Los favoritos de la Ultratrail del Mont Blanc 2015 (castellano)

La Ultratrail del Mont Blanc 2015 parece contar, a priori, con la mejor participación de élite de los últimos tiempos y, quizás de su historia. Es verdad que no estarán Kilian Jornet, alejado desde hace tiempo de esta competición; François D’Haene e Iker Karrera, primero y segundo respectivamente en 2014, ni Rob Krar, ganador de la Western States en 2014 y 2015 y baja de última hora, pero aún así la pelea por el título y el podio se presenta apasionante. A la espera de las habituales cancelaciones finales, repasemos los principales favoritos de la carrera que arrancará el viernes 28 de agosto a las 6 PM:

Favoritos masculinos Ultratrail del Mont Blanc:

Luis Alberto Hernando (ESP/Adidas) – El corredor de Adidas es quizás el mejor del mundo junto a Kilian Jornet. Este año ya ha dado muestras de su fortaleza ganando carreras como Transvulcania o la Ice Trail Tarentaise, a finales de julio, y desde entonces parece haber centrado sus esfuerzos en la UTMB. Es cierto que no es un habitual en distancias superiores a 100 km, pero en su haber está que ya conoce la prueba francesa, donde el año pasado rindió de maravilla y peleó por el podio hasta que tuvo que retirarse por problemas estomacales. Sin lugar a dudas, el actual campeón de Europa es uno de los corredores más fuertes del circuito y está entre los grandes favoritos al triunfo en Chamonix.

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Luis Alberto Hernando, uno de los grandes favoritos al triunfo // Foto: Albert Jorquera

 

Tòfol Castanyer (ESP-MALL/Salomon Etixx) – El corredor del Salomon Etixx es un caso parecido a Hernando: No es un habitual de las carreras largas, pero ya conoce la UTMB. No solo la conoce, sino que la carrera le conoce a él después de que en su primera participación lograra una heroica y épica segunda posición junto a Iker Karrera. En su contra está que no es un atleta habituado a distancias muy largas; en su favor, que es muy rápido, ya ha catado la carrera y prácticamente ha enfocado su planificación de este año a la cita de Chamonix. Además, de Tòfol me admira lo metódico y riguroso que es planificando y preparando una temporada. Por carácter, experiencia y calidad, un corredor a tener muy en cuenta para volver a estar entre los tres mejores.

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Tòfol Castanyer, entrando en la meta del UTMB junto a Iker Karrera // Foto: Albert Jorquera

 

Rob Krar (USA) – Los corredores americanos suelen bajar el rendimiento cuando compiten en Europa en carreras alpinas, pero al ganador de la Western States hay que tenerle en cuenta siempre. Rob Krar debuta en el UTMB y será uno de los grandes animadores e incógnitas de esta edición. El de The North Face es muy rápido y está habituado a carreras largas, pero ¿cómo se adaptará al terreno montañoso? Puede ser uno de los tapados o, por lo menos, animar la primera mitad de la prueba imprimiéndole un ritmo muy alto. Este año, además de ganar su segunda Western States seguida, se retiró en la Lake Sonoma 50 y se impuso en la Canyons 100K.  (Rob Krar anunció el jueves que no va a correr la UTMB por problemas físicos)

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Rob Krar, al ganar su segunda Western States seguida // Foto: @irunfar

 

Sage Canaday (USA/Hoka One Team) – Un caso muy similar al de Rob Krar: corredor rapidísimo, de los más veloces del circuito, y fiable en distancias ‘medias’ de 80 o 100 kilómetros. Su rendimiento en la UTMB es una verdadera incógnita, pero ya lleva un par de semanas preparando la carrera en la zona. Además, a un atleta tan rápido y fuerte mentalmente siempre hay que seguirle de cerca. Este año, por ejemplo, ha ganado la Speedgoat 50 rozando el récord y ha acabado la Maratón de Boston en… 2h19′!!! Rápido, eh?

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Sage Canaday, uno de los corredores de montaña más rápidos del mundo // Foto Runners.es

 

Xavier Thevenard (FRA/Asics) – El ‘rey de la UTMB’ y el niño mimado de la afición francesa. No en vano es el único que ha ganado la CCC, la TDS (el año pasado) y la prueba principal, en 2013. Es un corredor que se conoce perfectamente la zona, el recorrido, los tiempos que debe marcar y que prácticamente se ha estado preparando únicamente para esto. Si llega en buen momento puede ser uno de los grandes contendientes en la lucha por el podio e incluso el triunfo final.

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Xavier Thevenard, al ganar la TDS en el año 2014 // Foto: Albert Jorquera

 

Gediminas Grinius (LIT/Inov-8) – El año pasado ya dio un serio aviso acabando quinto en la UTMB y mostrando una fortaleza a tener en cuenta. Este año Gediminas Grinius ha vuelto a dar muestras de su progresión ganando una dura y competida Transgrancanaria. Ahora el lituano afronta la Ultratrail del Mont Blanc casi como siempre, como un tapado, pero es un corredor duro mentalmente, fiable y metódico que puede dar la campanada si tiene un buen día y la carrera se le pone de cara.

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Gediminas Grinius, ganando la Transgrancanaria 2015  // Foto: Albert Jorquera

 

Ryan Sandes (SAF/Salomon Running) – El corredor surafricano no lleva uno de sus mejores años: lo empezó con una infección glandular, en la Transvulcania se tuvo que retirar por problemas estomacales y una intoxicación alimentaria le dejó fuera de la Western States en los días previos. Aún así, es uno de los más rápidos del planeta, fiable en distancias largas y hay que tenerlo en cuenta en su primera UTMB, que lleva un par de semanas preparando sobre el terreno. El año pasado ya dio muestras de su calidad ganando la Transgrancanaria y puede ser uno de los grandes animadores de la carrera francesa, ya que es muy inteligente corriendo.

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Ryan Sandes, junto a Landie Greyling en la Transvulcania // Foto: Albert Jorquera

 

Miguel Heras (ESP/Salomon Etixx) – La gran esperanza estatal junto a Tòfol y Luis Alberto. Sobre Miguel pesa la sombra de las lesiones que no le dejaron correr el año pasado en UTMB o este 2015 en Transvulcania, pero desde entonces, su progresión ha sido esperanzadora. Sus victorias en el Gran Trail de Peñalara (Campeonato de España de Ultratrail) y en el reciente Desafío Somiedo invitan al optimismo con uno de los mejores corredores de la historia y una eminencia en la prueba francesa. Su primera participación fue en 2009 y en su haber cuenta con un segundo lugar, en 2013. Si no tiene problemas físicos, el de Béjar puede ser un candidato al podio.

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Heras, entrando 2º en la UTMB en 2013 // Foto: Miguelheras.com

 

Sebastien Chaigneau (FRA/The North Face) – Otro gran corredor francés, muy querido en Chamonix y en el circuito en general. Tras casi un año lesionado regresó a la competición en la reciente Marathon du Mont Blanc de 80 Kilómetros peleando hasta el final para estar entre los 10 primeros, aunque lejos de la cabeza. Faltará ver la evolución en apenas dos meses de un corredor que es leyenda viva de una carrera en la que en 2009 acabó segundo detrás de Kilian Jornet y en 2011 fue tercero.

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Seb Chaigneau, este junio del 2015 corriendo la Mt. Blanc Marathon // Foto: Albert Jorquera

 

Julien Chorier (FRA/Hoka One Team) – Corredor galo a tener en cuenta. Julien Chorier es de casa, atesora experiencia en la carrera, está habituado a la distancia y este año puede tener un aliado en su compañero del equipo Hoka, Sage Canaday. En 2015 ha logrado una octava posición en la The North Face 100 Australia y un sexto lugar en la Western States. Es razonablemente rápido (hizo la Maratón de París en 2h35′) y mejora en distancia larga. Se dio a conocer en 2009 con un tercer lugar en la UTMB y desde entonces su mejor posición ha sido cuarto en del 2010, cuando la prueba se suspendió y reprendió por la noche. También fue sexto en 2013.

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Julien Chorier, del equipo Hoka y Compressport // Foto: Ian Corless (@talkultra)

 

Franco Collé (ITA/Team Tecnica) – Uno de los corredores de larga distancia más duros y expertos del mundo. A Franco Collé siempre hay que tenerlo en cuenta. Su palmarés es muy extenso y está bregado en las carreras más exigentes del planeta, pero basta decir que el año pasado ganó el Tor des Géants y fue segundo en la Matterhorn Xtrail o el Eiger Ultratrail. Este año llega en buen momento, con victoria en el Licony Trail y un segundo puesto en la Mont Blanc Marathon de 80 kilómetros. Además, conoce perfectamente la zona, así que será otro corredor para tener en cuenta en la lucha por las primeras posiciones.

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Franco Collé, exultante tras su 2º puesto en la Mt. Blanc Marathon // Foto: Albert Jorquera

 

Otros nombres a seguir:

En el capítulo estatal especial seguimiento merecerán Yeray Duran, Javi Domínguez (parece que no correrá por problemas en la rodilla), Remi Queral o Dani Garcia. El grangrancario ha estado tres semanas reconociendo la zona y llega muy ilusionado y motivado; Queral es un corredor bregado en carreras largas que suele estar en la zona de cabeza y Dani García está firmando un año brutal, con segundo lugar incluido en Transvulcania cuando nadie contaba con él. En clave más catalana, atención a David Coma, que llega a Chamonix como un tiro tras ganar la Pierra Mente Été y la Ultratrail Catllaràs; a Gerard Morales, corredor del equipo Buff que quiere sacarse la espina de su retirada en 2013 y a Jordi Gamito, que vuelve a Chamonix tras su quinto lugar en la TDS del 2014 con gran ilusión de estrenarse en la prueba reina para seguir sumando en la general del Ultratrail World Tour. En el resto de la élite internacional mencionar a Sondre Amdahl, un corredor noruego con poca pinta de corredor, pero que el año pasado ya fue séptimo en el UTMB y este año rozó el podio en Transgrancanaria; Carlos Sa, una verdadera leyenda del ultrafondo tras ganar carreras como la Badwater Ultramarathon; Yoshikazu Hara, un corredor nipón muy rápido que este año fue tercero en Tarawera; Fabien Antolinos, segundo en el reciente campeonato del mundo de Annecy y atleta galo que llega en un muy buen estado de forma, o John Tidd, un norteamericano que ha participado y acabado entre los 20 primeros en los tres últimas ediciones de la UTMB.

 

Puedes ver la previa de la competición femenina aquí

Seguimiento en directo de la carrera vía Twitter y Facebook

Corrent cap a l’impossible

Ara fa més o menys un any, quan vaig acabar la Ultratrail del Mont Blanc vaig viure una de les situacions més contradictòries de la meva vida: mentre molta gent em felicitava i em tractava com una mena de superheroi, jo em sentia més fràgil i vulnerable que mai. Havia patit tant, havia arribat tant al límit, que em sentia qualsevol cosa menys especial. De fet, no em cansava de respondre que si ho havia fet jo, qualsevol ho podia fer, però tothom em mirava com un boig.

 

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Mentre tractava de posar en ordre els meus pensaments, un es va anar imposant per sobre de la resta: havia d’explicar el camí que havia seguit per arribar fins allà. Feia mesos que havia contactat amb l’editorial Cossetània per plantejar-los la possibilitat de fer un llibre sobre trail i, sorprenentment, no m’havien rebutjat el projecte, però jo no em sentia preparat i no havia fet cap més pas. Ara ho tenia clar: no volia fer un llibre sobre mi, ja que no sóc cap atleta d’elit i la meva història no li interessa a ningú, sinó sobre aquest camí vital que et duu a preparar-te per a un repte de tanta magnitud. I com aquest camí et canvia la vida a còpia d’esforç, sacrifici i d’anar superant limitacions autoimposades.

Quan començava a córrer em vaig adonar que el món de les ultratrails és molt complex, però que gairebé no hi ha literatura ni informació al respecte. Òbviament vaig llegir els llibres d’en Kilian Jornet, de l’Scott Jurek i un del Dean Karnazes que em va impactar especialment. Són obres sobre atletes espectaculars i molt motivadors, però aviat em vaig adonar que no en podria extreure gaire cosa: parlen sobre guanyar curses i el 99% del corredors al màxim al què aspirem és a acabar-les. Les nostres realitats són molt diferents. Aleshores em vaig plantejar escriure el tipus de llibre que m’hauria agradat llegir quan començava a córrer per la muntanya.

 

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El procès va ser dur i curiosament molt semblant a fer una ultra: primer no era més que un somni, un dia em vaig atrevir a plantejar-ho i quan em van dir que sí em va entrar el vertígen. Més d’una vegada vaig pensar en renunciar, que no estava prou preparat o que potser el llibre no li interessaria a ningú. Però també sabia que a la vida t’has d’arriscar si vols aconseguir determinades coses i que si no ho feia, si no ho intentava, m’ho retreuria sempre. Durant mesos vaig buscar entrevistes a corredors a internet, vaig investigar la història de les grans curses del planeta, vaig contactar amb gent de tot el món, vaig entrevistar grans corredors com en Kilian Jornet o la Núria Picas i vaig tenir llargues converses privades amb atletes com en Tòfol Castanyer, l’Iker Karrera o el Miguel Heras. Hores i hores de converses fascinants entre apassionats d’aquest esport que em van descobrir magnífiques històries de superació personal, anècdotes i també grans decepcions.

 

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Fotografies d’en Jordi Saragossa

Una de les coses de les que estic més orgullós és de poder comptar amb les fotografies d’en Jordi Saragossa, per a mi el millor fotògraf de trailrunning del món i un gran amic. Com amb el plantejament del llibre, tenia clar que hi havia d’haver alguna fotografia meva, però que el protagonisme l’havien de tenir altres persones. Buscava imatges que tinguessin un valor artístic per si mateixes. Quan el vaig contactar ni tan sols ens coneixíem i li vaig ser molt franc: o posava les seves fotos, o segurament no n’hi hauria cap. En Jordi va dir que sí que li agradava el projecte i que endavant, sense haver parlat de condicions econòmiques. Ell és un gran exemple del tipus de gent que hi ha al voltant d’aquest esport: gent humil, tot i ser veritables cracks, gent apassionada, que li encanta el trail, i gent que no es mouen per diners, sinó per sensacions o per allò que els fa feliços. Crec sincerament que només per les seves brutals fotografies, el llibre ja val la pena.

 

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Un llibre per al corredor amateur

En definitiva Corrent cap a l’impossible no és un manual d’entrenament, és una aproximació a aquest apassionant esport a partir dels grans professionals, però sempre pensant en el corredor amateur, que al cap i a la fi som la majoria. Hi ha molts consells sobre entrenament, alimentació, preparació d’una ultra, gestió de la cursa, aspectes mentals, motivació… però presentats d’una manera divertida i fàcil de llegir, amb molts exemples i anècdotes. Els meus tres grans objectius eren entretenir, que el llibre fos útil i que motivés al lector, però sempre tenint els  peus a terra i sent molt honest amb un esport en el qual portem el cos al límit. A la vegada, volia reflexionar sobre com preparar-te per a una ultra ens canvia la vida i ens permet adonar-nos de les autolimitacions que moltes vegades ens imposem nosaltres mateixos.

Crec sincerament que el llibre és una gran lectura per a aquells corredors que comencen a córrer por la muntanya o somien fer una ultra algun cop a la seva vida. A la vegada, amb la història de curses com l’Ultratrail del Mont Blanc, la Transvulcania, la Badwater o la Western States, entre moltes d’altres, espero haver aportat prou informació nova per a entretindre a aquells corredors més experts. Per últim, també m’agradaria sorprendre a aquelles persones que no coneixen el món de les curses de muntanya, un esport on m’he trobat gent interessantíssima, i no només com a esportista, però a la vegada molt humil i amb uns forts valors personals. De fet, és això, la gent, el què fa veritablement diferent un esport que des de fora pot semblar córrer, córrer i córrer, però que és molt més que això. És un viatge interior que ens permet enfrontar-nos a les nostres pors i créixer com a persones. Encara que sigui corrent cap a un impossible.

 

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Las carreras de montaña: ¿impacto medioambiental o demagogia?

La Vanguardia, un periódico que siempre se ha destacado por tratar el trailrunning y las carreras de montaña con mucha seriedad, publicó el lunes 13 de enero un artículo que en cierta medida me sorprendió. Bajo el llamativo titular de “Carreras de montaña: al filo de lo insostenible” analiza la situación de un sector en el que evidentemente hay un boom y, por lo tanto, cierto peligro de desmadrarse y provocar daños medioambientales. Formalmente, el artículo (que podéis leer aquí) está bien realizado, ya que va a buscar muchas y diversas fuentes, pero tiene cierta trampa: parte de la premisa que las carreras perjudican el medio ambiente y trata de reforzar esta tesis, porque si no, sencillamente no habría artículo. Por todo ello, tiene una parte negativa y una positiva. La mala es que una persona que no sabe de qué va esto, leyendo el titular y las opiniones preponderantes en el artículo se va a hacer irremediablemente a la idea que las carreras de montaña son un negocio masificado de gente a la que no le importa hacer daño al medio natural. La buena, que pone el foco y saca a relucir ciertos problemas a los que se va a enfrentar el trailrunning y las carreras de montaña en los próximos años y sobre los que debe haber un debate realista y serio.

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En primer lugar es innegable que estamos llegando a niveles alarmantes de saturación de carreras. En el 2014 se han creado un mínimo de cuatro ultratrails nuevas en Catalunya, que se suman a la amplia oferta ya existente. A ojos de muchos, la situación empieza a ser peligrosa, pero en primer lugar nadie puede prohibir organizar una carrera a un grupo de gente que obtiene todos los permisos. En segundo, la demanda y el número de inscripciones continúa creciendo, con lo que estimula inevitablemente la oferta. En tercero, en caso de saturación real, las carreras mal organizadas o que busquen únicamente el rendimiento económico caerán por su propio peso. Así pues, yo creo que no se puede limitar el número de carreras que se crean, pero sí que tiene que haber una limitación del número de participantes en ellas. O, como mínimo, intentar que el crecimiento sea sostenible. El problema es, ¿quién lo regula? Algunas carreras están bajo el auspicio de la Federación Española (FEDME), otras de las autonómicas, la mayoría dependen de los permisos de cada zona concreta o parque natural, pero no hay una entidad que esté por encima de todas ellas y haga homogéneos los requisitos necesarios para tirarlas adelante.

Una de las carreras que cita el artículo de La Vanguardia es el Gran Trail Aneto-Posets, que este verano metió a 3.000 personas en el parque Natural Aneto-Posets y en el que hubo serios problemas debido al mal tiempo. La carrera había cambiado esta edición de organizadores y creo que hay que estar muy preparado y tener una gran experiencia para dar servicio a este número tan elevado de participantes. Personalmente, prefiero no ir a una carrera de nueva creación que empieza con tanta gente. Es previsible que haya problemas y, en la alta montaña y hablando de ultras, estos se pueden multiplicar y llegar a ser muy serios. De hecho, no hace falta ser organizadores ‘novatos’ para tener problemas derivados de un crecimiento desmedido. La Ultratrail Barcelona ha pasado en apenas tres años de unos 400 participantes a 2.000. En el 2013 decidió crear una carrera más, aumentando su número hasta cuatro (21, 42, 70 y 114 km.), y concentrar hasta a 2.000 participantes en una única salida que encima se vio afectada por la lluvia. El resultado fueron unos serios problemas organizativos en la entrega de dorsales, gente que llegó tarde a la salida, tapones monumentales en los primeros kilómetros… Uno de los problemas principales es que la mayoría de ultras, que suelen tener unos 400-500 corredores, han visto el filón creando carreras más cortas, que atraen a más gente, generan más dinero y en algunos casos no tienen límites de participación. Con ello, se acaba metiendo a 2.000 o 3.000 personas en un mismo espacio natural. En principio esto no es malo, pero requiere una organización suficientemente potente, numerosa y experta para dar servicio a este volumen de gente y prever y controlar los posibles problemas e impacto sobre el medio que puedan generar.

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Personalmente creo que es imprescindible frenar este crecimiento desmedido, aunque luego soy el primero que me cabreo cuando me quedo sin inscripción en algunas carreras porque están limitadas. La icónica y mítica Western States, por ejemplo, tiene el número de participantes reducido a 400 por mucho que sea una de las carreras más importantes del mundo. Las autoridades norteamericanas son muy estrictas al respecto, llegando a modificar, por ejemplo, el recorrido de la Badwater Ultramarathon, que originalmente subía al Monte Whitney. De hecho, este año ha suspendido temporalmente la carrera a pie y las de bicicleta que se hacían por el Death Valley hasta que no haya “un análisis de los riesgos”, según se puede leer en este artículo de Los Angeles Times. A parte de la Badwater, había previstas seis pruebas de resistencia por la zona a lo largo de este año. En otras carreras, como el Ultratrail del Mount Fuji, los organizadores advierten que hay zonas del recorrido en las que no se puede ni tan siquiera entrenar “a riesgo de que nos retiren el permiso” y otras que se abren especialmente para la cprueba. En su momento, la organización tuvo que vencer las fuertes reticencias de las autoridades de la zona y las convenció a base de ser escrupulosamente respetuosa con el entorno. De hecho, en 2011 la Ultratrail Mount Fuji se suspendió por el tsunami de Fukushima y en su lugar se realizaron dos jornadas de limpieza del recorrido, acciones que se siguen haciendo anualmente y que son comunes entre excorredores de muchas carreras norteamericanas.

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Personalmente, lo que me molesta del artículo de La Vanguardia es la acusación velada hacia los organizadores y los corredores de no preocuparse por el medio ambiente. Está claro que puede haber algún caso aislado, pero la mayoría de las personas que se dedican a esto son gente que vive en la zona, que la quiere, que la cuida y que es la principal interesada en que haya el mínimo desgaste e impacto sobre el medio natural. Es ya casi un tema de prestigio personal. En la mayoría de las carreras en las que he participado ya no se dan vasos, se prohibe salir del recorrido y está gravemente penado tirar basura. En algunos casos se dan unos recipientes para los envases de geles y barritas y en otros, como la Ultratrail Collserola, se llegó a obligar a los participantes a rotular todos sus geles y barritas con su dorsal y a castigar con la descalificación a todo aquél que lanzara algo. No hace falta decir que todas estas medidas me parecen muy bien y lo que sí hay que exigir a los organizadores es que después de la carrera realicen una limpieza exhaustiva del recorrido, algo que si no se cumple debería conllevar la suspensión de los permisos para volver a realizarla.

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Ahora bien, puestos a analizar el impacto que tienen las carreras de montaña, ¿porqué no analizamos el de los centenares de cazadores que van campo a través y dejan el monte lleno de cascotes y restos de metralla? ¿Y el paso de determinados vehículos de motor? ¿O el de los centenares o miles de personas que van cada fin de semana a la montaña y tiran todo tipo de basura sin ningún control ni limpieza posterior? ¿Y las prácticas de desforestación que realizan algunas empresas o particulares? ¿Realmente una carrera con 1.000 personas pasando por un recorrido definido y que luego se limpia a conciencia hacen más daño ambientalmente que estas otras prácticas? Nunca me ha gustado el argumento del ‘y tú más’, pero tampoco las discusiones demagógicas que ya parten de una premisa indemostrable. Está claro que el sector del trailrunning y las carreras de montaña necesita una regulación y unos controles estrictos, pero lo más importante es una educación y concienciación constante de sus practicantes, especialmente los noveles. Ahora bien, también me gustaría dejar claro que el 99% de las personas que estamos en este sector amamos la montaña, la respetamos y la cuidamos hasta el punto de recoger a mitad de un entreno deshechos o envoltorios de otros que nos encontramos por el camino. ¿Queremos un debate para proteger la naturaleza y la montaña? Perfecto, pero tratémoslo todo y sin demagogias.

El complicado proceso de inscripción a la Western States

Eran mis dos grandes sueños: el Ultratrail del Mont Blanc y la Western States, las carreras de las que había leído infinidad de historias épicas y que siempre he querido hacer. Una tuve la suerte de acabarla en agosto y la otra sí, mucha gente lo ha adivinado: estoy preinscrito para el sorteo de este sábado. No es la ultra más dura, pero sí la más antigua y prestigiosa de los Estados Unidos. Con un recorrido de 100 millas (unos 170 quilómetros), arranca a las cinco de la mañana en la estación de esquí de Squaw Valley y atraviesa las Rocky Mountains a través de senderos usados por indios y por los buscadores de oro hasta llegar a Auburn. Si lo logras en menos de 24 horas te dan una hebilla de plata y, en menos de 30, una de bronce. Esta es una de las muchas anécdotas de una carrera que empezó como una competición para caballos hasta que a mediados de los 70 a un tipo llamado Gordy Ainsleigh se le murió el animal y decidió hacerla a pie junto a los jinetes.

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La Western States es la carrera por excelencia de los Estados Unidos, el centro de los relatos de libros que me han inspirado muchísimo, como Ultramarathon, de Dean Karnazes, o Comer, correr, vivir, de Scott Jurek. Desde el primer momento tuve claro que quería hacer aquella carrera, pero soy consciente que mis posibilidades son mínimas, apenas un 6% y se trata más de un mecanismo para aumentarlas el año que viene, que para estar realmente este junio del 2014 en la salida. Y es que si participar en la Ultratrail del Mont Blanc ya es complicado, hacerlo en la Western es poco menos que una odisea.

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En primer lugar hay que completar una de las carreras clasificatorias de esta lista, la mayoría de las cuales son lógicamente en suelo estadounidense. Para la edición del 2014 era relativamente fácil de conseguir, ya que por ejemplo acabando la Transvulcania en menos de 12 horas ya podías inscribirte. Para el 2015, sin embargo, ha habido un cambio notable: la Western ha entrado en el Ultratrail World Tour, una organización promovida desde el Ultratrail del Mont Blanc y que claramente apuesta por las carreras esponzorizadas por North Face. Por ello, la única vía de clasificación en suelo español será acabar la Transgrancanaria en menos de 22 horas, mientras que en Francia puedes optar por la UTMB (siendo finisher), la TDS  (sub 22 horas) o la CCC (sub 16).

Una vez has abierto esta puerta, aún te queda lo peor: la lottery. Pese a ser la Western una carrera de fama mundial, las estrictas leyes norteamericanas hacen que el US Forest Service únicamente permita correr cada año exactamente a 369 corredores. Como siempre hay un tanto por ciento de bajas de última hora, los organizadores elevan la cifra a 400. De éstos, 130 dorsales están reservados a personas con una condición especial, como por ejemplo antiguos ganadores, los que finalizan en el top-10 cada año, corredores internacionales de renombre o algunos patrocinadores. Esto deja 270 plazas libres para el resto de ‘mortales’. El problema es que con el boom del trailrunning y la difusión de la carrera, los solicitantes han aumentado exponencialmente. Así, de los 583 que hubo en el año 2000, se pasó a los 1693 del 2010, los 2295 del año pasado y a los 2705 de este año.

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Como puede verse en la imagen, hay además un ‘tickets count’ o ciertas personas que tienen dos o más tickets en el sorteo. Esto se debe a que cada año consecutivo en el que entras en la lottery y no resultas elegido te dan un ticket, con lo cual aumentan tus opciones, pero ni mucho menos te aseguran la participación. Así, mientras una persona que tenga cinco tickets va a tener un 28% de posibilidades, yo voy a tener unas exiguas 6%. Ahora bien, para mi, haber superado este proceso, ya es un sueño, algo que veía muy lejano hace apenas dos años. Un ticket con mi nombre estará en el sorteo que tendrá lugar este sábado en la Placer High School de Auburn y que es un acontecimiento en los Estados Unidos. De hecho, los resultados se retransmiten en directo por internet, está abierto al público e incluso se da la circunstancia de la ‘one last chance’: cuando se acaba el sorteo se elige a uno de los corredores presentes que han completado su inscripción y que no han resultado elegidos. Una pena que me quede tan lejos de casa 🙂