (FRA/The North Face) – Otro gran corredor francés, muy querido en Chamonix y en el circuito en general. Tras casi un año lesionado regresó a la competición en la reciente Marathon du Mont Blanc de 80 Kilómetros peleando hasta el final para estar entre los 10 primeros, aunque lejos de la cabeza. Faltará ver la evolución en apenas dos meses de un corredor que es leyenda viva de una carrera en la que en 2009 acabó segundo detrás de Kilian Jornet y en 2011 fue tercero.

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Seb Chaigneau, este junio del 2015 corriendo la Mt. Blanc Marathon // Foto: Albert Jorquera

 

Julien Chorier (FRA/Hoka One Team) – Corredor galo a tener en cuenta. Julien Chorier es de casa, atesora experiencia en la carrera, está habituado a la distancia y este año puede tener un aliado en su compañero del equipo Hoka, Sage Canaday. En 2015 ha logrado una octava posición en la The North Face 100 Australia y un sexto lugar en la Western States. Es razonablemente rápido (hizo la Maratón de París en 2h35′) y mejora en distancia larga. Se dio a conocer en 2009 con un tercer lugar en la UTMB y desde entonces su mejor posición ha sido cuarto en del 2010, cuando la prueba se suspendió y reprendió por la noche. También fue sexto en 2013.

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Julien Chorier, del equipo Hoka y Compressport // Foto: Ian Corless (@talkultra)

 

Franco Collé (ITA/Team Tecnica) – Uno de los corredores de larga distancia más duros y expertos del mundo. A Franco Collé siempre hay que tenerlo en cuenta. Su palmarés es muy extenso y está bregado en las carreras más exigentes del planeta, pero basta decir que el año pasado ganó el Tor des Géants y fue segundo en la Matterhorn Xtrail o el Eiger Ultratrail. Este año llega en buen momento, con victoria en el Licony Trail y un segundo puesto en la Mont Blanc Marathon de 80 kilómetros. Además, conoce perfectamente la zona, así que será otro corredor para tener en cuenta en la lucha por las primeras posiciones.

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Franco Collé, exultante tras su 2º puesto en la Mt. Blanc Marathon // Foto: Albert Jorquera

 

Otros nombres a seguir:

En el capítulo estatal especial seguimiento merecerán Yeray Duran, Javi Domínguez (parece que no correrá por problemas en la rodilla), Remi Queral o Dani Garcia. El grangrancario ha estado tres semanas reconociendo la zona y llega muy ilusionado y motivado; Queral es un corredor bregado en carreras largas que suele estar en la zona de cabeza y Dani García está firmando un año brutal, con segundo lugar incluido en Transvulcania cuando nadie contaba con él. En clave más catalana, atención a David Coma, que llega a Chamonix como un tiro tras ganar la Pierra Mente Été y la Ultratrail Catllaràs; a Gerard Morales, corredor del equipo Buff que quiere sacarse la espina de su retirada en 2013 y a Jordi Gamito, que vuelve a Chamonix tras su quinto lugar en la TDS del 2014 con gran ilusión de estrenarse en la prueba reina para seguir sumando en la general del Ultratrail World Tour. En el resto de la élite internacional mencionar a Sondre Amdahl, un corredor noruego con poca pinta de corredor, pero que el año pasado ya fue séptimo en el UTMB y este año rozó el podio en Transgrancanaria; Carlos Sa, una verdadera leyenda del ultrafondo tras ganar carreras como la Badwater Ultramarathon; Yoshikazu Hara, un corredor nipón muy rápido que este año fue tercero en Tarawera; Fabien Antolinos, segundo en el reciente campeonato del mundo de Annecy y atleta galo que llega en un muy buen estado de forma, o John Tidd, un norteamericano que ha participado y acabado entre los 20 primeros en los tres últimas ediciones de la UTMB.

 

Puedes ver la previa de la competición femenina aquí

Seguimiento en directo de la carrera vía Twitter y Facebook

Así fue la ultra de la Marathon du Mont Blanc

La catalana Anna Comet logró una sufrida y meritoria segunda posición en la Marathon du Mont Blanc, la segunda prueba en la categoría ultra de las World Series de la Skyrunner International Federation, que tuvo lugar el viernes en Chamonix (Francia). La corredora del equipo Dynafit invirtió un tiempo de 12h54′, para completar la carrera de 80 kilómetros con 6.000 metros de desnivel positivo a lo largo del macizo del Mont Blanc. Los ganadores fueron el norteamericano Alex Nichols, con un tiempo de 10h31′, y la nepalí Mira Rai, en 12h32′.

Andy Symonds, Alex Nichols y Franco Colle Photo credit: Albert Jorquera

Andy Symonds, Alex Nichols y Franco Colle Photo credit: Albert Jorquera

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Anna Comet, Mira Rai y Hillary Allen Photo credit: Albert Jorquera

La carrera salía a las 4 de la mañana, en un ambiente muy diferente al del atestado UTMB, pero en la misma ubicación. Comet arrancó fuerte y con valentía, liderando la prueba desde el principio. Por detrás, solo Rai y la norteamericana Hillary Allen le podían seguir el ritmo, ya que la china Dong Li pronto quedó descolgada. La catalana mantuvo ventajas cortas, de entre 5 y 8 minutos, mientras por detrás Rai y Allen corrían juntas en su persecución.
La salida, a las 4 de la mañana Photo credit: Albert Jorquera

La salida, a las 4 de la mañana Photo credit: Albert Jorquera

Valió la pena levantarse a las tres de la mañana para estas vistas Photo credit: Albert Jorquera

Valió la pena levantarse a las tres de la mañana para estas vistas Photo credit: Albert Jorquera

En el Kilómetro 38, en la impresionante presa de Emosson, pude hablar con Anna y me comentó que “quizás había salido demasiado rápido”. Aún así, iba bastante fresca e intenté animarla. Allen y Rai llegaron cinco minutos después de ella, siempre muy juntas.
La presa de Emosson. Por ahí pasaron los corredores en el km. 38 Photo credit: Albert Jorquera

La presa de Emosson. Por ahí pasaron los corredores en el km. 38 Photo credit: Albert Jorquera

Hillary Allen y Mira Rai, corriendo siempre juntas Photo credit: Albert Jorquera

Con el paso de los kilómetros Comet empezó a sufrir el cansancio y los problemas intestinales. Se le notaba en la cara en el paso por La Tour (km 54), un sitio con unas vistas espectaculares, pero pese a ello llevaba ocho minutos sobre sus perseguidoras. Eso sí, a Rai la vi sonriendo, muy fresca e incluso saludando.
Anna Comet, bajando a La Tour Photo credit: Albert Jorquera

Anna Comet, bajando a La Tour Photo credit: Albert Jorquera

Mira Rai, bajando muy fresca Photo credit: Albert Jorquera

Mira Rai, bajando muy fresca Photo credit: Albert Jorquera

Pero Anna Comet peleó hasta que en el kilómetro 70 Mira Rai le dio caza en Montenvers. La corredora del Dynafit no pudo seguir el ritmo de la nepalí, que voló hacia la meta de Chamonix, pero aseguró una segunda posición que, combinada con el segundo lugar de Transvulcania, la dejan segunda en la general de las World Series.
Anna Comet, cansada pero contenta Photo credit: Albert Jorquera

Anna Comet, cansada pero contenta Photo credit: Albert Jorquera

En la categoría masculina la carrera fue rara y con muchas alternativas en la cabeza. Franco Colle, Andy Symonds, Alex Nichols y Mickael Passeron, al que penalizaron con una parada de 30 minutos por no llevar el material obligatorio, se alternaron en una carrera que arrancó a un ritmo bajo.
Franco Colle pasó líder por la presa de Emosson Photo credit: Albert Jorquera

Franco Colle pasó líder por la presa de Emosson Photo credit: Albert Jorquera

Colle pasó líder por Emosson, en el kilómetro 38, seguido de Nichols, Passeron, Symonds y Manuel Merillas, que llegó quinto. La mala noticia es que Pablo Villa, que estaba corriendo a buen ritmo entre los 10 primeros, sufría problemas en el diafragma y de cansancio y se retiraba junto a su compañero del equipo Salomon Yan Longfei, con dolores en el tobillo.
Manuel Merillas, pasando quinto por Emosson Photo credit: Albert Jorquera

Manuel Merillas, pasando quinto por Emosson Photo credit: Albert Jorquera

Nichols ya se situó primero en La Tour (km. 54), aunque la nota divertida fue encontrarnos ahí con Emelie Forsberg y Kilian Jornet haciendo fotos y animando a los sorprendidos corredores. Por detrás, Colle y Symonds andaban juntos y Merillas también se retiraría con problemas físicos. Destacar también a Seb Chaigneau, que volvía a competir tras una larga lesión y que, pese a verlo sufrir en mucho momentos, anduvo en el top-10 y aguantó hasta el final pese a descolgarse.
Un fotógrafo... sorprendente Photo credit: Greg Vollet

Un fotógrafo… sorprendente Photo credit: Greg Vollet

Finalmente, no hubo más cambios y Alex Nichols fue el ganador en Chamonix con un tiempo de 10h31′, sucediendo a Luis Alberto Hernando, seguido del italiano Franco Colle y del escocés Andy Symonds, que entraron en meta separados por pocos minutos.
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Alex Nichols, vencedor de la ultra de la Marathon du Mont Blanc Photo credit: Albert Jorquera

Podio español femenino en el Kilómetro Vertical
Por la tarde tuvo lugar el Kilómetro Vertical con una enorme afluencia de público y con la presencia de algunos de los mejores especialistas del mundo, entre ellos Kilian Jornet. En la categoría femenina el dominio estatal fue absoluto, ya que el triunfo se lo llevó la joven y prometedora Paula Cabrerizo, Laura Orgué fue segunda y Maite Maiora, tercera. La vencedora invirtió 41’11” para completar el exigente recorrido y demostró su excelente estado de forma tras proclamarse campeona de España de la especialidad y ser segunda en Zegama. Orgué, vigente campeona del mundo, fue segunda pese a bajar un minuto su marca del año anterior (41’29”) en un día en el que “no me tiraban las piernas” y Maite Maiora cerró el podio con 43’30”.
Laura Orgué, en pleno esfuerzo en el KV Photo credit: Albert Jorquera

Laura Orgué, en pleno esfuerzo en el KV Photo credit: Albert Jorquera

En categoría masculina Kilian Jornet, que el día antes había estado 24 horas seguidas corriendo para preparar la Hardrock, se lo tomó como un entreno más y llegó arriba sonriendo y saludando. Pese a ello, acabó en séptimo lugar de la general con 36’06” y vio como el ganador, François Gonon, batía su récord con un tiempo de 34’07”.
Kilian Jornet, sonriendo y saludando, acabó séptimo Photo credit: Albert Jorquera

Kilian Jornet, sonriendo y saludando, acabó séptimo Photo credit: Albert Jorquera

 

Mont-Blanc Marathon ¡Volvemos a Chamonix!

En 2013 corrí la Ultratrail del Mont Blanc, en el 2014 la cubrí como prensa y ahora vuelvo… ¡como periodista y corredor! Este fin de semana se disputa la clásica Mont-Blanc Marathon y la idea es estar allí para cubrir en directo la carrera de 80 kilómetros, que arranca el viernes a las 4 de la mañana, el Kilómetro Vertical, que sale el viernes a las 4 de la tarde, y correr la Marathon, el domingo a las siete de la mañana, para tomar el avión a las 7 de la tarde. ¿Completito, no?

Esta es la previa que he hecho para Mundo Deportivo de estas interesantes carreras, en la que hay grandísimos, corredores.

Kilian Jornet vuelve a la competición en el Kilómetro Vertical de Chamonix

La Mont-Blanc Marathon convoca este fin de semana a 7.000 corredores en cuatro carreras

El vigente tricampeón del mundo, Kilian Jornet, empezará este viernes su temporada oficial de competición en el Kilómetro Vertical de Chamonix, que arrancará a partir de las cuatro de la tarde. Tras un fugaz e inesperado paso por Zegama-Aizkorri a su llegada del Nepal, el corredor catalán, inicia de esta manera un calendario marcado por la reducción significativa del número de pruebas de trailrunning. De hecho, en este 2015 no seguirá las World Series de la International Skyrunning Federation, en las cuales el año pasado hizo historia al ganar las tras modalidades, sino que se centrará en varias pruebas concretas. El Kilómetro Vertical será una buena manera de ponerse a punto antes de partir el domingo hacia Estados Unidos, donde próximamente disputará la Hardrock 100, que ya ganó el año pasado, y la Alaska Marathon, que no ha corrido nunca y le hace especial ilusión. Además, Jornet intentará batir en Chamonix su propio récord (34’18’’) en una prueba que también contará con la actual campeona del mundo de la especialidad, Laura Orgué, del equipo Salomon Etixx, y con Emelie Forsberg, que también prepara la carrera de Alaska.

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Kilian Jornet, en el Kilómetro Vertical del 2014 Photo credit: Ian Corless

El Kilómetro Vertical será una más de las seis pruebas que se disputarán a lo largo del fin de semana en la localidad francesa. La Mont-Blanc Marathon arrancará la madrugada del jueves al viernes con la disputa de la carrera de 80 Kilómetros, la segunda de las World Series tras la Transvulcania. No estará Luis Alberto Hernando, el vigente ganador, pero sí los españoles Manuel Merillas, Pablo Villa, Cristofer Clemente o Javier Domínguez. Todos ellos tienen serias opciones a estar entre los 10 primeros de una carrera con un buen número de corredores potentes, como Seb Chaigneau, Yan Longfei o Henry Jules Gabioud. En chicas, la catalana Anna Comet tratará de hacer bueno su segundo lugar en Transvulcania ante rivales de la entidad de Rory Bosio, dos veces ganadora de la Ultra Trail del Mont Blanc, la china Dong Li o la nepalí Mira Rai.

La china Dong Li, tercera en Transgrancanaria Photo credit: Albert Jorquera

La china Dong Li, tercera en Transgrancanaria Photo credit: Albert Jorquera

La otra gran carrera del fin de semana será la Marathon, que arrancará el domingo por la mañana y contará con un cartel de auténtico lujo con nombres como Max King, Xavier Thevenard, Ricky Lighfoot, Michel Lanne o los vascos Maite maiora, Aritz Egea y Oihana Kortazar. En total, serán 7.000 los corredores que correrán alguna de las cuatro pruebas de una Mont-Blanc Marathon que nada tiene que envidiar en cuanto a nivel y participación a la Ultratrail del Mont Blanc de agosto, eso sí, mucho más mediática.

 

Corrent cap a l’impossible

Ara fa més o menys un any, quan vaig acabar la Ultratrail del Mont Blanc vaig viure una de les situacions més contradictòries de la meva vida: mentre molta gent em felicitava i em tractava com una mena de superheroi, jo em sentia més fràgil i vulnerable que mai. Havia patit tant, havia arribat tant al límit, que em sentia qualsevol cosa menys especial. De fet, no em cansava de respondre que si ho havia fet jo, qualsevol ho podia fer, però tothom em mirava com un boig.

 

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Mentre tractava de posar en ordre els meus pensaments, un es va anar imposant per sobre de la resta: havia d’explicar el camí que havia seguit per arribar fins allà. Feia mesos que havia contactat amb l’editorial Cossetània per plantejar-los la possibilitat de fer un llibre sobre trail i, sorprenentment, no m’havien rebutjat el projecte, però jo no em sentia preparat i no havia fet cap més pas. Ara ho tenia clar: no volia fer un llibre sobre mi, ja que no sóc cap atleta d’elit i la meva història no li interessa a ningú, sinó sobre aquest camí vital que et duu a preparar-te per a un repte de tanta magnitud. I com aquest camí et canvia la vida a còpia d’esforç, sacrifici i d’anar superant limitacions autoimposades.

Quan començava a córrer em vaig adonar que el món de les ultratrails és molt complex, però que gairebé no hi ha literatura ni informació al respecte. Òbviament vaig llegir els llibres d’en Kilian Jornet, de l’Scott Jurek i un del Dean Karnazes que em va impactar especialment. Són obres sobre atletes espectaculars i molt motivadors, però aviat em vaig adonar que no en podria extreure gaire cosa: parlen sobre guanyar curses i el 99% del corredors al màxim al què aspirem és a acabar-les. Les nostres realitats són molt diferents. Aleshores em vaig plantejar escriure el tipus de llibre que m’hauria agradat llegir quan començava a córrer per la muntanya.

 

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El procès va ser dur i curiosament molt semblant a fer una ultra: primer no era més que un somni, un dia em vaig atrevir a plantejar-ho i quan em van dir que sí em va entrar el vertígen. Més d’una vegada vaig pensar en renunciar, que no estava prou preparat o que potser el llibre no li interessaria a ningú. Però també sabia que a la vida t’has d’arriscar si vols aconseguir determinades coses i que si no ho feia, si no ho intentava, m’ho retreuria sempre. Durant mesos vaig buscar entrevistes a corredors a internet, vaig investigar la història de les grans curses del planeta, vaig contactar amb gent de tot el món, vaig entrevistar grans corredors com en Kilian Jornet o la Núria Picas i vaig tenir llargues converses privades amb atletes com en Tòfol Castanyer, l’Iker Karrera o el Miguel Heras. Hores i hores de converses fascinants entre apassionats d’aquest esport que em van descobrir magnífiques històries de superació personal, anècdotes i també grans decepcions.

 

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Fotografies d’en Jordi Saragossa

Una de les coses de les que estic més orgullós és de poder comptar amb les fotografies d’en Jordi Saragossa, per a mi el millor fotògraf de trailrunning del món i un gran amic. Com amb el plantejament del llibre, tenia clar que hi havia d’haver alguna fotografia meva, però que el protagonisme l’havien de tenir altres persones. Buscava imatges que tinguessin un valor artístic per si mateixes. Quan el vaig contactar ni tan sols ens coneixíem i li vaig ser molt franc: o posava les seves fotos, o segurament no n’hi hauria cap. En Jordi va dir que sí que li agradava el projecte i que endavant, sense haver parlat de condicions econòmiques. Ell és un gran exemple del tipus de gent que hi ha al voltant d’aquest esport: gent humil, tot i ser veritables cracks, gent apassionada, que li encanta el trail, i gent que no es mouen per diners, sinó per sensacions o per allò que els fa feliços. Crec sincerament que només per les seves brutals fotografies, el llibre ja val la pena.

 

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Un llibre per al corredor amateur

En definitiva Corrent cap a l’impossible no és un manual d’entrenament, és una aproximació a aquest apassionant esport a partir dels grans professionals, però sempre pensant en el corredor amateur, que al cap i a la fi som la majoria. Hi ha molts consells sobre entrenament, alimentació, preparació d’una ultra, gestió de la cursa, aspectes mentals, motivació… però presentats d’una manera divertida i fàcil de llegir, amb molts exemples i anècdotes. Els meus tres grans objectius eren entretenir, que el llibre fos útil i que motivés al lector, però sempre tenint els  peus a terra i sent molt honest amb un esport en el qual portem el cos al límit. A la vegada, volia reflexionar sobre com preparar-te per a una ultra ens canvia la vida i ens permet adonar-nos de les autolimitacions que moltes vegades ens imposem nosaltres mateixos.

Crec sincerament que el llibre és una gran lectura per a aquells corredors que comencen a córrer por la muntanya o somien fer una ultra algun cop a la seva vida. A la vegada, amb la història de curses com l’Ultratrail del Mont Blanc, la Transvulcania, la Badwater o la Western States, entre moltes d’altres, espero haver aportat prou informació nova per a entretindre a aquells corredors més experts. Per últim, també m’agradaria sorprendre a aquelles persones que no coneixen el món de les curses de muntanya, un esport on m’he trobat gent interessantíssima, i no només com a esportista, però a la vegada molt humil i amb uns forts valors personals. De fet, és això, la gent, el què fa veritablement diferent un esport que des de fora pot semblar córrer, córrer i córrer, però que és molt més que això. És un viatge interior que ens permet enfrontar-nos a les nostres pors i créixer com a persones. Encara que sigui corrent cap a un impossible.

 

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Un Kilian Jornet de leyenda gana la Hardrock 100 y pulveriza su récord en 42′

¿Se imaginan una competición que Leo Messi quisiera jugar y no pudiera hacerlo porque no entra en el sorteo? Pues justo eso es lo que le había pasado a Kilian Jornet en los dos años anteriores con la Hardrock 100, una de las carreras más duras y emblemáticas de los Estados Unidos con sus 160 killómetros, 10.000 metros de desnivel positivo y una cima de 4.280. Por eso, la prueba que tiene lugar en Silverton (Colorado) aún no figuraba en el extenso palmarés del que ya es el mejor corredor de ultradistancia de la historia… hasta hoy. El corredor del Salomon International Team se ha impuesto con una autoridad insultante con un tiempo de 22h41′, con más de 2h30’ de ventaja sobre el segundo y, no contento con ello, ha batido en 42’ el récord de la prueba.

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Los que conocen a Jornet sabían que la Hardrock le hacía especial ilusión porque no la había corrido nunca y porque es mucho más ‘alpina’ que la mayoría de citas americanas, habitualmente más pisteras y planas. Sin embargo, su actuación a vuelto a asombrar a propios y extraños, liderando la carrera desde el principio y manejándola a su antojo. Desde ayer viernes a las dos del mediodía lo hemos podido ver sentado tranquilamente cambiándose los calcetines tras cruzar un río o asegurando que llevaba un ritmo “muy muy cómodo” en el primer cuarto del recorrido. Por entonces ya iba líder con algunos minutos de ventaja sobre Julien Chorier, seguido de Seb Chaigneau, que acabaría abandonando con una severa hipotermia. El catalán, avituallado por toda una campeona del mundo como Anna Frost, se lo pasó en grande con las tradiciones de la carrera, bebiendo incluso un poco de tequila y un sandwich en uno de los avituallamientos. Chorier seguía a su caza, varios minutos detrás, con la ayuda de un ‘pacer’ (un compañero que puede acompañarte y marcarte el ritmo), mientras Kilian cargaba con unos palos para superar el tremendo ascenso al Engineer’s Pass.

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La sorpresa relativa llegaba cuando Jornet y Chorier aparecían juntos en la milla 54 y parecía que había carrera, aunque uno de los responsables del avituallamiento del catalán explicaba que había esperado a Chorier porque “estaba cansado de ir solo”. A partir de ahí, sin embargo, empezó la verdadera carrera del corredor del Salomon. Su compañero de equipo Rickey Gates empezó a hacerle de liebre, pero pese a ir mucho más fresco, no pudo seguir su altísimo ritmo y lo acabó dejando. En el siguiente punto de control, en la milla 63, Jornet ya tenía 12 minutos sobre Chorier. A partir de ahí la diferencia se fue alargando de forma abismal y en la milla 72 ya estaba en 33’. A partir de ahí aumentó todavía más su ritmo con lo que sus tiempos se iban situando por debajo del récord de la prueba, pese a que él bromeaba en algunos puntos de control diciendo que “estoy corriendo rápido para mantenerme en calor, no para batir el récord”.

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Pero lo hizo. Batió el récord en 42’ minutos e inscribió su nombre en el selecto palmarés de la Hardrock 100, una de las pocas pruebas largas del mundo que aún no había ganado. Una gesta más para un corredor que está batiendo todos los registros con una aparente facilidad que resulta asombrosa.

(Fotos via @iRunFar)

Las carreras de montaña: ¿impacto medioambiental o demagogia?

La Vanguardia, un periódico que siempre se ha destacado por tratar el trailrunning y las carreras de montaña con mucha seriedad, publicó el lunes 13 de enero un artículo que en cierta medida me sorprendió. Bajo el llamativo titular de “Carreras de montaña: al filo de lo insostenible” analiza la situación de un sector en el que evidentemente hay un boom y, por lo tanto, cierto peligro de desmadrarse y provocar daños medioambientales. Formalmente, el artículo (que podéis leer aquí) está bien realizado, ya que va a buscar muchas y diversas fuentes, pero tiene cierta trampa: parte de la premisa que las carreras perjudican el medio ambiente y trata de reforzar esta tesis, porque si no, sencillamente no habría artículo. Por todo ello, tiene una parte negativa y una positiva. La mala es que una persona que no sabe de qué va esto, leyendo el titular y las opiniones preponderantes en el artículo se va a hacer irremediablemente a la idea que las carreras de montaña son un negocio masificado de gente a la que no le importa hacer daño al medio natural. La buena, que pone el foco y saca a relucir ciertos problemas a los que se va a enfrentar el trailrunning y las carreras de montaña en los próximos años y sobre los que debe haber un debate realista y serio.

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En primer lugar es innegable que estamos llegando a niveles alarmantes de saturación de carreras. En el 2014 se han creado un mínimo de cuatro ultratrails nuevas en Catalunya, que se suman a la amplia oferta ya existente. A ojos de muchos, la situación empieza a ser peligrosa, pero en primer lugar nadie puede prohibir organizar una carrera a un grupo de gente que obtiene todos los permisos. En segundo, la demanda y el número de inscripciones continúa creciendo, con lo que estimula inevitablemente la oferta. En tercero, en caso de saturación real, las carreras mal organizadas o que busquen únicamente el rendimiento económico caerán por su propio peso. Así pues, yo creo que no se puede limitar el número de carreras que se crean, pero sí que tiene que haber una limitación del número de participantes en ellas. O, como mínimo, intentar que el crecimiento sea sostenible. El problema es, ¿quién lo regula? Algunas carreras están bajo el auspicio de la Federación Española (FEDME), otras de las autonómicas, la mayoría dependen de los permisos de cada zona concreta o parque natural, pero no hay una entidad que esté por encima de todas ellas y haga homogéneos los requisitos necesarios para tirarlas adelante.

Una de las carreras que cita el artículo de La Vanguardia es el Gran Trail Aneto-Posets, que este verano metió a 3.000 personas en el parque Natural Aneto-Posets y en el que hubo serios problemas debido al mal tiempo. La carrera había cambiado esta edición de organizadores y creo que hay que estar muy preparado y tener una gran experiencia para dar servicio a este número tan elevado de participantes. Personalmente, prefiero no ir a una carrera de nueva creación que empieza con tanta gente. Es previsible que haya problemas y, en la alta montaña y hablando de ultras, estos se pueden multiplicar y llegar a ser muy serios. De hecho, no hace falta ser organizadores ‘novatos’ para tener problemas derivados de un crecimiento desmedido. La Ultratrail Barcelona ha pasado en apenas tres años de unos 400 participantes a 2.000. En el 2013 decidió crear una carrera más, aumentando su número hasta cuatro (21, 42, 70 y 114 km.), y concentrar hasta a 2.000 participantes en una única salida que encima se vio afectada por la lluvia. El resultado fueron unos serios problemas organizativos en la entrega de dorsales, gente que llegó tarde a la salida, tapones monumentales en los primeros kilómetros… Uno de los problemas principales es que la mayoría de ultras, que suelen tener unos 400-500 corredores, han visto el filón creando carreras más cortas, que atraen a más gente, generan más dinero y en algunos casos no tienen límites de participación. Con ello, se acaba metiendo a 2.000 o 3.000 personas en un mismo espacio natural. En principio esto no es malo, pero requiere una organización suficientemente potente, numerosa y experta para dar servicio a este volumen de gente y prever y controlar los posibles problemas e impacto sobre el medio que puedan generar.

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Personalmente creo que es imprescindible frenar este crecimiento desmedido, aunque luego soy el primero que me cabreo cuando me quedo sin inscripción en algunas carreras porque están limitadas. La icónica y mítica Western States, por ejemplo, tiene el número de participantes reducido a 400 por mucho que sea una de las carreras más importantes del mundo. Las autoridades norteamericanas son muy estrictas al respecto, llegando a modificar, por ejemplo, el recorrido de la Badwater Ultramarathon, que originalmente subía al Monte Whitney. De hecho, este año ha suspendido temporalmente la carrera a pie y las de bicicleta que se hacían por el Death Valley hasta que no haya “un análisis de los riesgos”, según se puede leer en este artículo de Los Angeles Times. A parte de la Badwater, había previstas seis pruebas de resistencia por la zona a lo largo de este año. En otras carreras, como el Ultratrail del Mount Fuji, los organizadores advierten que hay zonas del recorrido en las que no se puede ni tan siquiera entrenar “a riesgo de que nos retiren el permiso” y otras que se abren especialmente para la cprueba. En su momento, la organización tuvo que vencer las fuertes reticencias de las autoridades de la zona y las convenció a base de ser escrupulosamente respetuosa con el entorno. De hecho, en 2011 la Ultratrail Mount Fuji se suspendió por el tsunami de Fukushima y en su lugar se realizaron dos jornadas de limpieza del recorrido, acciones que se siguen haciendo anualmente y que son comunes entre excorredores de muchas carreras norteamericanas.

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Personalmente, lo que me molesta del artículo de La Vanguardia es la acusación velada hacia los organizadores y los corredores de no preocuparse por el medio ambiente. Está claro que puede haber algún caso aislado, pero la mayoría de las personas que se dedican a esto son gente que vive en la zona, que la quiere, que la cuida y que es la principal interesada en que haya el mínimo desgaste e impacto sobre el medio natural. Es ya casi un tema de prestigio personal. En la mayoría de las carreras en las que he participado ya no se dan vasos, se prohibe salir del recorrido y está gravemente penado tirar basura. En algunos casos se dan unos recipientes para los envases de geles y barritas y en otros, como la Ultratrail Collserola, se llegó a obligar a los participantes a rotular todos sus geles y barritas con su dorsal y a castigar con la descalificación a todo aquél que lanzara algo. No hace falta decir que todas estas medidas me parecen muy bien y lo que sí hay que exigir a los organizadores es que después de la carrera realicen una limpieza exhaustiva del recorrido, algo que si no se cumple debería conllevar la suspensión de los permisos para volver a realizarla.

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Ahora bien, puestos a analizar el impacto que tienen las carreras de montaña, ¿porqué no analizamos el de los centenares de cazadores que van campo a través y dejan el monte lleno de cascotes y restos de metralla? ¿Y el paso de determinados vehículos de motor? ¿O el de los centenares o miles de personas que van cada fin de semana a la montaña y tiran todo tipo de basura sin ningún control ni limpieza posterior? ¿Y las prácticas de desforestación que realizan algunas empresas o particulares? ¿Realmente una carrera con 1.000 personas pasando por un recorrido definido y que luego se limpia a conciencia hacen más daño ambientalmente que estas otras prácticas? Nunca me ha gustado el argumento del ‘y tú más’, pero tampoco las discusiones demagógicas que ya parten de una premisa indemostrable. Está claro que el sector del trailrunning y las carreras de montaña necesita una regulación y unos controles estrictos, pero lo más importante es una educación y concienciación constante de sus practicantes, especialmente los noveles. Ahora bien, también me gustaría dejar claro que el 99% de las personas que estamos en este sector amamos la montaña, la respetamos y la cuidamos hasta el punto de recoger a mitad de un entreno deshechos o envoltorios de otros que nos encontramos por el camino. ¿Queremos un debate para proteger la naturaleza y la montaña? Perfecto, pero tratémoslo todo y sin demagogias.